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Luis Argüello, elegido portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal

El voto al prelado Valladolid, que sustituye a Gil Tamayo, indica una pérdida de poder del sector más crítico con el Papa

Luis Argüello, ayer en la sede de la Conferencia Episcopal.
Luis Argüello, ayer en la sede de la Conferencia Episcopal.

Los obispos han elegido esta mañana, en una votación inusitadamente rápida, a su nuevo secretario general y portavoz, sobre una terna de candidatos que decidió anoche el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Se trata del obispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello García, nacido el 16 de mayo de 1953 en Meneses de Campos (Palencia). Ocupará el cargo durante cinco años, hasta noviembre de 2023. Fue el papa Francisco quien lo nombró obispo el 14 de abril de 2016, para auxiliar al arzobispo y presidente de la CEE, Ricardo Blázquez. Hasta entonces, Argüello era vicario general y miembro del Consejo de Asuntos Económicos, desde 2011. Sustituye en el cargo a José María Gil Tamayo, sacerdote del Opus Dei que acaba de ser nombrado obispo de Ávila y que ejerció la portavocía durante cinco años. Había renunciado públicamente a una posible reelección.

La llegada del nuevo portavoz episcopal tiene muchas lecturas, pero la principal subraya el actual reparto de poder y de sensibilidades en el episcopado, hasta esta mañana abiertamente influido, en su mayoría, por el cardenal Antonio María Rouco Varela y, por tanto, poco afín al estilo pastoral y las reformas que viene proponiendo el papa Francisco. Hace cuatro años que Rouco se jubiló como arzobispo de Madrid y tres en la presidencia de la CEE, pero la terna de candidatos elegida anoche por la Comisión Permanente y sometida a votación esta mañana manifiesta hasta qué punto la mano del cardenal gallego seguía siendo alargada. La Permanente solo propuso a tres candidatos, el elegido Argüello García, y los sacerdotes Jorge Fernández Sangrador, vicario general de la diócesis de Oviedo, y el también sacerdote Carlos López Segovia, veterano funcionario de la Casa de la Iglesia como vicesecretario para asuntos generales de la CEE.

Como es tradicional, el nuevo portavoz ha comparecido dos horas después de su elección ante los periodistas en una conferencia de prensa de 25 minutos, sin titulares de relieve, como él mismo advirtió. “Ustedes tienen que hacer titulares que concentran, pero a veces descentran. Yo tengo que respetar su trabajo, pero respeten ustedes el mío”.

Se le preguntó cómo pensaba “sacar a su iglesia de las páginas de sucesos”, en referencia a los abusos sexuales a menores por eclesiásticos, la exhumación de Franco de la basílica del Valle de los Caídos, el escándalo de las inmatriculaciones a nombre de las diócesis de bienes que son del pueblo, o la reforma educativa que plantea el Gobierno. Respondió que eran temas, “dolorosamente complicados”, sobre los que a veces ha contestado en las ruedas de prensa que ofrece como vicario general de la diócesis de Valladolid, la última hace unos pocos días. “Ahora tengo que tratar de ser fiel a lo que piensan y dicen los obispos”. Mantuvo la equidistancia con que la mayoría de los prelados se enfrentan al escándalo. Para ello, dijo tener ante sus ojos la imagen de un periódico que en dos páginas traía lo de los abusos y, al lado, “en unas pocas líneas” informaba de la muerte de 18 personas en el Estrecho. “Hay que cuidar con especial mirada a las víctimas de las cosas mal hechas en el pasado”, concluyó.

La propuesta de la Comisión Permanente para elegir al nuevo secretario general causó sorpresa, nada más conocerse, por cómo se presentó. Inicialmente, el comunicado oficial informaba de los nombres propuestos, sin preeminencia alguna, para aclarar minutos más tarde que en la decisión del máximo órgano de la CEE ocupaba el primer puesto Fernández Sangrador. Inmediatamente, surgieron las interpretaciones. Una era evidente. La Comisión indicaba sus preferencias y Sangrador es un hombre del sector políticamente más combativo y conservador del episcopado, en la línea de su superior, el arzobispo Jesús San Montes, un franciscano muy afín al cardenal Rouco.

De haber salido el primero de la terna de la Permanente, se habría evidenciado de nuevo que el episcopado español sigue siendo mayoritariamente ajeno al estilo pastoral que quiere imponer Francisco y justificaría los comentarios tantas veces oídos en el Vaticano y en los sectores progresistas del catolicismo español, es decir, que la Conferencia Episcopal Española es un terreno complicado que espanta toda posibilidad de que el Papa argentino venga a España en viaje oficial. Francisco tiene programados ya, para 2019, media docena de viajes, uno de ellos a Marruecos, y sigue ignorando las reiteradas peticiones del episcopado español.

Ha sorprendido que el resto de los prelados de la asamblea, 120 en total, renunciasen a presentar sus propios candidatos al cargo (podían hacerlo reuniendo diez firmas), lo que dejó fuera de las votaciones a quien parecía el aspirante más cualificado, el obispo auxiliar de Santiago de Compostela, Jesús Fernández.

Otra conclusión sobre la terna elevada al plenario, con Sangrador señalado como el preferido, es que la dirección de la CEE sigue controlada por el sector de Rouco. Integran la Permanente una veintena de prelados y funciona en teoría como una especie de consejo de ministros de la organización. Entre sus miembros destacan los cardenales en activo, Ricardo Blázquez, (arzobispo de Valladolid) Carlos Osoro (Madrid), Antonio Cañizares (Valencia) y Juan José Omella (Barcelona), y prácticamente todos los arzobispos.

Las votaciones de esta mañana son trascendentales para el futuro de la CEE, teniendo en cuenta las atribuciones que tiene el secretario general y portavoz y que en la primavera próxima se renuevan todos los otros cargos episcopales, en primer lugar la presidencia. Suele decirse que los obispos pudieron votar y elegir esta mañana incluso a un no bautizado y, por supuesto, a una mujer. Se ha visto que no. Ni siquiera figuraba una mujer entre los aspirantes, y eso que se había sugerido su presencia en las papeletas a lo largo de las últimas semanas.

Entre las atribuciones que los estatutos de la CEE asignan al secretario general y portavoz figuran la de “proponer a la Comisión Permanente la creación de los organismos técnicos que fueren convenientes para la buena marcha de la Secretaría, y dirigir los ya creados”; ser el enlace entre los distintos órganos de la Conferencia y entre estos y los obispos; escoger y transmitir información a todos los Obispos sobre los problemas de interés general para la Iglesia en España; moderar, en nombre de la Conferencia, todos los Secretariados y organismos técnicos dependientes de la misma, tanto en orden a la racionalización de sus trabajos como a la debida ordenación de sus presupuestos particulares, e informar a la opinión pública de las actividades y resoluciones de la Asamblea Plenaria y de la Comisión Permanente, así como de cualquier otro asunto de interés público.

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