Los obispos eligen presidente en medio de una campaña de intrigas contra el favorito

El ganador necesita al menos 44 de los 87 votos posibles, o dirimir la elección en una tercera urna entre los dos candidatos más votados

El presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez (izquierda), conversa con el cardenal Omella (derecha), este lunes.
El presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez (izquierda), conversa con el cardenal Omella (derecha), este lunes.Víctor Lerena (EFE)

Los obispos españoles, reunidos desde el lunes para renovar todos los cargos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), tienen previsto elegir este martes por la mañana, más divididos que nunca, a su presidente para los próximos cuatro años. La llamada votación de sondeo, realizada este lunes cuando ya era de noche, no facilitó un sueño tranquilo a los 87 obispos que eligen este martes, probablemente antes de las once, al nuevo presidente. Para dar sensación de normalidad, querían que las votaciones secretas fueran pocas, para poder presentar ante los medios de comunicación al elegido a media mañana, pero la encuesta de la noche del lunes (eso es, al fin y al cabo, la votación de sondeo) aumentó la confusión, que se suma a las intrigas contra el hasta ahora favorito, el cardenal de Barcelona, Juan José Omella. A los tres o cuatro candidatos con apoyos suficientes para entrar con posibilidades en las votaciones de esta mañana (el propio Omella; el cardenal de Valencia, Antonio Cañizares; el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, y el obispo de Bilbao, Mario Iceta), el tanteo a ciegas añadió en la noche del lunes los nombres del cardenal de Madrid, Carlos Osoro; al arzobispo castrense, Juan del Río, y a los obispos de Getafe, Ginés García Beltrán, y de Málaga, Jesús Catalá.

Sin descartar que las filtraciones hayan sido interesadas (abundan los medios que dan uno u otro resultado según sus intereses, abiertamente confesados), Omella sigue el primero en las preferencias pese a los ataques del fin de semana en forma de libro firmado con seudónimo. El órdago llegó en forma de un panfleto, titulado Complot de poder en la Iglesia española: Barco contra Omella. En defensa propia, escrito bajo el seudónimo de Jacques Pintor. Lo que cuenta, fundamentalmente contra el cardenal arzobispo de Barcelona, pero no solo contra él, era conocido en los ambientes episcopales desde hace meses. Pero que haya aparecido en los buzones de los 87 electores (cuatro cardenales, 12 arzobispos, 48 obispos, 18 prelados auxiliares, además del administrador apostólico de Ciudad Rodrigo y los administradores diocesanos de Astorga, Coria-Cáceres, Ibiza y Zamora), ha desbordado un vaso que ya rebosaba.

Entre los demás candidatos, cae la opción del arzobispo Sanz, el preferido del sector inspirado por el aún influyente cardenal Antonio María Rouco; sube el obispo de Bilbao, Iceta; se desaniman los partidarios de Cañizares, sobre todo por sus evidentes problemas de salud, y entra Carlos Osoro, que, aunque ha declarado no estar interesado en el cargo (cumple 75 años en mayo, la edad de la jubilación forzosa), sería un candidato muy serio teniendo en cuenta la tradición: todos sus predecesores han presidido alguna vez la CEE en sus 54 años de historia, en el caso de los cardenales Tarancón y Rouco durante más de 10 años. El ganador necesita al menos 44 de los 87 votos posibles, o dirimir la elección en una tercera urna entre los dos candidatos más votados.

Los expertos interpretan esta dispersión de votos en torno a siete u ocho candidatos, sin uno o dos con el prestigio suficiente para destacarse, como un signo de la crisis de liderazgo que padece el catolicismo español, que ahora se refleja en la Conferencia Episcopal. Nunca hubo tantos candidatos a presidirla, y con menos peso de salida. Alguno de los citados está en la lista con apenas un par de votos y ninguno superó la decena. Quedan poco para saber los resultados de tanta dispersión de preferencias, también en la otra elección de importancia: el nombre del nuevo vicepresidente, importante si saliera elegido presidente alguno de los cardenales en liza, los tres ya en el umbral de los 75 años. Los candidatos tienen que obtener 44 de los 87 votos posibles, o dirimir la elección en una tercera votación, a la que pasan solo los dos obispos que hubiera obtenido mayor número de votos.


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