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Últimos kilómetros de la nave ‘Rosetta’ para llegar al cometa

El encuentro, previsto para mañana, se produce tras más de una década de viaje

La nave espacial Rosetta, que partió de la Tierra hace algo más de 10 años, llega mañana a su objetivo: el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, un cuerpo del Sistema Solar hecho de hielo y polvo, con forma de pato de goma y de unos cuatro kilómetros de largo que está ahora mismo entre las órbitas de Júpiter y Marte, a tres veces y media la distancia entre la Tierra y el Sol. Si todo sale como está previsto, la sonda automática de la Agencia Europea del Espacio (ESA) se pondrá en órbita del cometa y lo acompañará en su viaje hacia el Sol para estudiar de cerca los cambios que sufra. El encuentro mañana será a 100 kilómetros de la superficie del 67P/Churyumov-Gerasimenko, que ha ido desvelando algunas de sus características, como la temperatura y forma, en las últimas semanas, a medida que la Rosetta, cargada de cámaras y sensores, estaba más y más cerca y frenando para acompasar su velocidad a la del cometa.

El núcleo del 67P/Churyumov-Gerasimenko parece estar formado por dos lóbulos, uno algo más grande que otro, unidos por un cuello. Las fotografías tomadas por las cámaras de la nave a finales del mes pasado mostraban el cometa dando una vuelta completa sobre sí mismo cada 12,5 horas con una superficie muy accidentada. “El cuello del cometa, es decir, la zona que une los dos segmentos del núcleo, debe dar importantes pistas sobre la historia evolutiva del cometa”, explican los expertos de la ESA. “El estudio de esta región de cerca, no solo a través de imágenes, sino también con otros instrumentos para conocer su composición, ayudará a determinar si el cometa es el resultado de dos cuerpos separados que se han fusionado o si se trata de un solo objeto que se ha erosionado dramáticamente hasta llegar a la forma que vemos”. Esa forma del 67P/Churyumov-Gerasimenko, con una bola grande y otra más pequeña, es lo que recuerda a los científicos al pato de goma.

Hace un mes, el cometa (hecho de hielo de agua, dióxido de carbono, metanol y amoniaco, además de polvo), y aún a casi 600 millones de kilómetros del Sol, estaba emitiendo el equivalente a dos vasos de agua al espacio por segundo. “A este ritmo el cometa llenaría una piscina olímpica en unos 100 días, pero al irse acercando más al Sol, la producción de gas aumentará significativamente. Con Rosetta tenemos una asombrosa posición destacada para observar estos cambio de cerca y averiguar por qué exactamente se producen”, explicaba Sam Gulkis, investigador principal de uno de los instrumentos de la nave, el Miro, desarrollado en el Jet Propulsion Laboratory (California) en la colaboración de la NASA en la misión.

El cuerpo celeste tiene forma de pato de goma, dicen los científicos

Los cometas interesan a los científicos porque no han debido cambiar mucho desde la fase de formación del Sistema Solar, hace uno 4.600 millones de años, por lo que deben guardar pistas importantes de aquel tiempo remoto. Algunos especialistas incluso esperan que esta misión tenga algo que aportar sobre la hipótesis de que la vida llegó a la Tierra en los cometas. El 67P/Churyumov-Gerasimenko cumple una vuelta al Sol cada 6,4 años y su punto de máxima aproximación a la estrella se sitúa entre las órbitas de Marte y la Tierra.

Si todo sale bien en las próximas horas y días Rosetta será la primera nave espacial se ponga en órbita de un cometa y será también la primera vez que una sonda acompañe a uno de estos objetos del Sistema Solar en su viaje hacia el Sol. Además, Rosetta lleva otra primicia de la exploración del espacio: una sonda (Philae), de 100 kilos, que se desprenderá de la nave el próximo noviembre para descender hasta la superficie del núcleo del 67P/Churyumov-Gerasimenko; desplegará tres patas y se enganchará con arpones al suelo desde donde tomará múltiples datos e imágenes. El coste total de esta misión de la ESA es de 1.300 millones de euros.

La nave se acercará al 67P/Churyumov-Gerasimenko más aún de los 100 kilómetros del primer encuentro de mañana. Está previsto que para el 24 de agosto se haya aproximado hasta los 50 kilómetros de la superficie del núcleo y finalmente, el 10 de septiembre, la Rosetta se pondrá en órbita del cometa a 30 kilómetros. Las complicadas maniobras de aproximación comenzaron hace unas semanas encendiendo los motores de la nave en fases bien calculadas para ir perdiendo velocidad. Ahora queda completar la compleja trayectoria prevista hasta poner en órbita del pequeño objeto celeste relativamente desconocido un artefacto de unos 3.000 kilos (en el lanzamiento, incluido el combustible), de 2,8 x 2,1 y 2 metros y con dos grandes paneles solares de 14 metros de largo cada uno.

El coste total de la misión de la ESA es de 1.300 millones de euros

La Rosetta (que cubrió parte del viaje hasta el cometa en estado de hibernación, con los equipos de a bordo apagados durante dos años y medio) viajará ahora con el 67P/Churyumov-Gerasimenko hasta su máxima aproximación al Sol, dentro de un año, y unos seis meses después, al irse alejando de la estrella. La nave lleva 11 instrumentos científicos a bordo (165 kilos en total) y el Philae, otros nueve (21 kilos). De la construcción de la misión se ha encargado el consorcio industrial Astrium, con base en Alemania, con la participación de medio centenar de empresas de 14 países, incluidas varias españolas con aportaciones tecnológicamente importantes.

A 70 grados bajo cero

La temperatura media de la superficie del cometa es de unos 70 grados centígrados bajo cero. Parece muy baja, pero en realidad es demasiado alta: si fuera una capa exclusivamente de hielo limpio lo que cubre el 67P/Churyumov-Gerasimenko, los sensores de la nave Rosetta habrían medido 20 o 30 grados menos. Así que los científicos de la misión concluyen que, tal y como sospechaban por la luz que habían captado los telescopios, el cometa está cubierto por una capa de polvo oscuro, aunque con algunas zonas de hielo limpio.

“Este resultado es muy interesante dado que nos proporciona las primeras pistas sobre la composición y las propiedades físicas de la superficie del cometa”, comentó el científico Fabrizio Capaccioni, responsable del instrumento Virtis del Rosetta con el que se tomaron las medidas de temperatura entre el 13 y el 21 de julio, cuando la nave estaba aún a 14.000 y 5.000 kilómetros del objetivo, según informó la ESA a finales de la semana pasada. Entonces el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, a 555 millones de kilómetros del Sol (más de tres veces la distancia de la Tierra a la estrella), era solo un par de píxeles en el sensor térmico que capta la emisión infrarroja.

“El Virtis empezará enseguida a generar mapas que muestren la temperatura de rasgos concretos [del cometa]”, señala Capaccioni. Además, permitirá estudiar la variación térmica en áreas específicas para saber cómo de rápido reaccionan a la luz del Sol. Esto dará pistas sobre propiedades como la conductividad térmica, la densidad y la porosidad de la capa superficial del cometa.

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