“Es clave que los ancianos recuperen las actividades rutinarias”

Marco Inzitari, geriatra y miembro del equipo multidisciplinar de la covid-19 del Ministerio de Ciencia, celebra que los mayores sean los primeros en vacunarse e insta a aumentar los recursos en atención geriátrica

Marco Inzitari, presidente de la Sociedad Catalana de Geriatría.
Marco Inzitari, presidente de la Sociedad Catalana de Geriatría.

El día de ayer fue un baño de “esperanza” a ojos de Marco Inzitari (Florencia, Italia, 44 años), presidente de la Sociedad Catalana de Geriatría de la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares. Esperanza “para las personas que más han sufrido la pandemia: los mayores y sus cuidadores”, insiste. Ya tocaba un rayo luz. El médico, director del Parc Sanitari Pere Virgili de Barcelona y miembro del grupo multidisciplinar de covid-19 del Ministerio de Ciencia e Innovación, asegura que la pandemia ha cristalizado la necesidad de mejorar los recursos y los planes de atención geriátrica.

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Pregunta. ¿Por qué es importante empezar la vacunación por los ancianos?

Respuesta. Porque son las personas que tienen un riesgo más alto, en mortalidad y en consecuencias físicas. Si reducimos el riesgo en estas personas, también reduciremos la carga en los servicios sanitarios, que son los otros grandes perjudicados.

P. ¿Qué impacto tendrá la vacunación sobre las residencias?

R. El principal es en la salud de las personas, pero también en la posibilidad de rebajar las medidas restrictivas si se consigue vacunar a una parte importante de residentes y trabajadores. Esto permitiría recuperar actividades rutinarias, movilidad, estimulación física, salir de la residencia, andar, hacer en grupo actividades sociales y cognitivas y recuperar el contacto en el exterior. Esto es clave y es éticamente imprescindible que se recupere cuanto antes para dignificar la vida de estas personas.

P. El presidente del Comité de Bioética de España, Federico de Montalvo, dice que tenemos una deuda con nuestros mayores. ¿Les hemos fallado?

R. En parte, quizás sí. Seguramente el sistema reaccionó, sobre todo en la primera ola, muy centrado en el hospital y este, que era un foco muy probable de extenderse y tener problemas, quizás quedó un poco en segundo plano. Al decir que les hemos fallado, no tenemos que pensar solo en lo que se ha hecho durante la pandemia, sino también en la consideración que se tenía de los mayores antes: la precariedad laboral y la infrafinanciación de las residencias son problemas estructurales que se vienen arrastrando desde hace muchos años. Por el riesgo que tienen y la deuda que tenemos con ellos, es muy correcto empezar por los ancianos.

P. Hay ancianos que han rechazado vacunarse. ¿Qué les diría?

R. Los primeros estudios que han mirado reacciones adversas y seguridad de la vacuna en esas franjas de edad han demostrado muy alta seguridad y poquísimas complicaciones. Es una vacuna que parece ser muy segura en población mayor y, después de todo lo que se ha vivido, ellos mismos tendrían que percibir la necesidad de retomar una vida lo más normal posible. Puedo entender que haya miedo al principio, pero ya se ha visto que es segura. Yo no tendría dudas de vacunarme y vacunar a mis padres y abuelos.

P. El ministro de Sanidad, Salvador Illa ha pedido prudencia y amenaza una tercera ola. ¿Teme que se baje la guardia?

R. Es uno de los riesgos. Hay una fatiga pandémica, un cansancio que hace que se puedan relajar las medidas. Pero tenemos que mantener la guardia alta porque en buena parte del 2021 habrá que seguir con las medidas porque puede haber contagios aún y consecuencias importantes. Tendríamos que vivir este periodo como un último esfuerzo en mantener y extremar las medidas: podemos ver la vacuna como el final del túnel, que esta nos incite a hacer el último esfuerzo en los meses que vienen.

P. El Hospital del Mar de Barcelona ha publicado un estudio donde constataba que las personas con demencia habían sufrido un deterioro cognitivo tras el confinamiento. ¿Estos efectos colaterales de la pandemia se pueden revertir?

R. Esperemos que sí, pero es complicado decirlo ahora. Depende del nivel de demencia: las personas con demencia menos avanzada será más fácil volver atrás. Este impacto saldrá y hay que hacer planes para recuperarlo. Seguro que una parte se podrá recuperar si las personas pueden volver a estar acompañadas y estimuladas y retomen los buenos hábitos de un envejecimiento saludable.

P. Ahora que se ha empezado a vacunar, ¿qué queda por hacer por los mayores?

R. Hay que hacer planes proactivos para volver a estimularlos, incluso más de lo que se hacía antes. La pandemia ha puesto de relieve la necesidad de fortalecer el envejecimiento saludable, la urgencia de invertir en ello y en la atención a mayores, y que lo que no se pueda hacer de forma presencial, se puede hacer de forma virtual, a pesar de la brecha digital.

P. ¿Cambiará el abordaje geriátrico tras la pandemia?

R. Espero que todo lo que ha pasado con los mayores nos haga entender que somos una sociedad que está envejeciendo muy rápidamente y esto es un pilar básico del estado del bienestar. Se tienen que hacer mejoras en los planes de atención geriátrica, desde la prevención hasta los cuidados. Ya no hay excusa para mirar a otro lado.


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Jessica Mouzo

Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.

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