Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
PARADA DE POSTAS COLUMNA i

La urgencia del MeToo en México

La lucha por la eliminación de la violencia de género debe continuar

Miles de mujeres, en la manifestación del 8 de marzo en Ciudad de México.
Miles de mujeres, en la manifestación del 8 de marzo en Ciudad de México. EL PAÍS

Aunque algunos pregonen que sufrió una estocada fatal.

Pero no, no solo no ha fracasado, ahora es aún más urgente (y vigente) que nunca.

Sí, es cierto que en fechas recientes hemos visto en México una explosión de denuncias a través, sobre todo, de redes sociales. Denuncias sectorizadas de abusos y agresiones sexuales en contra de mujeres supuestamente cometidas por músicos, escritores, periodistas, creativos, académicos, investigadores. Lo que comenzó con la protesta por la presentación del libro de un autor señalado por abusos sexuales y violencia de género, reventó en unas horas en una oleada imparable de acusaciones, algunas muy detalladas y muchas con nombre y apellido de las víctimas. Vinieron muy pronto las denuncias anónimas desde cuentas agregadoras. Algunos de los hombres señalados respondieron deslindándose, otros se mantuvieron en silencio. Algunas de las empresas u organizaciones separaron a los acusados de sus cargos, otras se mantuvieron en silencio. Mucho se debatió sobre la dinámica de la acusación.

Y entonces llegó el lunes 1 de abril.

En una nota publicada en sus redes sociales, Armando Vega Gil, muy conocido músico y promotor cultural, informaba la decisión de suicidarse porque, tras las acusaciones de abuso sexual en contra de una menor de edad, su vida carecía de horizonte y dignidad. Y se suicidó.

La conversación se cimbró entre la incredulidad y la sorpresa, entre el dolor y la rabia, entre la revancha y el encabronamiento, entre el “pinches viejas, eso es lo que buscaban” y el “ahora quién se hace responsable”, entre el denuesto al linchamiento digital y el reconocimiento al valor de la manifestación, entre el “denuncien en las instancias formales” y la sensación de derrota vergonzante, entre el orgullo que se siente manchado y la conciencia de que hay algo más, entre el dolor y la rabia, entre la incredulidad y la sorpresa. No han faltado voces, hombres y mujeres, enteradas e informadas, que decretan el fin del #MeToo mexicano, deploran los métodos anárquicos y descuidados de exhibición, manifiestan su desilusión con lo que “parecía una buena iniciativa”. Y no ha faltado el macho herido que busca reivindicarse en la tragedia.

Pero, no nos equivoquemos: el #MeToo y su razón siguen tan vigentes (y urgentes) como nunca.

Yo lamento profundamente la muerte de Armando Vega Gil. El suicidio, aunque sea una acto de libertad individual, es un golpe brutal a la vida de los que quedan y lo fue a la vida del que decidió irse. Nos obliga también a reconocer que debemos hablar más y de forma más pública de la depresión. Urge, con U mayúscula. En esto no hay regateo alguno. No de mi parte.

Punto y aparte.

La lucha por la eliminación de la violencia de género debe continuar. DEBE CONTINUAR, con mayúsculas. En un país en que diario se asesina a mujeres, en que el sistema de impartición de justicia es inexistente y alimenta al infinito la impunidad, en que la revictimización es narrativa de uso (y de cambio), en que ir al ministerio público es una tortura, en que la inequidad de género es marca de la casa, en que el porcentaje más grande de mujeres violentadas ni siquiera tiene acceso así a las redes sociales, en que muy pocas gozan del uso de herramientas conceptuales para reconocer y nombrar la violencia; en este país debe continuar la lucha.

Por cierto, a quienes exigen que las mujeres “¡vayan a denunciar!”, los invito a que acompañen a alguien a hacerlo. Y luego hablamos.

#AMiTambién.

#MeToo

#MeToo

#YoSíTeCreo

Revisar protocolos, entender la dinámica de las redes sociales, denunciar el linchamiento revanchista, reacomodar la conversación, volver a encontrarnos. Eso sí. Pero eso siempre. Más importante aún: reconfigurar el horizonte ético que nos confiere sentido.

Confieso que en estos días me he sentido rara, descolocada. Leer tanta agresión en las redes sociales, sentir el vituperio, presenciar la revancha gozosa, intuir el descalabro ético. Por un momento sentí que nos habíamos perdido.

Pero no.

Porque esto no se acaba ni cuando se acaba.

@warkentin 

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >