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Los ciclones se van hacia los polos

La fase de más intensidad de los tifones se desplaza unos 50 kilómetros por década

Distribución global de los ciclones tropicales en su fase de mayor intensidad entre 1982 y 2012.
Distribución global de los ciclones tropicales en su fase de mayor intensidad entre 1982 y 2012. EL PAÍS

Muchas regiones del planeta, especialmente en el Pacífico y en el Índico, que solían estar a salvo de los devastadores efectos de los ciclones tropicales, tienen cada vez más riesgo de ser asoladas periódicamente por estas gigantescas tormentas especialmente intensas. El tifón Haiyan (2013), o los huracanes Katrina (2005) y Sandy (2012) son dramáticos ejemplos. La actividad de los ciclones tropicales, desde hace 30 años, se está desplazando desde la banda tropical hacia los polos al buen ritmo de algo más de 50 kilómetros por década (53 y 62 kilómetros en los hemisferios Norte y Sur, respectivamente). A la vez que la fase de máxima intensidad de las tormentas migra hacia latitudes altas y amenaza a las zonas costeras allí, el riesgo puede ser menor en las regiones tropicales que tradicionalmente soportan tifones y huracanes. Pero este potencial alivio puede a la vez convertirse en un problema ya que estas tormentas de vientos huracanados y generadoras de inundaciones son clave para alimentar las reservas de agua en esas regiones.

 Pese a que hay muchas incógnitas aún acerca de los mecanismos y la futura evolución de esta migración de los ciclones, los científicos constatan que el fenómeno coincide con la conocida expansión de los trópicos hacia los polos, fenómeno que se ha relacionado, al menos en parte, con el cambio climático inducido por la actividad humana. “Ahora que vemos esta clara tendencia, es crucial comprender sus causas de forma que podamos anticipar qué va a ocurrir en los próximos años y décadas”, señala Gabriel Vecchi, científico de la Agencia Nacional de Océano y Atmósfera (NOAA) estadounidense.

Imagen en infrarrojo del tifón Usagi desplazándose hacia Hong Kong en 2013.
Imagen en infrarrojo del tifón Usagi desplazándose hacia Hong Kong en 2013.

James Kossin (NOAA), Vecchi y Kerry A. Emmanuel (científico del Instituto de Tecnología de Massachusetts), han analizado la tendencia de los ciclones tropicales localizando dónde alcanza cada uno su máxima intensidad. Así han descubierto el proceso de migración hacia latitudes cada vez más altas. Y este desplazamiento, afirman en su artículo en la revista Nature, “puede relacionarse con la expansión tropical que se considera tiene una contribución antropogénica”.

Las tormentas tropicales intensas o ciclones (denominados tifones en la región del Pacífico occidental y huracanes en el Atlántico) son fenómenos que se originan en condiciones de bajas presiones, altas temperaturas del agua oceánica, máxima humedad y no mucha diferencia entre las velocidades del viento en la baja y alta troposfera. Los requisitos para su formación se dan precisamente en los trópicos y se desarrollan y desplazan alimentados por el agua del mar, por lo que se desvanecen al poco de llegar a las regiones costeras, donde producen, al entrar, daños devastadores sobre todo si la población no está preparada y protegida. Estas condiciones imprescindibles impiden que el desplazamiento hacia los polos observado continúe indefinidamente, señala Hamish Ramsay, experto de la Universidad Monash (Australia), al comentar el trabajo de Kossin y sus colegas. Sencillamente llega un momento en que el régimen de vientos y la esencial temperatura alta del agua (unos 26 grados) impiden la supervivencia del ciclón tropical, a no ser que se den “cambios no plausibles de las restricciones físicas fundamentales en la circulación atmosférica, como la tasa de rotación de la Tierra”, ironiza Ramsay.

Pese a que los ciclones tropicales se conocen bien y se observan y vigilan perfectamente, lo que facilita la alerta para que las zonas de riesgo puedan prepararse, en la investigación del cambio climático vienen siendo una pesadilla, hasta el punto de que en el último informe (AR5) del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas se clasifica con un “nivel de confianza bajo” la predicción para el futuro de una mayor intensidad de la actividad de estos fenómenos. Un problema es que su frecuencia es relativamente baja como para poder discernir claramente una tendencia en las décadas recientes, en las que se tienen datos precisos sobre los ciclones.

La expansión de los trópicos está relacionada con el cambio climático

“Hace falta investigar más y a más largo plazo para poder determinar si el desplazamiento hacia los polos de la máxima intensidad de los ciclones puede ser relacionada con la actividad humana”, advierten ahora muy prudentemente los investigadores de la NOAA. Y el fenómeno no es uniforme, según los resultados de Kossin, Emanuel y Vecchi, con la máxima migración observada en los últimos 30 años en el Pacífico Norte y Sur, así como en el Índico, mientras que no se observa esta tendencia en el Atlántico.

“Los hallazgos de Kossin y sus colegas aportan conocimiento sobre la respuesta de la actividad global de los ciclones tropicales al cambio climático”, señala Ramsay. Sin embargo, añade, quedan pendientes de respuesta cuestiones clave, como si los futuros cambios en los patrones de vientos harán que los ciclones se acerquen más o se alejen de las costas; qué mecanismos concretos están provocando la expansión tropical y cómo encaja esto con los factores conocidos que modulan la intensidad de los ciclones tropicales.

 

El trópico ensanchado

<US07socied>La franja tropical de la Tierra es cada vez más ancha. La frontera entre los trópicos y las latitudes medias, definida por los regímenes específicos de vientos se está expandiendo, debido al calentamiento global, hacia latitudes cada vez más altas. Y aunque a menudo se identifica el trópico con regiones húmedas, precipitaciones torrenciales y vegetación exuberante, precisamente la frontera con las latitudes medias significa lo contrario: los grandes desiertos tórridos del planeta. Desde 1979, el cinturón atmosférico tropical se ha ensanchado entre 225 y 530 kilómetros, sumando el efecto en ambos hemisferios.

La circulación atmosférica es determinante en las condiciones climáticas del trópico y se caracteriza por las corrientes en ascenso desde el ecuador y el descenso en la zona subtropical (cédulas de Hadley). Esa circulación térmica, con el aire seco descendiendo hacia la superficie terrestre es la que genera los desiertos, y el desplazamiento hacia latitudes altas de la frontera significa que las regiones de las latitudes subtropicales se van desertizando, con cambios en los regímenes de precipitaciones y tendencia a sufrir más frecuentes sequías. La zona del Mediterráneo, el suroeste de Estados Unidos, el sur de Australia, el norte de China y el Altiplano sudamericano son zonas claramente afectadas, por lo que los expertos ya advierten que cada vez tendrán un clima más seco y más caliente, sobre todo en verano.

Es, fundamentalmente, el calentamiento global inducido por la acción humana el que está provocando estas alteraciones climáticas, señalan los científicos. Han identificado algunos factores concretos que intervienen en la expansión tropical, además del incremento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, como la mayor concentración de aerosoles (partículas contaminantes emitidas en la quema de combustibles fósiles) o la circulación del ozono estratosférico.

La expansión registrada de los trópicos, desde hace 35 años, ha sido de entre medio y un grado de latitud por década.