La crisis del coronavirus

La excepción española: la vacunación sigue viento en popa mientras en Europa pierde fuelle

Un sistema de atención primaria muy proactivo y lo marginal del movimiento antivacunas contribuyen a que España se mantenga a la cabeza en el ritmo de inmunización entre los grandes países europeos, algunos de los cuales ya ven cómo los pinchazos se ralentizan

Una mujer, en un centro de vacunación en Nantes el 3 de junio.
Una mujer, en un centro de vacunación en Nantes el 3 de junio.STEPHANE MAHE / Reuters

El ritmo de vacunación en la Unión Europea empieza a flojear. Italia y Francia se han estancado en las últimas semanas en el número de dosis que ponen por cada 100.000 habitantes, mientras que en otros países, como Alemania y Polonia, la velocidad a la que se administran los pinchazos se ha reducido claramente desde mediados de junio. La curva, ascendente hasta entonces, llegó a su pico hace un mes y desde entonces no deja de descender, para preocupación de sus autoridades sanitarias. Entre los grandes países europeos, España es la excepción. Pone más vacunas en función de su población que el resto y la caída en el ritmo que se observa en los últimos días es menos pronunciada.

Ante la evidencia de que la vacunación empieza a tocar techo en buena parte de Europa, los países estudian de qué manera pueden convencer a los que dudan. La Unión Europea se había puesto como objetivo tener vacunada con pauta completa al 70% de la población adulta a finales del verano. Pero no esperaba este verano. En un momento de ascenso de la curva epidémica y con la amenaza del auge de la variante delta, más contagiosa, hay todavía margen de mejora, mucha población susceptible de vacunar, y algunos expertos sostienen que la inmunidad de grupo no se alcanzará con el 70% sino con el 80% o hasta el 90% de la población inmunizada. Los especialistas consultados señalan que, a diferencia de otras partes de Europa, el apoyo a las vacunas en España es muy elevado y su sistema sanitario es más proactivo para favorecer la vacunación.

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El Gobierno francés ya ha tomado decisiones: obligará a vacunarse a personal sanitario y de residencias, y le pondrá muy difícil la vida social en interiores y la movilidad a los que no estén inmunizados, porque les exigirá un certificado covid para entrar en bares y restaurantes y viajar en tren y avión. En octubre, además, las PCR dejarán de ser gratuitas. Alemania, que a mediados de junio ponía de media 950.000 dosis diarias y ahora no llega a las 600.000, también estudia medidas de persuasión para alentar a la población, aunque por ahora las autoridades han descartado la obligatoriedad para el personal sociosanitario. El Ejecutivo griego ha dado a los trabajadores de las residencias hasta el 16 de agosto para vacunarse y a los sanitarios hasta el 1 de septiembre. Podrían perder su empleo si no lo hacen.

El comisario europeo de Mercado Interior, Thierry Breton, destacaba el sábado pasado en su cuenta de Twitter que Europa ha superado a Estados Unidos en primeras dosis, mientras exporta más de la mitad de las vacunas que produce en su territorio (EE UU no exporta nada), y apuntaba al nuevo desafío: “Superar las dudas sobre la vacuna en Europa”.

El oasis español en el ritmo de vacunación se explica, según Amós García, presidente de la Asociación Española de Vacunología, por la elevada aceptación que hay en el país a las vacunas: “España es un país muy vacunador. Las tasas de cobertura de primovacunación superan el 95%. Tenemos profesionales sanitarios muy concienciados y que han interiorizado las bonanzas de las vacunas”. En Francia, por ejemplo, la cobertura vacunal contra el sarampión es ligeramente más baja que la de España, del 90%, según la OCDE, y en Italia, aunque es del 93%, se produjeron en 2019 importantes brotes por el auge de los movimientos antivacunas, también muy presentes en el suelo francés.

También con la vacunación de la gripe, la cobertura en España fue del 65,5% en 2020 entre los mayores de 65 años, mientras que en Italia fue del 54% y en Alemania, de algo menos del 39%. “Todos los movimientos antivacunas en Europa y Estados Unidos empezaron a estar en boga a finales de los años sesenta, pero en España encontraron un terreno poco propicio porque acabábamos de salir de una epidemia de polio gracias a una vacuna. En algunos países europeos, hay muchos sanitarios antivacunas. En España, los que hay son pocos y tienen poco peso”, resuelve Alberto Infante, profesor emérito de Salud Internacional de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III.

“En España los antivacunas son anecdóticos”, coincide García, y agrega que la accesibilidad a las inyecciones, gratuitas y recogidas dentro del calendario de vacunación infantil, ha favorecido un clima de aceptación de estos medicamentos. También la presencia de una atención primaria sólida, cercana, ramificada por todo el territorio y con la mayoría de sus sanitarios favorables a la vacunación. “También tenemos un sistema nacional de salud muy potente que engloba a toda la ciudadanía. Ese poderío de lo público es clave y, además, es un sistema muy proactivo”, añade el vacunólogo.

