La Junta de Andalucía ignoró durante años informes para prevenir brotes del virus del Nilo

Científicos del CSIC plantearon hace casi una década controlar la población de mosquitos

Un operario fumiga esta semana para matar mosquitos en jardines de Los Palacios (Sevilla). En vídeo, fumigan zonas húmedas de Sevilla para combatir el virus del Nilo.

La Junta de Andalucía ignoró los informes técnicos elaborados por la Estación Biológica de Doñana, dependiente del CSIC, para frenar la aparición de brotes del virus del Nilo Occidental, el último de los cuales ha provocado en Sevilla dos muertes y 42 hospitalizados por meningoencefalitis, ocho de ellos en la UCI. Los informes instaban al Ejecutivo autónomo a implantar un programa de control de mosquitos —cuya picadura produce el contagio del patógeno— mediante fumigaciones para matar las larvas del insecto y la modificación de estructuras como imbornales, en cuya agua estancada suelen criar.

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Los estudios cayeron en saco roto y ni la Junta, ni la Diputación de Sevilla, ni los Ayuntamientos de los principales municipios ribereños del Guadalquivir afectados han realizado fumigaciones preventivas que minimizaran el brote más grave de virus del Nilo registrado en España hasta ahora.

La Junta (entonces socialista, hoy en manos del PP y Ciudadanos) reclamó en 2011 y 2014 dos informes a los científicos dependientes del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) tras la alarma social que generaron varios brotes: uno en 2010, con dos personas contagiadas en Cádiz, y otro en 2013, cuando se contagiaron decenas de caballos. Años después, en 2016 se repitió otro brote en Coria del Río (Sevilla) con tres personas contagiadas y sin fallecidos. A pesar de la cascada de brotes, el Gobierno andaluz evitó reaccionar.

Mosquito de la variedad Culex pipiens, transmisor del virus del Nilo Occidental.
Mosquito de la variedad Culex pipiens, transmisor del virus del Nilo Occidental. Europa Press

Los científicos, que estudian el virus del Nilo desde 2003, presentaron a las consejerías andaluzas de Gobernación, Salud, Medio Ambiente y Agricultura dos borradores de convenios con planes de vigilancia, diagnóstico y control poblacional de mosquitos, con entre 365.000 y 500.000 euros de presupuesto anual, pero ninguno de los cuatro departamentos movió ficha. “Se contestó a la Estación Biológica de Doñana, pero aún no sabemos en qué sentido”, responde la jefa de gabinete de la Consejería andaluza de Agricultura, Pesca y Desarrollo Sostenible, Mónica España. La consejería (que aglutina las competencias de agricultura y medio ambiente) rehúsa aclarar si dará un giro de timón y a partir de ahora realizará fumigaciones preventivas y pondrá en marcha un plan que ataje nuevos brotes, bajo el argumento de que por ahora se limita a “autorizar planes de fumigación” que ejecutan los Ayuntamientos por su cercanía al espacio protegido de Doñana, según precisa España.

En paralelo, la Consejería de Salud arguye que las fumigaciones son competencia de los Ayuntamientos y estos reclaman al Ejecutivo autonómico que pague y coordine estos trabajos, dado que carece de técnicos especializados. “La Junta debe tirar del carro”, reclamaron este miércoles Modesto González y Manuel Bejarano, alcaldes de Coria y La Puebla del Río, los principales pueblos afectados por el brote.

Esta semana el brote se ha extendido y ya afecta a 12 municipios, incluida la capital andaluza, con personas y caballos contagiados. Una mujer de 85 años y un hombre de 77 fallecieron tras sufrir picaduras del mosquito y este jueves seis personas permanecían en la UCI. En paralelo a las personas contagiadas —unas 4.000 calculan los expertos, dado que solo el 1% de los portadores del virus requiere hospitalización— este verano el patógeno se ha extendido por las cuadras hasta contagiar a 32 caballos entre Sevilla y Huelva. Además del coste sanitario, la economía local de estos pueblos se ha resentido tras pedir las autoridades a los vecinos que permanecieran en casa, y las donaciones de sangre se han paralizado.

