CIUDADES SOSTENIBLES

Valencia, la ciudad que pierde una rotonda y gana una plaza

Pocos se oponen a que la plaza del Ayuntamiento sea peatonal pero abundan las críticas por la falta de información, el color de los maceteros o la accesibilidad

Las nuevas señales en el suelo de la plaza del Ayuntamiento de Valencia recién cortada al tráfico.
Las nuevas señales en el suelo de la plaza del Ayuntamiento de Valencia recién cortada al tráfico.Mònica Torres

Sin semáforos y sin coches, la explanada del Ayuntamiento ha pasado de inhóspita rotonda para el tráfico a convertirse en plaza para el paseo. Todavía da repelús caminar por mitad de los hasta hace poco carriles exclusivos para vehículos o cruzar la calle sin mirar pero no hay vuelta atrás. Valencia cuenta desde el lunes 11 de mayo con más de una hectárea libre de vehículos y polución en su plaza más emblemática. Pocos se oponen a la peatonalización pero hay controversia entre defensores y detractores de la actuación; abundan las críticas por la falta de información, el color de los 200 maceteros e incertidumbre por los cambios de paradas de las EMT. “Entendemos que la novedad de este tipo de intervenciones pueda generar polémica, pero creemos que el cambio radical de uso que se consigue dejan en un segundo plano otras consideraciones”, defiende el colectivo La paisatgeria, autores de la intervención.

“Veo mucho cemento y poca vegetación”, opina María Teresa (70 años), vecina de la avenida de María Cristina, no muy convencida del nuevo aspecto de la plaza. La paisatgeria ha diseñado la reforma junto a los técnicos municipales de Movilidad Sostenible. Y los diferentes espacios dentro de la plaza se han delimitado con 200 maceteros de diferentes tamaños y de color verde claro. Julián G. (76 años) vive al lado de Correos y pasea en su franja horaria por una plaza prácticamente vacía mientras los operarios ultiman la primera fase de la peatonalización. “Nadie está de acuerdo al 100% pero es lo que están haciendo todas las ciudades europeas. No hay por qué venir con el coche hasta la puerta de la tienda a comprar. No se va a ver escaparates en coche”, afirma convencido.

Las empleadas de una óptica de la plaza aseguran que es pronto para sentenciar la reforma. “A mi personalmente me parece positivo, hay menos polución y se puede caminar, pero desde el punto de vista comercial no sabemos: siempre hemos tenido la parada de autobuses delante y muchos de nuestros clientes son mayores y con movilidad reducida; necesitan accesibilidad”, comenta Sandra. A su compañera Inma, el cambio no le gusta nada. “Me tengo que mover en coche [vive en el área metropolitana] porque superviso tiendas y tengo que ir rápido y cargada de material. Ahora tardo una hora en salir y llegar a casa y me complica bastante la vida. Además, los accesos para gente mayor empeoran”.

Carlos, vendedor de la única floristería abierta en la plaza del Ayuntamiento, ha oído de todo durante esta primera fase de reforma. Aventura que la peatonalización del espacio tendrá éxito si queda estéticamente bien, se fomenta la afluencia de ciudadanos de toda la capital y se cuida a los vecinos del centro para que no se vayan a otros barrios. Las paradas de flores son centenarias y más seña de identidad que el propio Ayuntamiento, sostiene este joven, de 27 años. “Los turistas sacan más fotos de las floristerías que del edificio del Ayuntamiento". La concejalía les ha prometido una autorización para que sus vehículos lleguen hasta las paradas para descargar la flor.

Los comercios del centro histórico de Valencia observan inquietos unos cambios realizados “de espaldas a todo el mundo y sobre los que no han dialogado con ellos”, denuncia el presidente de la Asociación, Rafael Torres.” El hecho de ganar espacio para los peatones no lo justifica todo. ¿Estamos a favor de la peatonalización de la plaza? Si, pero eso no te permite hacer cualquier cosa y menos en una plaza tan emblemática como esta”, enfatiza el empresario, quien califica la estética de “espantosa”, aunque admite que para gustos… “Parece una pista de fórmula uno, con vegetación poco frondosa. Y la combinación del verde de los maceteros con el rojo del suelo no me parece una gran decisión estética. Espero equivocarme”, apunta. No se atreve a valorar los cambios de la EMT porque es pronto pero sí asegura que antes llegaban unas 70 líneas a pie de plaza y ahora la nueva línea C1 pasará cada cuatro minutos, unas 15 veces a la hora.

Los partidos de la oposición no ven prioritaria la actuación de la plaza en plena crisis del coronavirus. La portavoz del PP, la edil María José Catalá, hubiera preferido que el coste de la peatonalización de la plaza del Ayuntamiento se dedicara a test y mascarillas o a ayudas al comercio: “La EMT ha pagado 1.000 euros por cada macetero”, denuncia Catalá. El responsable de Ciudadanos, Fernando Giner, se pronunció en los mismos términos el pasado fin de semana y denuncia que se han fragmentado los contratos, y Vox ha echado mano de argumentos parecidos.

