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Agricultores aliados de la biodiversidad

Murcia, Tarragona y Girona demuestran en estos días las sinergias entre biodiversidad y agricultura.

Cientos de iniciativas en toda España combinan la conservación con la rentabilidad agraria.

En el Campo de Cartagena, Murcia, compatibilizar los cultivos con la nidificación de la canastera, ha logrado que la especie llegue a 45 parejas cuando hace 30 años se dio por extinguida en la región. Ampliar foto
En el Campo de Cartagena, Murcia, compatibilizar los cultivos con la nidificación de la canastera, ha logrado que la especie llegue a 45 parejas cuando hace 30 años se dio por extinguida en la región.

“Está constatado que con métodos biológicos se puede reducir el 80% de las plagas”. Esta es una de las frases que se escucharon ayer durante el seminario Fauna auxiliar en el sureste celebrado en el Centro Educativo de Medio Ambiente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (Cemacam Torre Guil), en Sangonera la Verde (Murcia), que se enmarca en el proyecto Agricultores y biodiversidad, aliados por naturaleza. La intención principal de esta iniciativa es fomentar el uso de métodos biológicos y la reducción del uso de pesticidas en la agricultura, y demostrar con ello que no solo es beneficioso para biodiversidad, sino que “resulta una poderosa herramienta tanto en el control de plagas como en la mejora de la producción”. La misma idea mueve a centenares de proyectos por toda España, sea en regadíos, secano, pastizales de montaña o vegas.

Ramón Navia, el autor de la frase que abre el artículo, es agricultor e ingeniero técnico agrícola con una experiencia de 20 años en la aplicación de estos métodos. También es asesor del proyecto, que lidera la Asociación de Naturalistas del Sureste (Anse) y forma parte del Programa Empleaverde de la Fundación Biodiversidad, cofinanciado por el Fondo Social Europeo. Su experiencia resulta especialmente válida para las 90 personas que acudieron al Cemacam, pero la intención es que muchas más, principalmente agricultores, conozcan las ventajas ecológicas y económicas que supone implantar este tipo de agricultura. El desarrollo de fauna auxiliar (mariquitas y chinches depredadores, abejas polinizadores, avispas parásitas…) forma parte de las alternativas, entre otras muchas. “A través de cursos de formación se explican y visitan casos prácticos, se les anima y asesora para que experimenten y desarrollen los mismo métodos y comprueben los beneficios”, señala Carmen María Sánchez, coordinadora del proyecto y técnica de Anse.

Mariquitas y chinches, abejas polinizadores y avispas son grandes aliadas de la agricultura biológica

Lo tendrán fácil en cuanto a la visualización de los casos prácticos. En el Campo de Cartagena, varios agricultores llevan casi una década colaborando con Anse para compatibilizar sus cultivos con la nidificación de la canastera, una especie de ave que se dio por extinguida en Murcia en los años ochenta del pasado siglo. Ahora suma 45 parejas gracias a la realización de laboreos selectivos y la reducción de la carga química sobre las plantaciones. Anse también promovió el desarrollo de setos con plantas autóctonas (lentisco, aladierno, palmito…) como refugio de fauna útil para los cultivos (polinizadores, depredadores de plagas…) y aportación natural de materia orgánica y nitrógeno al suelo. Algunos agricultores mencionan que en parcelas sin estos setos pierden el 50% de sus cosechas, y en otras con ellos se quedan en el 15% de pérdidas.

Durante esta misma semana, la empresa Rietvell, en la que participa la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), daba a conocer las mejoras conseguidas en sus campos de arroz ecológico del delta del Ebro (Tarragona) gracias a dos nuevas medidas: la introducción de caballos de raza de La Camarga y actuaciones en el sistema de riego. Con los caballos se mejora la gestión de la vegetación palustre de los carrizales y las zonas no cultivadas de la finca y con el riego se optimiza el uso del agua y garantiza niveles adecuados en la laguna de Riet Vell y en los arrozales ecológicos colindantes. Son otras dos maneras de proteger la biodiversidad y rentabilizar las explotaciones, que en todo el delta abarcan 75 hectáreas. Muy pocas en comparación con las 21.000 convencionales existentes, pero con un creciente interés de agricultores por cambiar a ecológico.

Sin salir de Cataluña, el Alt Empordà, en Girona, acoge la réplica de otro caso de éxito que comenzó en Baleares, en concreto en la isla de Menorca. Allí 22 fincas se acogen desde 2004 a los acuerdos de custodia agraria del territorio que promueve el Grup Balear d'Ornitologia i Defensa de la Naturalesa (GOB) de esta isla. Son 1.550 hectáreas en las que hay olivos, viñedos, plantas forrajeras y hasta recuperación de razas autóctonas, como la vaca menorquina. Para muchos de los agricultores acogidos a estos acuerdos la iniciativa supuso una tabla de salvación ante la caída de la ganadería intensiva que alimentaba la fabricación de quesitos de la multinacional Kraft, que demandaba un alto consumo de recursos.

En Menorca, 22 fincas se acogen desde 2004 a los acuerdos de custodia agraria del territorio

En el Alt Empordà quieren seguir los mismos pasos y ya son ocho las fincas en las que se lleva a cabo el proyecto Cultivant sinergies, en el que colabora, además del GOB, la Institució Altempordanesa per a la Defensa i Estudi de la Natura (Iaeden), y cuenta con cofinanciación del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y los fondos europeos Feader. Este mismo fin de semana hay oportunidad de conocer de cerca los resultados del proyecto porque se presenta en el Mercat de la Terra de la Fira Eco.sí de Girona. Además de tener a mano a los promotores y productores se podrán degustar las verduras, vinos, zumos, mermeladas y quesos que salen de la iniciativa.

Tras buena parte de los más de 1.300 programas de custodia del territorio que tiene registrados la Fundación Biodiversidad en una página web creada al efecto sobresale la compatibilidad entre conservación de hábitats y especies y producción agraria, ganadera y forestal. Las experiencias son múltiples y, de cara al futuro, el seminario de Anse en Murcia deja más puertas abiertas en sus conclusiones: “Existe una actividad económica creciente en torno a los beneficios que aporta la biodiversidad a la agricultura (extractos vegetales, comercialización de insectos predadores, cultivo de plantas protectoras) y amplios campos pendientes de investigación y desarrollo”.