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“No me siento nada identificado con la burguesía rentista”

El empresario acababa de salir de una enfermedad de médula muy grave cuando pasó a dirigir la empresa familiar Levante Capital Partner

Una enfermedad de médula le hizo madurar de golpe. Ampliar foto
Una enfermedad de médula le hizo madurar de golpe.

A las once de la mañana, cuando aparece en el café de la Librería Laie, Antonio Renom lleva ya cerca de seis horas de pie. Su jornada empieza alrededor de las cinco y media en el gimnasio, desde donde se va directo a su despacho, en un edificio modernista del centro de Barcelona. Desde allí, este empresario de 34 años dirige un patrimonio familiar que empezó a fraguarse en el siglo XIX, cuando sus antepasados hicieron fortuna con el comercio de especies en Asia y luego con el textil. Paradójicamente, fue un producto procedente de India, donde se cimentó su fortuna, el que puso fin a ese negocio en la década de 1970. “Un día llegó un tejpido de India. Lo examinaron y negaron con la cabeza. No había nada que hacer, era imposible competir. Cerraron”, cuenta.

Renom, que a media mañana ya se debate entre el café y la coca-cola, pertenece a la sexta generación de una familia, la de los Vicente Ballester, que fue forjando su patrimonio “de forma muy discreta” durante la segunda mitad del siglo pasado. Cuando sus padres les pasaron el testigo, sin embargo, él acababa de salir de una enfermedad de médula muy grave que lo hizo madurar de golpe cuando aún era un veinteañero. “Pasas de ser un idiota de 20 años a una persona de casi 40. Entraba en el quirófano sin saber cómo iba a salir y con la sensación de haber perdido el tiempo”, recuerda.

Librería Laie. Barcelona

  • Dos cafés con leche: 3,40 euros.
  • Una magdalena: 2,10 euros.

Total: 5,50 euros.

Superó la operación. “Tenía dos retos: el profesional y el físico. Debía superar el autolamento y demostrarme que podía superar mis límites”. Para romper ese techo y contra el pronóstico de los médicos que lo atendieron, Renom culminó la rehabilitación en cinco meses en lugar de doce y se preparó para entrar en la unidad de operaciones especiales de la Armada, que había abierto la convocatoria de plazas a civiles. “Un amigo me dijo: ponte con la experiencia más bestia que encuentres y supérala”. Lo volvió a lograr. “Estuve tres años. Empezamos en esa unidad 178 personas y acabamos 22”.

Tras el paso por lo que hoy describe “el infierno”, siguió sus estudios en Berkeley y luego pasó al mundo financiero. En su currículo constan los bancos Bear Sterns y ABN Amro. En 2008, cuando arrancó la crisis, estaba en su epicentro. De esos días recuerda el “pánico, la rumorología, las operaciones que se caían…”.

El inversor tiene un plan de mecenazgo internacional para el Liceo

La muerte de su hermano, que estaba al frente de la empresa familiar Levante Capital Partner –“a mi bisabuelo le gustaba mucho ese viento”, aclara—, le hizo dejar un empleo que le obligaba a vivir subido en un avión y regresar a Barcelona para asumir la gestión de una cartera de inmuebles valorada en 100 millones y una firma de capital riesgo que invierte en proyectos industriales.

Todo ese ajetreo, tan concentrado en una década de vida, explica su inquietud, que se plasma en el proyecto de mecenazgo que ha ideado para el Liceo, consistente en crear una fundación en Nueva York que capte fondos de filántropos estadounidenses. “El Liceo es un producto estupendo, pero ahora es para los catalanes. Hay que ir al mundo y presentarse como hacen la Ópera de París o el Covent Garden”. La efusión que manifiesta desde que se ha sentado en la terraza de Laie también lo ha llevado a romper la tradición de evitar los medios de comunicación —“sí, muy catalana”, admite— o a desmarcarse de la burguesía “rentista” y reivindicar la “industrial, emprendedora”. “De rentista, nada. Me gusta generar riqueza”.