Una encuesta revela que el 25% de los jóvenes toma psicofármacos

La Fundación FAD Juventud entrevista a más de 1.500 chavales entre 15 y 29 años y el 35,4% asegura haber tenido ideas suicidas al menos una vez en el último año

Estudiantes en un instituto público de Valencia.
Estudiantes en un instituto público de Valencia.Mònica Torres

El 24,9% de los jóvenes entre 15 y 29 años han consumido psicofármacos en el último año. Así se desprende del Barómetro Juvenil. Salud y Bienestar 2021, publicado este jueves por las fundaciones FAD Juventud y Mutua Madrileña, para el que han entrevistado a más de 1.500 españoles de esa edad. El 56,4% de ellos asegura haber sufrido problemas psicológicos, psiquiátricos o de salud mental en los últimos 12 meses, y los síntomas más frecuentes fueron sensación de tristeza y desesperanza, poco interés en involucrarse en actividades y problemas de concentración.

“Que casi un cuarto de los jóvenes tome psicofármacos nos tiene que poner en alerta, es la fórmula fácil, prescribirles pastillas porque no se puede atender la sintomatología, no se puede dar un tratamiento adecuado porque los servicios de salud están colapsados”, critica Azucena Retamero, psicóloga del Servicio de Información y Orientación de FAD Juventud (SIOF), una atención telefónica y por WhatsApp anónima que lanzaron para jóvenes a raíz de la pandemia y que en 2021 sumó 5.000 consultas. “No se está dando un seguimiento eficaz ni por parte de los psicólogos de la red pública ni por parte de los psiquiatras, las citas pueden tardar meses si no son casos de extrema gravedad... si no existe vínculo terapéutico no se ataca la raíz del problema”, insiste.

Si se atiende a datos de la población general, un informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de 2019 señaló a España como el país con mayor consumo del mundo de benzodiacepinas, medicamentos que a menudo se recetan para dormir mejor porque disminuyen la excitación neuronal, tienen un efecto ansiolítico y relajante muscular. Las principales consumidoras son mujeres mayores de 65 años (34,1%, frente al 15,4% de hombres).

Aunque, según la tercera edición del informe de FAD (se presentó en 2017, 2019 y 2021), el 56,4% de los jóvenes aseguró haber sufrido algún problema de salud mental en el último año, casi la mitad de ellos (49%) no pidió ayuda profesional y el 20% directamente no se lo contó a nadie. “Con respecto a nuestros datos de 2017, ha caído en 10 puntos el porcentaje de los que acuden a profesionales de la salud. Los más jóvenes son los que menos recursos tienen para desestresarse, los que menos comparten sus problemas, les cuesta más identificarlos, llegan más tarde a leerse, a entenderse”, explica Anna Sanmartín, subdirectora de investigación de FAD y coautora del informe.

Esther, estudiante de enfermería de 18 años, sí dio el paso de acudir a un psicólogo cuando se dio cuenta de que no podía gestionar los nervios por los estudios. Le daban migrañas de forma recurrente. Eso sí, no dijo nada a ninguna persona de su entorno. “Me daba mucha vergüenza, contarlo era como reconocer que tenía una tara. Tenía la sensación de que la gente no lo iba a entender”. Con la terapia empezó a encontrarse mejor y no tomó medicación.

Entre los principales motivos que los jóvenes adujeron para no pedir ayuda profesional se situaron los económicos (para un 37,3%) o subestimar el problema, pensando que lo podían solucionar solos (34%). “Ante las situaciones de estrés, uno de cada diez jóvenes no lo comparte con nadie y evita que los demás conozcan que tiene algún problema, lo que nos debería resultar preocupante como sociedad”, considera Beatriz Martín Padura, directora general de la FAD. De los que sí acudieron a un psicólogo o psiquiatra, el 16,9% fueron diagnosticados con depresión y el 16,4% con trastornos de ansiedad, pánico y fobias.

Por sexo, ellas experimentaron la sensación de estar tristes, decaídas o desesperanzadas, casi 20 puntos porcentuales por encima de ellos (un 66,3% frente a un 47,6%). “¿Por qué las chicas? Tiene que ver con los mandatos y los roles de género. Se sienten más expuestas y más exigidas en diferentes aspectos de la vida, como lo laboral... ellas hacen más introspección”, dice Anna Sanmartín, coautora del estudio.

