La crisis del coronavirus

La mortalidad crece por la alta incidencia del virus entre los mayores de 80 años

Sanidad ha sumado de media 232 nuevas muertes diarias a la estadística esta semana, a niveles de principios de mayo. Los casos entre la población mayor llevan semanas subiendo

Un paciente llega a las urgencias respiratorias en la zona habilitada para covid-19 en el Hospital Río Hortega de Valladolid.
Un paciente llega a las urgencias respiratorias en la zona habilitada para covid-19 en el Hospital Río Hortega de Valladolid.Nacho Gallego / EFE

Acaba la semana con mayor mortalidad de la segunda ola de la epidemia de covid y los datos no auguran mejoría pronto. Aunque la incidencia se ha reducido ligeramente en los últimos días, lo previsible es que aún tarde en traducirse en una bajada de fallecimientos, si es que continúa la tendencia positiva. Las muertes que refleja ahora la estadística son las de personas que se infectaron hace, al menos, entre dos y tres semanas. Desde entonces, el virus se está propagando con fuerza entre los mayores de 80 años, los más vulnerables a la covid-19.

Este grupo de edad ya es el segundo en incidencia (296,5 casos por 100.000 habitantes en 14 días, según los últimos datos por consolidar del Instituto de Salud Carlos III), solo por detrás del de los que están entre 15 y 29 años (316,6). Es una tendencia que se ha agudizado en las últimas semanas y que, junto al crecimiento de casos en general, en toda la población, explican por qué están subiendo las muertes en España. Sanidad ha notificado esta semana una media de 232 fallecimientos nuevos al día, a niveles de principios de mayo.

Lo que está sucediendo, según explica José Augusto García Navarro, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, es que al inicio de la segunda ola, cuando los casos incipientes eran mayoritariamente en jóvenes, los mayores estaban más protegidos. Pero conforme ha aumentado la transmisión comunitaria es muy difícil frenarlo y acaba entrando en entornos donde viven los ancianos, incluidas residencias que son, en sus palabras, “el caldo de cultivo perfecto para la propagación del virus”.

Según los datos del propio Ministerio de Sanidad, esta semana se produjeron 137 brotes en residencias, un 9% del total, cuando quienes viven en ellas suponen a penas un 0,8% de la población. Esto quiere decir que hay una afectación 10 veces superior. Conviene matizar que estos centros están más vigilados y que para que se considere brote basta un caso en una residencia, mientras que son necesarios tres fuera de un mismo domicilio en otros ámbitos. Pero si se mira el tamaño de los brotes, el número de casos medio es de siete, mientras en las residencias asciende al doble. “Una vez que el virus entra, ya sea a través de una visita o de un trabajador, se propaga muy rápidamente, especialmente en aquellas en las que no hubo afección en la primera ola y no hay generados anticuerpos que sirvan de protección para esta segunda”, explica García Navarro.

La edad es con diferencia el mayor factor de riesgo de muerte por coronavirus que, aun así, está lejos de ser una sentencia, incluso para los más mayores. Nueve de cada 10 infectados mayor de 80 años en la segunda ola se ha recuperado; o, lo que es lo mismo, la letalidad se sitúa en el 9,4%, un nivel en el que lleva estable varias semanas una vez que comenzase a asacender desde julio por el efecto de retraso que las muertes tienen con respecto a los contagios.

El porcentaje se reduce drásticamente entre los de 70 a 79 (2,8% de letalidad, más de tres veces menos, y suponen un 18,5% de los fallecidos) y lo sigue haciendo a medida que baja la edad: en los que están en la sesentena la letalidad es del 0,8% y representan un 3,7% de los difuntos. En los de menos de 60 el virus mata a menos del 0,2% de los infectados y entre todos suman poco más de un 10% de las muertes.

El grueso de la mortalidad se concentra en este grupo de los muy mayores. En la segunda ola, el 67,5% de los fallecidos tenían más de 80 años. Esto es más incluso que en la primera, cuando esta franja representaba el 62,3%. Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, ha explicado en las últimas ruedas de prensa que la edad mediana de los fallecidos ha crecido de los 83 años de la primera ola a los 86 de la segunda.

La posible explicación de que crezca la mortalidad (en términos relativos) entre los más mayores puede deberse realmente a que baja entre los más jóvenes. Es la hipótesis de Joan Ramón Villalbí, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas): “Ahora hay mejores tratamientos hospitalarios y en las UCI, la gente que ingresa ahí tiene más probabilidad de sobrevivir que en la primera ola. Por eso, en términos relativos, puede estar teniendo más peso aún la mortalidad entre los más frágiles, los que ni siquiera pasan por el hospital cuando su condición se agrava porque ya se puede hacer poco por ellos”.

En cualquier caso, la diferencia no es grande. El epidemiólogo Javier del Águila señala que lo que demuestran estos datos es que la letalidad del virus ya está muy consolidada y que viene repitiendo un patrón similar al de la primera ola. “Los esfuerzos de contenerlo cuando aún no está en transmisión comunitaria deben ir enfocados a evitar que alcance a los mayores”, apunta.

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