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Una infraestructura científica para el futuro

La nueva 'ciudad' Alba se gesta como proyecto a largo plazo

La Generalitat confía en el poder de arrastre de empresas del sincrotrón

A la región metropolitana de Barcelona le ha crecido una enorme infraestructura científica en forma de caracola junto a Cerdanyola del Vallès. Pero más allá de la incuestionable importancia del sincrotrón en sí mismo, las autoridades catalanas confían en su poder de arrastre para la economía, más que nunca, en esta travesía de crisis y vahos preelectorales.

Este poder de arrastre se juega alrededor del acelerador de partículas, donde se está gestando el complejo parque Alba, que implica la transformación de 340 hectáreas, dos tercios de ellas con vocación de acoger actividad económica: un parque científico y empresarial que aspira a captar compañías de sectores punteros como la biomedicina, la agroalimentación y la industria quimicofarmacéutica. En esta primavera recién estrenada está previsto el arranque de la comercialización de parcelas urbanizadas.

Dos de las cifras oficiales del proyecto dan idea, sin embargo, de hasta qué punto estamos ante un reto de largo plazo. La primera es la supuesta generación de 40.000 empleos alrededor del sincrotrón, según sostienen sus impulsores y el Gobierno catalán. Esa cifra describe la cifra de puestos de trabajo que la zona puede llegar a concentrar. No hay más concreciones. Por ahora, no hay lista de empresas que hayan pedido instalarse, más allá del centro tecnológico que tiene ya como pica La Caixa, según sus portavoces. Y la segunda es el levantamiento en la nueva ciudad de un barrio sostenible con 3.500 viviendas. En plena debacle inmobiliaria, no culminará más que "en un plazo de entre 15 y 20 años".

La pregunta del millón es cuántas empresas acabarán instalándose por los alrededores gracias al sincrotrón. Los cálculos sobre quién protagonizará el grueso de la investigación que realizará el sincrotrón de Cerdanyola otorgan a las empresas privadas (no precisamente españolas) entre el 5% y el 10%, "siendo optimistas", según las estimaciones de Ramón Pascual, presidente del consorcio Sincrotrón Alba. "El primer empujón seguro que es público, pero las empresas deben ir ganando terreno", augura el consejero de Innovación, Universidades y Empresa, Josep Huguet. Según sus cálculos, el radio de acción territorial que tiene un sincrotrón se estima en 300 kilómetros; es decir, que empresas radicadas hasta a esa distancia tienden a utilizarla. Huguet subraya que del sincrotrón podrían beneficiarse las divisiones más innovadoras de sectores que mueven un tercio del PIB catalán. El Incasòl tiene previsto un espacio vivero para las empresas que tengan que utilizar el sincrotrón con cierta asiduidad.