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El obispo del lujo y el derroche dice adiós

El Papa acepta la dimisión del alemán que dilapidó 30 millones en su palacio

El obispo de la diócesis de Limburgo, Franz-Peter Tebartz-van Els, en el encuentro pontificio en Koengstein (Alemania). Ampliar foto
El obispo de la diócesis de Limburgo, Franz-Peter Tebartz-van Els, en el encuentro pontificio en Koengstein (Alemania).

Si hay un obispo que se parezca menos al retrato robot del prelado ideal que, declaración a declaración, ha ido trazando el papa Francisco, ese es Franz-Peter Tebartz-van Elst, titular de la diócesis alemana de Limburgo, amante del lujo y famoso por haberse gastado más de 30 millones de euros en la construcción de la residencia episcopal en lugar de los 5,5 presupuestados. Tras destaparse el dispendio —que incluía un comedor privado de 63 metros cuadrados valorado en casi tres millones de euros y una exclusiva bañera de 15.000, Jorge Mario Bergoglio recibió a Tebartz-van Elst en el Vaticano el pasado 20 de octubre y escuchó sus explicaciones, pero en vez de aceptar en el acto la dimisión que le presentó el prelado alemán, lo apartó de sus funciones y nombró una comisión para que realizase "un profundo examen sobre la construcción de la sede episcopal". Ha sido ahora cuando el Vaticano ha anunciado que finalmente el papa Francisco ha aceptado la dimisión del obispo de Limburgo.

Monseñor Tebartz-van Elst, que en 2008 ya tuvo su minuto de gloria al convertirse, con 48 años, en el obispo más joven de la historia de Alemania, no tardó mucho en destacar por una afición a la buena vida que incluía, por ejemplo, vuelos en primera clase a India. Pero el asunto pasó de castaño oscuro cuando los medios de comunicación alemanes no solo airearon que la sede episcopal había multiplicado su presupuesto inicial de 5,5 millones de euros hasta un coste final de más de 30, sino que a tenor de las declaraciones del arquitecto encargado del proyecto el joven obispo siempre fue consciente de cuál sería a la postre la inversión real. O sea, que cuando en 2010 tasó la reconstrucción de su residencia oficial en 5,5 millones de euros estaba mintiendo.

La polémica, en la que hasta llegó a intervenir la canciller Angela Merkel para mostrar su disgusto por los caprichos caros del obispo, provocó una sangría aún mayor de la habitual entre la grey alemana. Si la media de fieles que reniegan del catolicismo es de uno cada dos días, durante las fechas posteriores al escándalo la cifra se disparó llegando a contabilizarse 50 deserciones en 48 horas. Una ruina moral y económica, por cuanto los católicos alemanes donan anualmente a su iglesia una media de 650 euros, lo que en 2012 arrojó una cifra nada despreciable de 5.200 millones de euros para la conferencia episcopal alemana. Los protestantes recaudaron 4.770.

La oficina de prensa del Vaticano informó ayer de que la Congregación de los Obispos, tras estudiar el informe de la comisión creada por el Papa, había llegado a la conclusión de que "la situación impedía ejercer adecuadamente el cargo a Franz-Peter Tebartz-van Elst", por lo que aceptaba su dimisión, lo dejaba en espera de destino y nombraba como administrador provisional de la diócesis a Manfred Grothe, hasta ahora obispo auxiliar de la diócesis de Paderborn. Ayer mismo, durante la audiencia de los miércoles en la plaza de San Pedro, Jorge Mario Bergoglio volvió a recordar que "los obispos y los sacerdotes deben de estar al servicio de su pueblo". Suele repetir que los quiere "humildes y austeros, en medio del rebaño, con olor a oveja y no en los aeropuertos, haciendo carrerismo".