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168 días para dar con el asesino de Nagjia

La Guardia Civil detiene a un gambiano con antecedentes por abusos a una menor como presunto autor de la muerte de una prostituta en Almería

Manifestación por el asesinato de una prostituta en Barcelona en diciembre de 2017.
Manifestación por el asesinato de una prostituta en Barcelona en diciembre de 2017.

Han sido necesarios 168 días para dar con el asesino de Nagjia, una prostituta de 49 años de origen marroquí que ofrecía servicios sexuales en su propia casa, en el llamado barrio de Las 200 viviendas de Roquetas de Mar (Almería). Allí la encontró una amiga el pasado 31 de marzo. Extrañada porque no contestara al teléfono, se acercó a su casa. La puerta estaba entreabierta y ella estaba semidesnuda, en su cama, en una habitación completamente revuelta, dentro de una vivienda desangelada, como todas las de ese barrio marginal habitado principalmente por inmigrantes subsaharianos y magrebíes. La autopsia determinó que murió estrangulada. Y el ADN ha confirmado que fue a manos de un gambiano llegado en patera en mayo de 2017 y con antecedentes por abusos a una menor en España. Ya ha sido detenido, pero la investigación ha sido una de las más complejas afrontadas por la Guardia Civil en los últimos tiempos.

Nagjia tenía hermanos en Málaga, pero su medio de vida había roto casi por completo los lazos familiares.  Estaba sola. "Sin ordenador ni redes sociales", apuntan fuentes de la investigación. Hacía unos años la detuvieron por trapichear con droga en la calle y, desde entonces, había optado por dedicarse a la prostitución en una provincia, Almería, que es punto de destino de otros muchos migrantes.

De hecho, en el listado telefónico de su móvil, los agentes del grupo de homicidios de Almería —el mismo que llevó a cabo la investigación del niño Gabriel— pusieron en marcha la llamada Operación Breña y comprobaron que todos sus clientes eran ciudadanos subsaharianos o magrebíes, la mayoría de su entorno más próximo, muchos sin papeles ni domicilio ni arraigo de ningún tipo en España. Se convirtieron en el primer grupo de sospechosos. "Se tomó declaración a más de 20", aseguran fuentes de la investigación, "y de cada uno de ellos tuvimos que comprobar su coartada".

Nagjia, que enviaba gran parte de su dinero a Marruecos, prestaba servicios sexuales por cinco euros y muchas veces sin protección, según dedujeron los agentes. La ausencia de testigos, testimonios, imágenes u otras pruebas, y la dificultad añadida de la existencia en el lugar de multitud de restos biológicos, enfrentaban a la Guardia Civil a "una de las investigaciones más complejas desarrolladas en los últimos años".

Los muchos restos biológicos hallados por la policía científica, tanto en el cadáver —"se defendió de su agresor con uñas y dientes"— como en su habitación y el resto de la casa, conformaron otra lista de sospechosos anónimos. "Lograron aislarse hasta siete muestras de ADN claras", aseguran fuentes de la investigación. Y, eureka, el cotejo directo de una de ellas con el banco de muestras indubitadas de ADN recogidas por la Guardia Civil, dio un positivo del 99%. 

Hasta ese momento, solo se sabía que el asesino debía de ser alguien de su entorno y que, no solo la había matado, sino que le había robado el teléfono móvil y lo había vendido a otra persona del barrio el mismo día de los hechos. "Es posible que el móvil del crimen sea el robo, que ella se resistiera y él la matara, no se conocían y no era un cliente habitual", aseguran fuentes de la investigación, que lograron reconstruir las 15 horas previas a la muerte de Nagjia y que no descartan que también le robase el dinero que tuviera en ese momento en su domicilio. "Hasta que no tuvimos el positivo del ADN no pudimos identificarle porque quien le compró el teléfono no le conocía, tan solo aseguraba que podría reconocerle si lo volvía a ver".

Rescatado en patera

Se trataba de un hombre de 34 años que respondía al nombre de Lamen y de origen supuestamente gambiano, según había declarado a la Policía tras ser rescatado por una lancha de Salvamento Marítimo en una patera frente a las costas de Granada en mayo de 2017. En los pocos meses que llevaba en España ya tenía antecedentes por abuso sexual de una menor de diez años en el mes de enero, por lo que la Guardia Civil le había tomado una muestra de ADN, "previa autorización judicial". A la niña, de Guinea Ecuatorial, "le había tocado los pechos y la vagina tras esperarla a la salida del colegio asegurándose días antes de que regresaba sola a casa", según señalan fuentes de la investigación.

Se daba además la circunstancia de que Lamen, indocumentado y en situación irregular en España, se encontraba en paradero desconocido —según los testimonios recabados por los agentes en su entorno y a falta de domicilio conocido—, precisamente desde el 31 de marzo, el día en que fue hallado el cuerpo sin vida de Nagjia.  

No es hasta los primeros días de septiembre cuando los agentes obtienen una información posible acerca de su paradero. Lamen está, supuestamente, realizando labores agrícolas en el cortijo de una familia española en Alcútar (Granada). La Guardia Civil tuvo que "planear" el cierre de toda una pedanía el pasado 15 de septiembre para evitar su fuga, deteniéndolo finalmente en un garaje en el que se encontraba oculto, ante la sorpresa de sus propietarios y empleadores.

Las diligencias de la operación han sido instruidas por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número cuatro de Roquetas de Mar, que tuteló desde su inicio la investigación y quien ha decretado el ingreso en prisión comunicada y sin fianza del presunto asesino en la cárcel de Almería hasta la celebración del juicio.

Lamen fue reconocido en sede judicial por la persona a la que le vendió el teléfono móvil de Nagjia el día que presuntamente la asesinó.

 

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