En países como Alemania, donde no hay un sistema de atención primaria público ni historia clínica digital, el que debe ser proactivo es el paciente. Los médicos no son funcionarios: trabajan por su cuenta, en sus consultas privadas, no en centros de salud o ambulatorios. El sistema está muy atomizado. Durante la campaña de vacunación los sistemas de salud regionales no han ido llamando a la población por franjas de edad, como en España. Quien se ha inmunizado ha tenido que buscar una cita en centros de vacunación o en las consultas privadas de los médicos, y eso fue muy complicado, también para los mayores de 60, durante los primeros meses de la campaña. Ahora ya es fácil. Hay citas de sobra.

Hajo Zeeb, epidemiólogo del Instituto Leibniz de Investigación Preventiva y Epidemiología, afirma: “En Alemania el factor limitante de las dosis disponibles ya no existe, pero el ritmo está disminuyendo lentamente. Parece que incluso hubo un pico justo antes de la temporada de vacaciones, cuando mucha gente quiso vacunarse temprano”. El ritmo sigue siendo alto, asegura, pero a partir de ahora va a ser complicado mantenerlo porque “se ha alcanzado un efecto techo”. El experto cree que podrían adelantarse las segundas dosis para proteger lo antes posible a los que así lo desean. En Alemania estas se ponen bastante más tarde que en España. Con Moderna, por ejemplo, a los 42 días, cuando en España son 28.

El Gobierno español ha lanzado campañas para fomentar la vacunación y las comunidades han combinado el llamamiento individual a la vacunación (a través de un sms o una llamada directa a la persona) con la apertura de autocitas. Las autonomías, además, ha puesto en marcha acciones de repesca para captar a ciudadanos con edades de riesgo que se quedaron rezagados en el proceso vacunal. Cataluña, por ejemplo, ha desplegado autobuses de vacunación y camiones cedidos por Seat como puntos móviles donde pincharse para facilitar el acceso a los fármacos. En Alemania, los políticos llaman a la vacunación, y hay carteles por las calles que animan a los ciudadanos a pedir cita, pero son llamadas genéricas.

Varias personas esperan para vacunarse en Berlín, el 16 de julio.
Varias personas esperan para vacunarse en Berlín, el 16 de julio. STEFANIE LOOS / AFP

Con la vista puesta en el crecimiento de la variante delta, que es hasta un 60% más contagiosa, según el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), los expertos recuerdan la necesidad de atajar la transmisión con celeridad. “Habría que alcanzar la inmunidad de grupo cuanto antes, pero con la variante delta, el porcentaje del 70% de la población vacunada para alcanzarlo se queda corto. Vamos a necesitar una cobertura del 80%”, avisa Joan Caylà, miembro de la Sociedad Española de Epidemiología.

Los expertos consultados coinciden en que en España no hace falta llegar a esos extremos y, mucho menos, obligar a vacunarse. De hecho, explica García, “tomar medidas tan drásticas en España es absurdo y serviría para rearmar a los movimientos contrarios a la vacuna”. Las dudas de la población, asegura el vacunólogo, se disipan rápido, “cuando la gente comprueba que las teorías negativas sobre las vacunas son falsas”. En octubre de 2020, antes de que llegasen al mercado los primeros preparados, los españoles estaban muy divididos: según el CIS, casi el 44% de la población rechazaba vacunarse de inmediato contra el coronavirus, mientras que el 40% estaría dispuesto a pincharse en cuanto hubiese un fármaco. En enero, las encuestas dieron un vuelco y el número de españoles dispuestos a vacunarse inmediatamente de la covid se disparó al 72%.

En lo que va de campaña vacunal, España ha logrado una cobertura casi total de las personas mayores de 70 años. En los sexagenarios y el grupo de 50 a 59 años, inmersos ahora en completar la pauta vacunal, ya se ha logrado una cobertura por encima del 95% y el 90% respectivamente. Como todavía hay margen de mejora, Sanidad ha anunciado una campaña para fomentar la vacunación y las conductas sociales responsables con la colaboración de los deportistas olímpicos.

Infante teme que baje “un poco” la cobertura vacunal entre los menores de 40 años, “aunque los síntomas que hay, por ahora, son positivos porque hay colas en los puntos de vacunación”, admite. Caylà, por su parte, confía en que las coberturas seguirán siendo buenas y no faltarán personas que quieran vacunarse: “El único problema que tenemos aquí es que aún recibimos pocas vacunas”.

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