“Pido un poco de paciencia”, pidió el primer día en declaraciones a Radio Valencia el concejal de Movilidad Sostenible de Valencia, Giuseppe Grezzi, que asegura que la reforma está incompleta. Falta mobiliario urbano y unificar todo el espacio peatonal ganado en color rojo, algo que no estará listo hasta junio. “Cuando esté acabado se podrá debatir en profundidad. Hay opiniones para todos los gustos”, apunta el edil que ha defendido la fórmula del urbanismo táctico porque con poco presupuesto se consiguen resultados potentes. La reforma definitiva de la plaza está por diseñar y tardará unos años.


“La actuación trata de reducir al mínimo la circulación en un espacio céntrico de la capital”, dice Vicent Torres, experto de movilidad y defensor del cambio. Este especialista —que ha colaborado con el Ayuntamiento en otras intervenciones parecidas—recuerda las críticas que suscitó hace tres años el anuncio del Gobierno local de una peatonalización blanda de un enclave tan significativo. Muchos pusieron el grito en el cielo. “El urbanismo táctico sirve para experimentar, es un ensayo, y te permite ajustar y mejorar las cosas que no funcionan bien. En estos momentos, hay un proyecto urbanístico para la peatonalización definitiva en estudio, pero lo importante es que la contaminación se reduce, los conductores de vehículos tendrán que cambiar su ruta y hay 12.000 metros cuadrados de nuevo espacio peatonal. “Es prácticamente imposible que se vuelva atrás”, sostiene Torres.

“La peatonalización beneficia a todas las clases sociales. El PP lo comprobó en Oviedo hace 30 años, cuando suprimió los coches de su centro histórico”, apunta el ingeniero de caminos Joan Olmos, coordinador de la Mesa de la Movilidad de Valencia, órgano consultivo municipal. “Con el confinamiento hemos sabido lo que es un kilómetro y que recorrerlo nos cuesta solo 15 minutos”, subraya este profesor ya jubilado. Un tercio de los desplazamientos en coche en Valencia y su área metropolitana se hacen para trayectos de menos de tres kilómetros, que podrían cubrirse en bicicleta o incluso a pie. “En la dicotomía entre salud y economía, siempre debe imponerse la primera", añade Olmos, al que le parece un desacierto que las señales de tráfico pintadas en el único carril por donde pasan buses y coches sea lo que más destaca de la remodelación. “Se trata de todo lo contrario, de suavizarlos y que pierdan protagonismo en el conjunto”, opina.

El colectivo de arquitectos y paisajistas de La paisatgeria sale en defensa de la remodelación. “Es una actuación de urbanismo táctico y creemos que tiene que valorarse desde ese puntos de vista”. Los autores añaden que la estética de la actuación tenía que ser llamativa pues se está cambiando el uso de una forma radical y tiene sentido porque se sabe que es temporal y festiva. “Luego desaparecerán [con la reforma definitiva] y seguramente llegarán materiales más sobrios y caros. Las actuaciones en las supermanzanas de Barcelona, que han elegido el color amarillo, o el rosa escogido en Times Square son claros ejemplos de ello”, argumentan. De las jardineras o maceteros apuntan que tenían que ser duraderos, resistentes y proteger del tráfico, “tenían que poder albergar la vegetación [tener capacidad para el desarrollo vegetal posterior, y tenían también que cumplir la función de ser móviles para poder realizar el testeo”, explican estos profesionales.

Según La paisatgeria, solo hay una parte del proyecto ejecutada y solo es visible esta primera parte de los delimitadores con el reasfaltado del carril bus, "pero el proyecto es completo y abarca todo el ámbito. Esta fase se ha hecho la primera por una cuestión de urgencia, para poder poner en marcha la línea C1 que cruzará el centro histórico y dará acceso a la plaza. “Dentro del urbanismo táctico queda la segunda fase que estamos ultimando”, agregan, con la instalación de zonas de juegos, mobiliario urbano suelto, elementos de sombra o un pequeño escenario. “Esta parte de la intervención se ejecutará junto al reasfaltado de la zona peatonal ganada [que hará el Servicio de Urbanismo con un pavimento rojizo y no pertenece a nuestro proyecto]”, avanzan. El colectivo apunta que los diferentes elementos móviles se podrán reutilizar en un futuro en otros puntos de la ciudad, cuando la remodelación de la plaza sea definitiva.

Valencia pasa este lunes a la fase 1 y sus bares, cafeterías y restaurantes abrirán sus puertas y podrán bajar las terrazas a la calzada y que las aceras ganen espacio libre. Por eso, la presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valencia, María José Broseta, ya ha pedido al Ayuntamiento que no se dé barra libre a los locales para ampliar las zonas de mesas y sillas al aire libre. Que se mesuren los permisos.

El nuevo Gobierno municipal abrió en 2015 el debate y la caja de los truenos al recurrir al urbanismo táctico para ganar espacio peatonal en el entorno de la Lonja de Valencia. Con contenedores y maceteros se restringió al tráfico buena parte de la avenida, luego se colocaron algunos bancos para sentarse y ahí quedó. En la calle de San Vicente se ha quitado calzada al coche y los viandantes han ganado un carril de asfalto pintado de verde. Y la plaza de Rojas Clemente, durante años un aparcamiento de coches, es ahora un parque apacible con bancos y columpios.

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