La crisis del coronavirus

Un laboratorio poscovid llamado Gibraltar

Tras vacunar a más del 70%, el Peñón es uno de los primeros territorios del mundo en relajar medidas, como la obligación de llevar mascarillas en exteriores

Enlace matrimonial entre Krisanne Lia y Fabian Mauro, el viernes en el Peñón, donde ya no es obligatorio la mascarilla al aire libre.
Enlace matrimonial entre Krisanne Lia y Fabian Mauro, el viernes en el Peñón, donde ya no es obligatorio la mascarilla al aire libre.PACO PUENTES / EL PAÍS

Krisanne Lia y Fabian Mauro llevaban esperando para casarse desde enero, justo cuando el coronavirus enseñaba su cara más descarnada y luctuosa a Gibraltar. Dos meses y 4.273 contagios después—solo el 8 de enero llegó a haber 1.317 casos activos—, los flamantes novios posan en el parque Commonwealth para una foto con familiares y amigos sin mascarillas ni distancia de seguridad. Los 16 retratados ya están vacunados, como el 72% de una población de más de 33.700 habitantes. Lia y Mauro se han dado el “sí quiero” el mismo día que la ciudad se convierte en uno los primeros territorios del mundo en desescalar medidas tras alcanzar la llamada inmunidad de rebaño, con la esperanza y la incertidumbre de ser una suerte de laboratorio de cómo será esa desconocida normalidad poscovid.

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Este viernes —justo cuando la pareja se casó—, el Peñón inició ese camino con la eliminación del toque de queda y la ampliación de horarios de la hostelería, alcohol incluido, hasta las dos de la madrugada. Desde este domingo, las mascarillas serán obligatorias solo en interiores, tras eliminar su uso primero de las calles menos concurridas —el pasado 1 de marzo— y ahora, de las calles céntricas. “Es un alivio, aunque da un poco de miedo. Lo veo bien si las personas tienen cuidado”, reconocía Lia con cautela. Como la joven de 31 años, los gibraltareños se debaten entre la alegría y el respeto por una vuelta a la normalidad marcada por la cercanía fronteriza con un territorio extranjero, España, donde la vacuna apenas alcanza al 5,3% de la población.

Juan Jesús Arenas, español trabajador en Gibraltar, se quita la mascarilla en una de las zonas donde ya no es obligatorio llevarlas.
Juan Jesús Arenas, español trabajador en Gibraltar, se quita la mascarilla en una de las zonas donde ya no es obligatorio llevarlas.PACO PUENTES / EL PAÍS

Ese porcentaje de pauta completada —dos dosis— se antoja lejano frente al 72% de población totalmente inmunizada en Gibraltar, sobre una población total de 33.700 habitantes. Cuando el Peñón comenzó la campaña en enero con el suero de Pfizer tenía ante sí el reto de vacunar a una población adulta estimada de unas 27.200 personas, según las últimas estadísticas. A fecha de este pasado sábado, 24.331 llanitos ya estaban totalmente protegidos con los dos pinchazos y 2.506 habían recibido una dosis, a espera de la segunda. Ahora, en Gibraltar centran sus esfuerzos en inmunizar a los 14.669 trabajadores que viven al otro lado del puesto aduanero, 9.484 de ellos españoles. De esos empleados, 2.371 ya tienen la pauta completa y 1.736 han recibido el primer pinchazo.

Juan Jesús Arenas, un autónomo dedicado a la construcción en el Peñón, es uno de esos trabajadores limítrofes a la espera: “Yo ya apliqué la solicitud. Creo que será la semana que viene. Si estamos esperando a España…”. Cuando Arenas reciba los dos pinchazos, él pasará a ser uno de los residentes de La Línea de la Concepción inmunizados, mientras su mujer sigue esperando “pese a ser paciente de riesgo”. Con una cuarta ola llamando a la puerta de España, el desacompasado ritmo de inmunización se hace palpable en el puesto aduanero. Muchos de los transeúntes que atraviesan la Verja, se despojan de la mascarilla nada más pisar suelo gibraltareño. “Aquí ya te la puedes quitar”, advierte el taxista llanito Mustafá Aouhar. “Volvemos a la normalidad poco a poco. Espero que no pase nada, la vida sigue”, añade.

Ambiente en una calle de Gibraltar donde ya no es obligatorio el uso de mascarillas.
Ambiente en una calle de Gibraltar donde ya no es obligatorio el uso de mascarillas.PACO PUENTES / EL PAÍS

La inmunóloga del CSIC Matilde Cañelles comprende la paradoja que se vive entre Gibraltar y el territorio circunvecino: “Es un efecto de la diferencia de vacunación. En Europa estamos enrocados y ellos no tienen por qué esperarnos”. Aunque también advierte del riesgo que la relajación de medidas puede suponer para los españoles que vayan al Peñón, ya que aunque la mayoría de gibraltareños estén vacunados, aún existen 11 casos activos por coronavirus. La Junta de Andalucía incluso ha pedido que se exijan pruebas PCR en la Verja. El Gobierno del Peñón no entra al trapo de la propuesta, pero recuerda que la variante británica solo ha sido detectada en la mitad de los casos analizados entre diciembre de 2020 y febrero de 2021 y que los vuelos que operan con el Reino Unido siguen manteniendo un control “muy estricto”, con obligación de prueba PCR, limitados a residentes en Gibraltar o en España y prohibidos a los turistas. Además, defiende su estrategia como una apertura supeditada “a la evolución” de la pandemia y la posible incidencia de nuevas variantes.

Un grupo de jóvenes en una calle de Gibraltar, este viernes.
Un grupo de jóvenes en una calle de Gibraltar, este viernes. PACO PUENTES / EL PAÍS

Más allá de las suspicacias a ambos lados de la Verja, las dos velocidades de vacunación y desescalada en territorios tan interconectados tienen valor “excepcional” de estudio, según asegura el Gobierno llanito. La GHA (Autoridad Sanitaria de Gibraltar) y PHG (Salud Pública de Gibraltar) ya lo están analizándolo, mientras siguen los casos de contagios tras la vacunación —hay cinco en estudio—. A fin de cuentas, la nueva normalidad poscovid está en juego. Y no solo en el Peñón. “Ellos hacen el experimento, ya veremos cómo les va. Según lo que pase, nosotros obtendremos información”, apunta Cañelles esperanzada.

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