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Los médicos de familia sitúan en 12 años el mínimo para atender a un menor solo

Aprovecharán las visitas a consulta para informar sobre sexualidad y drogas

La atención primaria es, en España, la puerta natural para el sistema de salud. Por eso los médicos de familia se enfrentan cada vez a situaciones más complejas. Una de ellas, como acaban de discutir en unas jornadas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comuntaria (Semfyc) celebradas en Sevilla, es qué hacer con los menores, si debe hablarse con los padres, si se les puede tratar a ellos solos... etcétera. "Lo primero, es valorar el motivo de la consulta y determinar el grado de urgencia. Si es un problema grave que requiere una intervención inmediata se debe actuar buscando el mayor beneficio del menor aun sin la presencia de sus padres. Si es algo demorable, intentamos localizar a sus padres antes de actuar. Entre los 12 y 16 años es posible la valoración del menor sin la presencia de sus padres siempre que previamente se haya analizado el grado de madurez del paciente para esa circunstancia concreta y se haya considerado que el paciente es capaz de comprender el alcance de la intervención", resume Soledad Holgado, del grupo Lex Artis de la Semfyc.

Esta interpretación es conforme a la ley de autonomía del paciente, que fija en 16 años la edad a partir de la cual la opinión definitiva para aceptar o no un tratamiento o una intervención (con tres excepciones: donación de órganos, reproducción asistida y aborto, aunque este último aspecto puede cambiar con la reforma de la ley que propone el Ministerio de Igualdad), pero que establece que a partir de los 12, si el adolescente tiene la madurez adecuada, su opinión será tenida en cuenta. Con el planteamiento de la Semfyc van al extremo más permisivo de la interpretación de la norma, pero se justifica porque hablan de valoración (y posible tratamiento) de enfermedades leves, que son las que normalmente se solucionan en una consulta de primaria. Las más graves requieren otros servicios (hospitalización o consultas especializadas) donde será más importante que intervengan los tutores de los chicos.

Otro problema con el que pueden tener que lidiar los médicos es el del consumo de drogas por menores. En ese caso "al igual que hacemos cuando hablamos con ellos sobre sexualidad, siempre pesamos en el beneficio del menor. Buscamos un equilibrio entre no perder la confianza del menor, respetando su derecho a la información y la confidencialidad, a la vez que facilitamos la ayuda de los padres. Es importante animarles a que sean ellos mismos los que se lo cuenten a sus progenitores", opina José Zarco.

Una de las novedades que se acaban de incorporar a la atención es que las menores ya no necesitan que un médico les recete la píldora del día siguiente. "Desde nuestro ámbito profesional, lo único que ha cambiado con la libre dispensación es que ya no es necesario que hagamos la prescripción, pero sigue siendo nuestra labor facilitar toda la información posible al adolescente para que entienda la sexualidad como parte de su salud", insiste Holgado.

También afrontan los médicos un cambio en la actitud de los pacientes. cuyo ejemplo más extremo es el de la voluntad de hacer un testamento vital. "Lo que es importante que los profesionales sepan informar a sus pacientes sobre la posibilidad de hacer testamento vital, facilitando así el proceso de reflexión previo a la elaboración de este documento", afirma la Semfyc.