feminicidios en méxico

Condenado a 83 años de prisión el feminicida de la menor Giselle Garrido

El fallo por el asesinato de la menor de 11 años supone una victoria para la familia de la víctima que fue atacada sexualmente y asesinada en el Estado de México en enero de 2019

Miriam Cruz  en su domicilio en Chimalhuacán, sostiene una fotografía de su hija asesinada Giselle Garrido.
Miriam Cruz en su domicilio en Chimalhuacán, sostiene una fotografía de su hija asesinada Giselle Garrido.Gladys Serrano / EL PAÍS

Giselle Garrido solo quería revisar su perfil de Facebook. La menor de 11 años salió de su casa al mediodía el 19 de enero de 2019 a un cibercafé en el municipio de Chimalhuacán en el Estado de México. Sus padres y hermanos no la volvieron a ver. Roberto Buendía, el hombre que le rentó una computadora fue el mismo que la violó, asesinó y tiró su cuerpo en un descampado. Este jueves, ese hombre ha sido declarado culpable de feminicidio y condenado a 83 años de prisión. El fallo supone una hazaña en un país donde matan a un promedio de 10 mujeres al día y un 90% de los delitos por feminicidio quedan impunes.

A más de un año de ese fatídico día, los padres de Giselle escucharon en voz del juez los detalles de su propia pesadilla. Ese sábado de enero la menor salió de su casa con rumbo a un cibercafé localizado a menos de 600 metros de su domicilio. Sus padres, Miriam Cruz y Rigoberto Garrido, trabajaron ese día así que solo le avisó a una de sus hermanas. Había acordado que esperaría a su padre en la parada de autobuses, pero nunca llegó al punto de reunión. Durante días, la familia Garrido Cruz organizó marchas y tapizó postes y fachadas con el rostro de Giselle. Sin embargo, una semana después los padres fueron notificados sobre el hallazgo de los restos de un cuerpo en un descampado de Ixtapaluca, un municipio aledaño a su casa. 72 horas más tarde las pruebas genéticas confirmaban el fallecimiento de Giselle.

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Este jueves, en medio de una avalancha de términos jurídicos, los familiares de la víctima recordaron el día de la desaparición de la menor, los pormenores de las pruebas periciales sobre el cuerpo de su hija así como la decena de audiencias desahogadas en el caso. En el mismo espacio, en un extremo de la sala y protegido por paredes de cristal, Roberto Buendía también escuchó atento la relatoría de hechos y el acopio de evidencias en su contra. Apenas movió la cabeza cuando escuchó la condena y en su alegato final rechazó su culpabilidad: “Soy inocente de todo lo que dice y lo voy a demostrar”, señaló con voz firme ante el juez y ante la mirada atónita de los padres de Giselle.

“Me dio mucho coraje el hecho de que él, aún con todas las pruebas en su contra y sabiendo que lo hizo, gritara que es inocente cuando las pruebas científicas dicen todo lo contrario” clamó Miriam Cruz al salir de los juzgados. Con la voz quebrada y los ojos llenos de lágrimas, los padres de la menor agradecieron el apoyo de su familia y amigos que acudieron a escuchar la sentencia tras más de 12 meses de librar esta batalla legal que es coronada por la sentencia en contra de la persona que abusó y mató a su hija. Para sus seres queridos este fallo es la mejor forma de rendirle tributo.

“En donde sea que mi hija esté le brindamos esto pues se merece justicia y no solo ella sino las demás personas que también pasan por esto. Fue un año muy difícil, ya no estar con ella y estar con la incertidumbre de que se hiciera justicia y qué bueno que se logró. Yo quisiera que este México fuera otro porque ya no puede uno andar libre en la calle sin pensar que nos pueda pasar algo en la calle”, añadió Rigoberto Garrido.

Este fallo supone una batalla ganada en un país donde son asesinadas cada día 10 mujeres y un 90% de estos delitos se queda en la impunidad. La sentencia por feminicidio de Giselle se suma a los 980 expedientes por este delito que reconoció en 2019 la Secretaría de Gobernación. Sin embargo el asesinato de mujeres sigue al alza en el país, solo el año pasado los homicidios dolosos contra mujeres superaron los 3.000 casos. Dichas estadísticas tienen rostro y apellido en los casos de Giselle, pero también en los más recientes asesinatos de Fátima Cecilia Aldriguett Antó, la niña de siete años asesinada al sur de la capital o en el cruento homicidio de Ingrid Escamilla. La indignación por la ola de violencia contra las mujeres se ha dejado ver en la multitudinaria marcha del Día de la Mujer el pasado 8 de marzo en Ciudad de México.

En la intimidad, lejos de las manifestaciones multitudinarias, la familia Garrido Cruz prende una veladora para una de las mujeres más valiosas de su vida: Giselle. Un muñeco de plástico con forma de ratón adorna la fotografía de la menor, quien viste un vestido a cuadros. En la fachada de su casa sigue colgando un moño blanco en señal de duelo. Giselle era la más hacendosa, la futbolista de la casa, coinciden sus padres. “Tenemos que aprender a vivir sin nuestra hija, recordándola feliz y traviesa. Algún día la volveremos a ver y volveremos a ser esa familia feliz para siempre” concluye con los ojos llenos de lágrimas Rigoberto Garrido.

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