Baja la percepción de “buena salud”

En el plano físico, la percepción de “buena” o “muy buena” salud que los jóvenes reportan de sí mismos, se ha reducido del 86,7% del barómetro de 2017 al 54%. Al ser preguntados por los problemas de su generación que más les preocupan, mencionaron la precariedad laboral, el paro y los bajos salarios. Uno de los factores que puede haber influido en ese descenso es, según la psicóloga Azucena Retamero, la menor actividad a raíz del confinamiento. “Su vida se paró en seco y no han retomado ese disfrute. Se han vuelto más apáticos y vemos en ellos sintomatología depresiva, mucha negatividad y desesperanza. Es lo que llamamos descontrol emocional pasivo, todo viene del exterior y no sienten que tengan las habilidades para poder controlarlo”.

Las emociones, señala Retamero, son adaptativas: “con la pandemia les dijimos que se quedaran en casa, a ver qué pasaba, les obligamos a desactivarse, a no reunirse en grupos, y que su cerebro cambie al modo ‘esto ya no es peligroso’ es progresivo, no inmediato”. En su opinión, no han recobrado al 100% la sensación de libertad de movimiento y su disfrute sigue ligado al consumo de redes sociales y series en casa. “Les está costando retomar la actividad física, ir caminando a los sitios. Se han vuelto más sedentarios”.

Alejandro, de 19 años y estudiante de estadística, ha cambiado sus dinámicas. Ahora pasa más tiempo en casa y se siente mejor. “A muchos nos ha gustado estar encerrados dos meses y dejar de estar conectados y disponibles las 24 horas, antes te dejabas arrastrar por el grupo sin pararte a pensar si te apetecía el plan. Ahora somos más independientes”, cuenta. Reconoce que la parte negativa es que “quizá” se mueven menos y que algunos se han quedado aislados y no saben cómo volver a hacer un grupo de amigos.

Suben las ideas suicidas

Otro indicador que ha alertado a los autores del informe es el incremento entre los jóvenes que aseguran haber tenido ideas suicidas: el 44,3% de 2021 frente al 40,1% de 2019. De ellos, un 35,4% dicen haber experimentado esos pensamientos al menos una vez, y el 8,9%, continuamente o con mucha frecuencia. “Es algo que vemos a diario. A los jóvenes les cuesta admitirlo, tú como terapeuta vas desatando esos nudos que presentan... muchos ya tenían problemas en casa y con la pandemia se han agravado”, indica Retamero.

José Antonio Luengo, psicólogo clínico y decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, advierte que hay que ser cauto con estos últimos datos. “Que lo hayan pensado alguna vez no quiere decir que estén pensando en quitarse la vida, la gran diferencia es que no han llegado a planificar ni el cómo ni el cuándo”. Por eso, no se les puede considerar enfermos mentales, ya que no presentan un trastorno, aunque sí frustraciones que les pueden llevar a tener en algún momento esa idea.

“La pandemia ha hecho aflorar más el sufrimiento, muchos proyectos e ilusiones se han ido al traste, como empezar la universidad in situ, y no desde casa. Ellos consideran que se están jugando la vida y aunque les digas que pueden dar un paso atrás, que no pasa nada, ellos no lo viven así, son tensiones que se viven de forma dramática en esas edades”. Luengo aporta un dato: el 50% de los trastornos mentales aparecen antes de los 15 años y el 75% antes de los 25, según un estudio llevado a cabo durante 30 años en 28 países europeos.

En 2020, el suicidio fue la segunda causa de fallecimiento entre los jóvenes de 15 a 29 años (300) por detrás de los tumores (330). Hasta ese año nunca se había alcanzado una cifra tan alta en menores de 15 años (14 se quitaron la vida, siete niños y siete niñas). A finales de 2021, comunidades como Aragón, Comunidad Valenciana, Castilla y León, Baleares y Extremadura aprobaron por primera vez protocolos para la prevención del suicidio y las conductas autolíticas en los centros educativos (tanto primaria como secundaria) urgidas por la sensación de “desprotección” y falta de herramientas de los docentes y por los datos oficiales.


Sobre la firma

Ana Torres Menárguez

Redactora de Educación. Anteriormente, pasó por la sección de Tecnología y fue la responsable del espacio web Formación, sobre el ámbito universitario. Es ganadora del Premio de Periodismo Digital del Injuve (dependiente del Ministerio de Derechos Sociales), entre otros galardones. Fue redactora de la Agencia EFE y del periódico regional La Verdad.

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