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Las primeras muestras traídas de un asteroide son idénticas a muchos meteoritos

Los científicos analizan a fondo el material que la nave 'Hayabusa' recogió en el Itokawa y transportó hasta la Tierra

El viaje de la nave japonesa Hayabusa no pudo ser más accidentado, salpicado de fallos e incertidumbres, pero finalmente regresó y cumplió con su objetivo de traer a la Tierra muestras obtenidas en el asteroide Itokawa. Que había logrado traer algo genuínamente extraterrestres se supo poco después del descenso de la cápsula en Australia en junio del año pasado, pero los resultados de los análisis exhaustivos de las muestras se conocen ahora. La principal conclusión de los científicos es que las partículas de roca del Itokawa de tipo S son idénticas a la mayoría de los meteoritos, llamados condritas, que caen en la Tierra, o, dicho de otro modo que las condritas son trozos de asteroides rocosos tipo S. Las condritas son de los objetos más primitivos del Sistema Solar, así que esos asteroides deben ser auténticos registros de la historia de los primeros tiempos del Sol y los planetas.

Lanzada en 2003 por la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), la Hayabusa sufrió problemas técnicos en su viaje al Itokawa, pero llegó a su destino. Fue en 2005 y allí tomó datos y fotografías antes de descender a la superficie del asteroide para intentar tomar muestras en dos puntos. Hubo fallos y soluciones de última hora en esa delicada maniobra y no funcionó el colector principal de partículas, hasta el punto de que, cuando la nave emprendió el regreso a la Tierra no se sabía si realmente traía partículas de la roca celeste que había visitado. Sólo se pudo comprobar que efectivamente transportó esas preciadas partículas (aunque en menos cantidad de lo que se había planeado) tras el descenso y aterrizaje (en Australia, en junio de 2010) de la pequeña cápsula en la que iban depositadas.

Varios equipos científicos japoneses, pero en colaboración con estadounidenses y australianos, han aplicado a las partículas de Itokawa modernas técnicas de análisis en laboratorio, desde potentes microscopios electrónicos hasta técnicas de difracción de rayos X, y ahora dan a conocer los resultados en seis artículos publicados por la revista Science. Hasta ahora sólo se han traído a la Tierra cuatro tipos de muestras extraterrestres: la lunares de las misiones estadounidenses y soviéticas de los años sesenta y setenta; las partículas de viento solar captadas por la sonda Genesis y las muestras de un cometa de la Stardust, ambas de la NASA. Las del asteroide, por lo tanto, son una completa novedad.

"Nuestra investigación demuestra que las partículas de roca recuperadas del asteroide tipo S son idénticas a las condritas ordinarias, lo que demuestra que los asteroides son cuerpos muy primitivos del Sistema solar", afirma Tomoki Nakamura (Universidad Tohoku en Sendai, Japón), líder de unos de los equipos de análisis. Los investigadores, además, señalan que la regolita (partículas rocosas y polvo) del Itokawa han sufrido un proceso intenso de calentamiento y de impactos y los científicos deducen que este asteroide -dado su tamaño- está hecho de fragmentos de uno mucho mayor, explican los expertos de la revista Science.

Otro grupo de investigadores se han centrado en los minerales presentes en los granitos de roca del Itokawa y han identificado elementos primitivos del Sistema Solar. A partir de estos análisis, los científicos pueden hacer comparaciones con los meteoritos que caen a la Tierra y con otros asteroides. De hecho, una aportación científica esencial de la misión Hayabusa son es poder realizar correlaciones entre muestras, meteoritos y cuerpos rocosos del Sistema Solar basadas en análisis exhaustivos de laboratorio y no sólo en observaciones astronómicas y análisis espectrales.

Los científicos también han comparado las partículas de polvo del asteroide con las de las muestras lunares que se trajeron en los programas Apolo (EE UU) y Luna (Unión Soviética). La conclusión es que las rocas del Itokawa responden a los efectos de la erosión y los impactos en la superficie del asteroide, mientras que la regolita lunar, que ha pasado más tiempo expuesta al viento solar, está más alterada químicamente.

"Es asombrosa la cantidad de datos que podemos obtener de estos análisis de una muestra tan pequeña del Itokawa", señala Michael Zolensky, investigador de la NASA y miembro del equipo de investigación de la misión Hayebusa. "Cuando los científicos analizaron la regolita de la Luna, necesitaron muestras de un kilo, pero en los 40 años transcurridos los expertos han desarrollado tecnologías para analizar muestras extremadamente pequeñas y ahora nosotros obtenemos toda la información sobre el Itokawa con sólo unos pocos nanogramos de polvo del asteroide".

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