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Los obispos eligen secretario general y portavoz a Gil Tamayo por gran mayoría

Miembro del Opus Dei, fue adjunto del portavoz del Vaticano, el jesuita Lombardi, durante el pasado cónclave

José María Gil Tamayo, nuevo secretario general de los obispos. Ampliar foto
José María Gil Tamayo, nuevo secretario general de los obispos. efe

El sacerdote extremeño José María Gil Tamayo estaba esta mañana a 400 kilómetros de Madrid, en Badajoz, cuando recibió la llamada del cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Los obispos, reunidos en asamblea plenaria, acababan de elegirlo secretario general para el quinquenio 2013-2018, le comunicó por teléfono. “Que Dios les perdone”, se dice que contestó. Había recibido 48 votos, es decir, una holgada mayoría absoluta. Apenas 17 prelados optaron por el obispo de Guadix, Ginés Ramón García, y otros 12 votaron al prelado auxiliar de Rouco, César Augusto Franco, además de dos sufragios en blanco. Era la terna elevada al plenario por la Comisión Permanente episcopal.

El nuevo dirigente episcopal, que muy probablemente será también portavoz de la CEE, no es un novato en la Casa de la Iglesia, que es como se conoce a la sede de la Conferencia Episcopal en la calle Añastro de Madrid. “Es muy querido y muy conocido en esta casa”, remachó el director de la Oficina de Información, Isidro Catela. Efectivamente, Gil Tamayo fue durante 13 años director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la CEE, entre 1998 a 2011. Abandonó ese cargo para regresar a su diócesis, donde es canónigo de la Catedral de Badajoz, párroco de san Juan Bautista de Badajoz, delegado episcopal para el Patrimonio Cultural y miembro del Consejo del Presbiterio.

Con 48 votos, Tamayo fue elegido por una holgada mayoría

La larga biografía oficial distribuida esta mañana por la Conferencia Episcopal nada dice de que el nuevo secretario general es miembro del Opus Dei, aunque sí que estudió teología y periodismo en la Universidad de Navarra, propiedad de esa organización eclesiástica. Juan Rubio, director de la revista Vida Nueva, de la congregación marianista, se refería a esta circunstancia poco más tarde. “Era de esperar que, ante el nombramiento, aflorase esa vinculación. A nadie se le oculta que su espiritualidad sacerdotal está ligada a la Obra, si bien todos coinciden en decir que es un rara avis, en el buen sentido. No pertenece a la Prelatura. Es cura diocesano”.

¿La elección es una cuña del Opus Dei en la calle Añastro, en contra de la voluntad del cardenal Rouco? Es exagerado decir tal cosa porque, como afirma Juan Rubio, “los adjetivos no son importantes; el sustantivo es lo fundamental”. Además, en la Casa de la Iglesia hay cargos y funcionarios de todos los colores. Lo fundamental en Gil Tamayo, del Opus Dei o no, es su competencia en temas de comunicación y de relaciones con la sociedad, que es lo que más necesitan los obispos españoles después del largo y bronco mandato del portavoz saliente, Juan Antonio Martínez Camino.

El nuevo portavoz es experto en temas de comunicación

El prestigio de Gil Tamayo en el sector se ha labrado en múltiples frentes. Tras abandonar Añastro, fue llamado por el Vaticano para ser portavoz en lengua española del Sínodo de los Obispos celebrado del 7 al 28 de octubre de 2012, y desempeñó la tarea de adjunto para lengua española del portavoz de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi, durante el periodo de renuncia de Benedicto XVI, el cónclave y elección del papa Francisco, en febrero y marzo de este año. Socio de la Asociación de la Prensa de Madrid y de la Federazione Nazionale Stampa italiana, es editorialista del diario oficial del Vaticano, L' Osservatore Romano; miembro del consejo de administración de la radio de los obispos COPE, y colaborador de las revistas Ecclesia y Palabra, y del diario La Razón, además de comentarista habitual de temas religiosos en varios medios de comunicación audiovisual. Está realizando su tesis doctoral en comunicación social institucional en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, también del Opus Dei.

Ordenado sacerdote en Valencia, en 1982, nada menos que por el papa Juan Pablo II (un signo de distinción que pocos curas suelen recibir), Gil Tamayo es campechano y abierto, o al menos así se le presentaba esta mañana. Nació el 5 de junio de 1957 en Zalamea de la Serena (Badajoz) y fue cura rural durante nueve años en varias parroquias pacenses, hasta que en 1992 se hizo cargo de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de su diócesis. También participó en la creación de la emisora diocesana Popular TV.