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André Fontaine, el director que reflotó ‘Le Monde’

Se le consideraba uno de los grandes analistas de las relaciones internacionales durante las últimas décadas

André Fontaine en febrero de 1985, poco después de ser nombrado director de 'Le Monde'.
André Fontaine en febrero de 1985, poco después de ser nombrado director de 'Le Monde'.

Tenía 91 años, y era todavía uno de los más veteranos colaboradores de Le Monde, el hombre que conoció de cabo a rabo la historia del periódico fundado en 1944. Nacido en 1921 en París, André Fontaine pasó por todos los cargos posibles en la redacción, a la que llegó en 1947. Fue reportero, jefe de sección, redactor jefe, editorialista, director y analista jubilado. Y vivió todas las mudanzas de sede del vespertino: de la rue des Italiens a la rue Falguière, de la rue Claude Bernard al boulevard Auguste Blanqui. Fontaine murió este domingo en la capital, y su figura fue glosada por el presidente de la República, François Hollande, que en una nota afirmó que como director, Fontaine “supo modernizar el periódico conservando el rigor, que era, para él, la marca del diario”.

Según el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, “este gran patrón de la prensa fue uno de los grandes analistas de las relaciones internacionales de los últimos 60 años, y formó a generaciones de lectores en las sutilezas de los equilibrios nacidos tras la II Guerra Mundial”.

Hijo de un tendero, licenciado en Letras y Derecho, André Fontaine empezó su carrera en el semanario católico Temps présent, pero fue llamado enseguida por el fundador y primer director de Le Monde, Hubert Beuve-Méry (HBM), para incorporarse a Le Monde como jefe adjunto de información general. Tenía 26 años, y Beuve-Méry le hizo pasar un examen de actualidad que aprobó con honores. Fontaine hizo una carrera meteórica. En 1951, HBM presenta su dimisión tras ser fuertemente criticado por los atlantistas, que le acusan de connivencia con la Unión Soviética, aunque acaba dando marcha atrás. Fontaine, que le defiende, asciende a la jefatura de Internacional con 30 años. La lucha interna acaba con la creación de la Sociedad de Redactores —que hasta hoy mantiene su poder de veto sobre el director propuesto por los accionistas— y con una modificación de los estatutos.

Según contaba Robert Solé en el obituario publicado por Le Monde, Fontaine redactó más de mil Boletines del extranjero, que era el título del editorial no firmado que aparecía en primera página y que el autor leía en voz alta a HBM antes de mandarlo a la imprenta. Fontaine escribió una Historia de la Guerra Fría en dos tomos que se consideró una obra de referencia.

HBM siguió siendo director hasta 1967, pero no fue Fontaine quien le relevó, sino Jacques Fauvet. Aunque se llevaba mal con él, Fontaine rechazó una oferta de Valéry Giscard d'Estaing para ser embajador de Francia en Pekín, y se convirtió en jefe de Opinión y analista de Internacional. Lector insaciable y gran orador, se expresaba según Solé “con una voz límpida, reposada, sorprendentemente joven, sin sombra de duda”. Y con mucho sentido para las sentencias. Sobre su director y maestro dijo: “Era demasiado gaulliano para ser gaullista”.

Tras publicar varios libros más y recibir condecoraciones dentro y fuera de Francia, en 1980 la crisis económica y la división del periódico abre una nueva batalla electoral para suceder a Fauvet. Fontaine se presenta contra otros tres candidatos, pero gana la partida André Laurens, que dimite en 1984 y pide a Fontaine que salve los muebles. A sus 63 años, se convierte en director en enero de 1985, y pide a sus redactores “un esfuerzo de síntesis y claridad”, y que dejen de escribir para los especialistas, recordándoles que el periódico "no es un manual de Ciencias Políticas” y que no pasa nada por redactar “con talento, humor y en menos palabras, pero llenas de vida”.

Desde ese día, el dibujo de Plantu figurará cada día en la primera página, y Fontaine aplica a las cuentas del diario una cura de caballo. Se vende el edificio, se bajan los salarios y se crean dos tipos de accionistas: Le Monde empresas, con una veintena de inversores; y la Sociedad de Lectores de Le Monde, presidida por Alain Minc, que aporta 11.600 suscriptores. Ese año, una exclusiva de Edwy Plenel y Bertrand Le Gendre revela que el atentado contra un barco de Greenpeace fue ordenado y ejecutado por los servicios secretos y devuelve a Le Monde la sensación de independencia perdida tras unos años de excesiva identificación con el socialismo.

Las cuentas mejoran, Fontaine introduce el color y los ordenadores, pero alcanza la edad máxima permitida por los accionistas en 1991. Según escribía Robert Solé, en los años sucesivos, Fontaine nunca dejó de ir al periódico donde pasó la vida, ayudado por un bastón, y se fue apagando lentamente, artículo a artículo.