La lava atraviesa un polígono industrial: “Son todo negocios de gente de aquí que puede que se queden sin nada”

Las autoridades han mantenido a unas 3.500 personas confinadas hasta la mañana del martes por la nube tóxica generada por el contacto de la colada con una cementera

Una cementera en Tacande es arrasada por la lava del volcán en La Palma.ARTURO RODRÍGUEZ

Abián Acosta apenas tuvo tiempo de llevarse un montacargas de la nave que la empaquetadora de aguacates Agro Rincón acababa de estrenar en el pequeño polígono industrial de El Callejón de la Gata, en Los Llanos de Aridane, una población de unos 20.170 habitantes. Fue el pasado sábado, horas antes de que la parte norte del cono del volcán de La Palma cediera a la presión de la lava y comenzara a verter millones de metros cúbicos de colada a más de 1.200 grados de temperatura. Avanzaba a gran velocidad por la ladera. “No había manera de que la Guardia Civil me dejara entrar”, explica el encargado. “Nos habíamos gastado 80.000 euros hace nada en la nave, no sé cómo estará el almacén ahora. Pero hace dos días la lava estaba a las puertas”.

El paso del volcán por este pequeño centro industrial de Los Llanos de Aridane ha alcanzado una cementera, provocando un incendio que ha causado una llamativa columna de gases “que inicialmente se estimaron como posiblemente tóxicos”, según ha explicado el portavoz del comité director del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), Miguel Ángel Morcuende. Durante la mañana del martes, la cementera Ceisa ha negado que su planta haya sido la causante de los gases.

La columna de humo que ha generado el incendio de la cementera, en ocasiones de un blanco radiante y en otros de un inquietante gris oscuro, ha vuelto a provocar las miradas de cientos de curiosos que casi se habían acostumbrado a la terrible, pero impactante, estampa que ofrece el volcán de Cabeza de Vaca. Ante este nuevo evento, el comité de crisis decretó durante la mañana del lunes el confinamiento de varias localidades de El Paso y Los Llanos, en las que residen aproximadamente 3.500 personas. La medida se ha mantenido hasta la mañana del martes, cuando finalizó la emisión de gases y la medición del grado de riesgo de la nube y la calidad del aire. “Sí, estoy confinado, pero la compra la tengo que hacer”, aseguraba en la tarde del lunes Francisco Rodríguez, vecino de Tajuya, a la entrada de la cadena de supermercados Spar.

Como él, muchos vecinos parecían hacer caso omiso de las indicaciones de las autoridades. Y eso, a pesar de que desde la mañana del lunes, vehículos todoterreno de la Guardia Civil circulan por las localidades confinadas advirtiendo a través de megafonía de la necesidad de quedarse en casa, cerrar puertas, ventanas y toda entrada de aire procedente del exterior.

El coche, advierte además el Pevolca, “no es lugar seguro”. Da igual. El tráfico es incesante por la LP 2, una de las principales arterias de La Palma. Y los curiosos tampoco se dejan amedrentar. “Bueno, si la Guardia Civil me echa me voy, pero mientras tanto, saco fotos”, explica sonriente Sara, fotógrafa aficionada procedente de Tenerife que dispara su cámara sin cesar en el mirador de Tajuya.

Pequeño centro industrial

El Callejón de la Gata albergaba una decena de pequeñas empresas. Además de Agro Rincón, distribuidor exclusivo de aguacates para Mercadona, estaban entre otras la cementera donde se ha producido el incendio; una empresa de muebles (“su dueño es familiar de mi mujer y ha quedado totalmente arrasada”, explica Abián Acosta); la sede de una flota de camiones, y el punto limpio de la localidad, que también corre peligro. “Son todo negocios de gente de aquí que puede que se queden sin nada”.

Este enclave empresarial ha sido la última víctima de la fiereza del volcán, que hasta ahora se había cebado con viviendas y fincas de plataneras y viñedos, fundamentalmente. El colapso del cono en la madrugada del sábado reactivó una destrucción que había entrado en punto muerto, en una suerte de “estabilidad”, según la definición del Pevolca.

Así, la superficie afectada en la isla ha alcanzado este lunes las 591,1 hectáreas, 65,33 más que el domingo, uno de los mayores incrementos diarios desde que comenzó la erupción el pasado 19 de septiembre. Según los datos del catastro, ya han caído a su paso 753 edificaciones. De ellas, la mayor parte son casas (620). Otras 70 son cuartos de apero y 29 tenían uso industrial, y el resto de otro tipo. Además, 150 hectáreas de cultivos se han visto afectadas: 74,82 de plataneras, 45,16 de viñedos y 8,78 de aguacateros.

Muchas de estas empresas cuentan con seguros. Y las administraciones ya están acelerando pagos. A 7 de octubre, el Consorcio de Compensación de Seguros, dependiente del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, había abonado 3,7 millones a distintos asegurados afectados por la erupción. Este dinero, sin embargo, no tranquiliza a Abián Acosta. Ni probablemente a sus antiguos vecinos en el Callejón de La Gata. “Estábamos asegurados, sí. ¿Y qué? ¿A dónde vamos ahora?”.


Sobre la firma

Guillermo Vega

Jefe de sección de Tecnología y corresponsal en Canarias. Escribe sobre el impacto de la tecnología y sobre lo que pasa en las islas. Trabajó en la Cadena Ser, Cinco Días y fue jefe de EL PAÍS Retina. Licenciado en Ciencias de la Información, diplomado en Traducción e Interpretación y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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