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FERNANDO REIMERS

“Las escuelas públicas confunden alfabetizar en religión con adoctrinar”

El experto de Harvard ha diseñado un currículum de ciudadanía internacional

Fernando Reimers en la sede de la OEI.
Fernando Reimers en la sede de la OEI.

El mundo se enfrenta a desafíos globales. Por eso el venezolano Fernando Reimers, director del Programa Internacional de Políticas de Educación de la Universidad de Harvard, aboga por diseñar “un currículum de ciudadanía internacional de gran calidad”. Reimers ha coescrito un libro, Empoderar alumnos para la mejora del mundo en 60 lecciones, que proporciona claves a los profesores para formar cosmopolitas. El experto impartió recientemente una clase magistral en la Universidad Camilo José Cela de Madrid y visitó la Organización de Estados Iberoamericanos.

Pregunta. ¿Por qué echa en falta una alfabetización cultural en religión?

Respuesta. La mayoría de los 7.500 millones de habitantes de la Tierra interpretan el mundo desde la óptica religiosa —cristiana, musulmana, budista...— y hay problemas que solo podremos resolver desde esa visión. Es necesario que las personas conozcan que hay distintas tradiciones religiosas, y en la mayor parte de las escuelas públicas hay un tabú a enseñar la religión como una construcción cultural.

P. ¿Por qué existe ese tabú?

R. Se confunde la alfabetización en religión —una construcción cultural de la mayor parte de la historia— con el adoctrinamiento religioso. Una persona puede ir a misa y no tener capacidad de entender críticamente esa fe.

P. ¿Se sabe explicar el cambio climático en las escuelas?

R. Los niños no saben que todo conocimiento científico tiene un margen de error, por eso es muy fácil para un demagogo decir: “¿Cómo un científico no puede predecir exactamente cuándo la capa de ozono va a tener tal espesor?” Es una ignorancia decir eso, por eso creo que el currículum no está bien alineado.

P. Usted plantea una formación global, pero sin descuidar lo local.

R. El objetivo de la escuela debe ser empoderar para mejorar el mundo y para eso se necesitan unos códigos comunes universales. Y lo más parecido que tenemos son la Declaración Universal de Derechos Humanos y marcos como los Objetivos y Metas de Desarrollo Sostenibles, que han sido suscritos por todos los gobiernos democráticos. Y luego cada país tiene que enseñar su marco legal, su historia y su lengua. Pero no puede acomodarse el currículum a la realidad cercana del niño porque le condena a que el origen sea el destino, cuando vivimos un momento de enorme movilidad.

P. ¿Cómo puede un profesor innovar en sus clases?

R. Podría mejorar mucho su potencial si aprendiese de otros, hay que insertar en redes no solo las escuelas, sino las universidades, las empresas o asociaciones científicas. No es realista pensar que haya profesores con todas las capacidades para enseñar solos a los niños. Yo invito a mis clases a gente que sabe más que yo.

P. Evita comparar la innovación educativa entre países.

R. No conozco ningún país que haya realizado un cambio significativo partiendo de decirle lo malo que era. Hay que enseñarle las cosas buenas que está haciendo y ejemplos de buenas prácticas que no vean demasiado lejanas.

P. Pero Internet nos acerca a otros mundos.

R. Hay una segregación residencial que nos mete en una comunidad, la de nuestros amigos en Facebook, en Twitter... En Massachusetts, desde hace tres años observamos grupos neonazis en las universidades que utilizan todos estos medios para actuar de forma invisible. La escuela pública tiene que hacer que el estudiante pueda interactuar con alumnos de situaciones culturales y socioeconómicas distintas sin sentirse amenazado.

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