Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El abordaje precoz en esclerosis múltiple: la clave del éxito

El uso de medios como la resonancia ayuda a la detección temprana

En el marco del día mundial de la esclerosis múltiple, me gustaría reflexionar acerca de uno de los principales retos clínicos en el tratamiento de esta enfermedad, que es sin duda la modificación del curso de la enfermedad. Es el caballo de batalla para todo neurólogo que, como es mi caso, dedica su día a día a mejorar el pronóstico y calidad de vida de los pacientes que trato, de entre los 47.000 que hoy padecen esclerosis múltiple en nuestro país.

Afortunadamente, el nivel de formación y los medios con los que contamos los neurólogos han mejorado notablemente y, gracias a un diagnóstico más temprano y al inicio del tratamiento también de una manera precoz, hemos conseguido modificar favorablemente el transcurso de la enfermedad.

El uso de medios diagnósticos como la resonancia magnética ha sido una de las piezas fundamentales en la detección de la enfermedad en fases tempranas, lo que nos ayuda a los especialistas a la aplicación del tratamiento adecuado y a contribuir a optimizar su efectividad y eficiencia, sin perder de vista el uso racional de nuestros recursos.

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En la últimas dos décadas, hemos luchado contra la patología de la mano de fármacos con los que tenemos una muy amplia experiencia sobre su efectividad y seguridad (como los interferones beta-1 y el acetato de glatirámero) que nos han ayudado a combatir los estragos de la enfermedad en nuestros pacientes. En estos fármacos, tenemos la confianza del beneficio de una efectividad considerable si se trata precozmente, así como de una buena tolerabilidad y seguridad a largo plazo, conocida y predecible.

Más recientemente, los últimos estudios y ensayos nos demuestran cómo fármacos como el interferón beta-1a inyectable a altas dosis, usado de manera temprana, consigue reducir el riesgo de padecer un segundo brote hasta un 56% al cabo de dos años comparado con el uso de placebo (estudio REFLEXi). Asimismo, se ha comprobado en las poblaciones de pacientes actuales tratados con este fármaco que la aparición de brotes ha pasado a ser aproximadamente de un brote cada cinco años (tasa de brotes de 0,21). La lucha contra los brotes es uno de nuestros principales objetivos cuando pensamos en la calidad de vida del paciente, ya que es una vía muy importante para reducir o aplazar el impacto de la discapacidad asociada a la esclerosis múltiple.

En este sentido, también en los últimos años, hemos visto cómo el papel activo del paciente en la lucha contra la enfermedad se convierte en algo importantísimo. El aprender a manejar mejor el estrés desde el primer momento puede ayudar no solo a mejorar su bienestar emocional, sino que pudiera ser útil para una mejor evolución de la enfermedad (estudio Mohr, 2012).

Con todo ello, desde la especialidad de neurología continuamos trabajando en un abordaje precoz de la enfermedad y haciendo hincapié en la importancia de la adherencia al tratamiento por parte del paciente para los mejores resultados clínicos. Una buena adherencia es sinónimo de mayor efectividad y eficiencia ( un mejor coste-efectividad). Además, lo hacemos sin perder de vista nuestro papel de acompañantes en el plano emocional de los pacientes que no sólo necesitan un abordaje clínico, sino también psicológico para luchar con todas las armas posibles y así frenar el avance de esta enfermedad.

Rafael Arroyo es coordinador de la Unidad de Esclerosis Múltiple del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

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