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“En Holanda había mujeres asustadas, eran delincuentes en España”

Llum Quiñonero viajó a Leyden a abortar en 1982, cuando interrumpir el embarazo era ilegal

La escritora y periodista anunció en un programa de televisión que había abortado

La escritora y periodista Llum Quiñonero, fotografiada en Salamanca.
La escritora y periodista Llum Quiñonero, fotografiada en Salamanca.

En aquella clínica de Holanda había "mujeres asustadas, inseguras, algunas acompañadas de sus madres, todas con gesto grave. Escondidas de sus maridos o novios, inventando algo para poder dejar de trabajar unos días y salir del país para abortar". Era 1982. Llum Quiñonero se encontró en la sala de espera del centro sanitario de Leyden con muchas españolas que, de facto, eran delincuentes en su país, porque en su país la interrupción del embarazo era ilegal.

Llum era una feminista de apenas 30 años y también había viajado para abortar. Pero ella se sentía segura. Militaba en la Comisión Pro-Derecho al Aborto del Movimiento Feminista y de hecho, en el piso de la calle de Barquillo de Madrid, semanalmente informaban a las mujeres sobre las posibilidades de abortar fuera de España. Hasta 1985 no se consiguió la despenalización parcial del aborto en tres supuestos: malformación grave, peligro para la salud física o psíquica de la mujer, además de violación.

“Al contrario que las otras mujeres, me sentí bien, vi que trataban con cariño y respeto a todas, comprobé que el coste era razonable, y, francamente, después de descansar, me fui a dar una vuelta por aquella ciudad universitaria”, relata por teléfono desde Salamanca Llum, que ahora tiene 59 años, y es periodista y escritora.

Mantiene su militancia feminista y no se puede creer que el retroceso que plantea la reforma de la ley propugnada por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, en el que se permite abortar de forma más restrictiva que en la primera norma de la democracia. "Sería el gran paso atrás", se lamenta. "Los derechos de las mujeres representan el nivel de vida y cultural de una sociedad. Es volver 40 años atrás, hacia una dictadura feroz, cuando la maternidad era una obligación. ¿Y qué pasa con esos hijos? ¡Si no hay recursos y forma de vida para los nacidos!"

Cuando Llum aún vivía en Alicante, su ciudad natal, y era conocida como activista de los derechos de la mujer, se enfrentó a una colegiala, 16 años, de aspecto muy enfermo. “Estaba preñada y le había pedido a unos compañeros que le golpeasen el vientre. También se estaba introduciendo pastillas por la vagina”. Se movilizó y gracias a un médico que se jugó el pellejo para intervenir, se pudo salvar la vida de aquella chica. “Luego descubrieron debajo de su cama un frasco de vinagre, imagínate lo que pudo haber pasado”. Aquellas vivencias de la clandestinidad y de la culpa pasan por acompañar a mujeres a un médico que les practicaba el aborto en una casa, sobre una mesa, sin anestesia ni nada.

Llum acompañaba a las mujeres a un médico que les practicaba el aborto en una casa, sobre una mesa, sin anestesia

Las militantes proderecho al aborto más veteranas recordarán a Llum como la mujer que se levantó en un programa de televisión en directo (corría 1985) y dijo: "Yo he abortado". Era el espacio Si yo fuera presidente, de Fernando G. Tola y entre los invitados estaba el padre del actual ministro de Justicia, José María Ruiz-Gallardón, vicepresidente de Alianza Popular; Isabel Tocino, presidenta de la Asociación Democrática Conservadora, y la abogada Cristina Alberdi, que se pronunciaba a favor del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo.

Llum lo cuenta así: "No habían invitado a las mujeres de la Comisión Pro-Derecho al Aborto, pero nos habíamos quedado entre el público. En un momento dado, me levanté y lo dije. Le tuve que explicar a mi madre, que no sabía nada, que realmente era una manera de luchar, que se trataba de una forma de reivindicación. Y ella me reprochaba, 'pero hija, ¿qué necesidad había de que fueras precisamente tú la que lo dijeras?'. Por entonces se estaba tramitando la primera ley del aborto de la democracia, que sería más progresista que la que pretende instaurar el Gobierno.

Llum, la mujer que peleó por aquella primera ventana a los derechos, no se resigna: "Se me ponen los pelos de punta. No, no podemos darlo por hecho. No podemos volver a eso, y somos mayoría. No es una cuestión política. La sociedad empieza por ahí".

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