Los expertos apuntan a las lluvias primaverales y el agua estancada en explotaciones agrarias cercanas a las marismas —en ocasiones descuidadas por el confinamiento— como razones para provocar un aumento del 30% en la población habitual de mosquitos en la zona del brote. “Si no tratas con larvicidas en primavera, no te queda más remedio que usar productos más tóxicos para los mosquitos adultos, siempre que no afecten a humanos, mascotas ni la red de agua”, ilustra Jordi Figuerola, investigador de la Estación Biológica de Doñana especializado en ecología de campo y la dinámica de transmisión de enfermedades infecciosas a través de mosquitos. Los insectos esta primavera se han reproducido como nunca en los alrededores de Coria y La Puebla del Río, ambos pueblos cercanos a la capital andaluza, en un radio de 10 kilómetros, según los expertos.

Soluciones futuras

Figuerola y otros 10 investigadores del Instituto de Salud Carlos III y la Universidad de Utrecht, entre otros centros, recogieron 26.666 mosquitos de la variedad Culex para estudiar su transmisión del virus del Nilo en Andalucía. En un artículo pendiente de publicación en la revista Transboundary and emerging diseases, sugieren como solución para frenar brotes la reducción de las poblaciones de mosquitos y la introducción de otros animales mamíferos —como ciervos o conejos— en los alrededores de los núcleos de población.

¿Por qué han aumentado las zonas de cría este año? “Por descuidos, desde actividades agrícolas a zonas de riego con mucho arrozal, jardines de las casas, macetas, pequeños y grandes depósitos. Es posible que el confinamiento haya producido un abandono temporal. Hay que monitorizar a los mosquitos para que esto no pase”, destaca Miguel Ángel Jiménez, virólogo del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), del Ministerio de Ciencia e Innovación. “Contar mosquitos parece una cosa muy loca… pues para esto sirve”, concluye.

Los primeros muertos que el patógeno provoca en España

Los brotes del virus del Nilo Occidental en Europa han sido habituales durante la última década, pero en 2018 un pico dejó 1.500 contagiados y 180 muertos, cifra que cayó a 50 fallecidos el año pasado, principalmente en los Balcanes y Grecia. Hasta el brote actual no había fallecidos por este virus en España.

Tamás Bakonyi, director del Departamento de Enfermedades Emergentes en el Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC), avanza por correo electrónico: “El brote actual en el sur de España es inusual y está aún bajo investigación. La información genética de los virus en los pacientes nos dará quizás información para comprenderlo mejor”.

En plena marisma de Doñana, Isla Mayor está rodeado de 32.000 hectáreas de arrozales inundados 11 meses al año y es la excepción entre los pueblos de la zona, ya que cuenta con un servicio para el control de mosquitos. “Este año fumigamos semanalmente, en vez de dos veces al año. Son insecticidas de contacto y siempre dentro del casco urbano, para que no afecte al medio acuático ni mate fauna. Y no solo contra el mosquito que pica, sino también los plumosos, que vienen del gusano rojo del arroz”, precisa su alcalde, Juan Molero. Mientras, la Diputación de Huelva dispone de un servicio de control de mosquitos que cada año fumiga con biocidas 140.000 hectáreas de 12 municipios, pero las de Sevilla y Cádiz carecen de especialistas.

Eduardo Vera, presidente de la federación de arroceros de Sevilla, que producen 330.000 toneladas al año, explica otra razón que ayuda al mosquito a multiplicarse: “Estamos en una producción integrada de arroz, un método sostenible con restricción de herbicidas y fungicidas, y no tenemos productos para tratar contra el mosquito. Se lo hemos pedido al ministerio, sin éxito”.

La vacuna para el virus del Nilo en caballos existe y se comercializa, no así para personas. Está identificada pero ninguna empresa ha invertido para desarrollar los ensayos clínicos, recuerda Miguel Ángel Jiménez, virólogo del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA). Las causas de los brotes son muy diversas. Jiménez recuerda cómo en Estados Unidos un grupo de científicos logró relacionar un brote del virus con la cantidad de hipotecas impagadas que habían provocado miles de desahucios y piscinas sin mantenimiento, lo que multiplicó la población de mosquitos.


Sobre la firma

Javier Martín-Arroyo

Es redactor especializado en temas sociales (medio ambiente, educación y sanidad). Comenzó en EL PAÍS en 2006 como corresponsal en Marbella y Granada, y más tarde en Sevilla cubrió información de tribunales. Antes trabajó en Cadena Ser y en la promoción cinematográfica. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y máster de EL PAÍS.

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