POR LOS PELOS

4. La cosa se pone seria

Una redactora de EL PAÍS se hace el primer test genético que se realiza en España para detectar una futura calvicie. En tres semanas obtendrá los resultados. Hasta entonces, la ocasión perfecta para hablar de la alopecia común y, sobre todo, de cómo nos afecta a las mujeres

Los resultados ya están en el laboratorio. Esperándome. Tenía que haber ido ayer pero afortunadamente las circunstancias no me lo permitieron. Qué pena.

Yo que esperaba que se perdiesen en el camino, el sobre se traspapelase en el avión, en el camino, que mis datos se mezclasen con los de otro, quizá alguien con una frondosa melena... Pero no, "le llamamos de Svenson, puede venir a recoger sus resultados cuando quiera".

Después de tres semanas pensando en el problema no he podido llegar a ninguna conclusión. Tan sólo que, si los resultados son positivos, tendré que plantearme seriamente comenzar con el minoxidil y a ahorrar para pelucas (una sintética puede llegar a los 500 euros, la natural puede pasar de 1.000)...

Ni gripe ni gripo, esto es mucho peor... cuando tenga valor me acerco a por los resultados.

3. Porque entender el fenómeno te ayuda a controlarlo... o no

9 días. Aparte de crecepelos y pelucas, hay que pensar en los remedios para cuando me den, si me la dan, la peor de las noticias: positivo en calvicie. Y entonces también tendré otras preguntas que no me va a solucionar el test: ¿cuánto tiempo me queda? ¿por qué a mí? ¿qué hago ahora?

En la presentación apenas se habló de los productos disponibles para evitar la caída. El minoxidil es el principio activo que más se utiliza, pero, por tener, tenemos tal abanico que parece que prácticamente todo es válido para frenar la calvicie: diluir dos pastillas anticonceptivas en agua y mezclarlas con el champú habitual (no sé si tendrá efectos secundarios), una mezcla de vinagre y hortigas frescas, el polivalente aloe vera, mezcla de aceite de oliva y nueces, bálsamo de cebolla o incluso untarse con mostaza durante tres horas - este último no lo recomiendo.

Y pertenecer a un foro. En los foros te enteras de lo último y encima puedes pasar horas entretenido. La página alopecia-pelo-salud (bajo el epígrafe: porque entender el fenómeno te ayuda a controlarlo...) aprovecha para tratar de ponerte a régimen con la excusa de evitar que se te caiga el pelo: fuera chocolate, café, helados, frituras y grasas. Creo que más de uno prefiere estar calvo antes que quitarse de todo esto, ¿no?

La verdad es que por mucho que mire ni entiendo ni controlo mucho sobre como evitar ser una futura calva. Con lo poco que queda... voy a tener que pensar algo serio, no quiero que la alopecia me coja desprevenida.

2. La peluca, ese complemento imprescindible

Quién hubiera pensado que me preocuparía tanto... de repente sí hay tantos calvos como decían la estadísticas. En el metro, en el bus, por la calle... ¡algunos de mis amigos también deberían preocuparse! He estado rastreando en el álbum familiar y, bueno, mi abuela aún no está mal a sus 94. Entre las mujeres a los 50 no he encontrado casos demasiado preocupantes, pero tampoco quiero bajar la guardia. De entradas no andan mal, y tampoco hay lo que se diga mucha cantidad de pelo.

La alopecia femenina es impertinentemente curiosa. No nos empiezan a salir entradas ni nos quedamos con la típica coronilla, vale, pero los pelos empiezan a estar cada vez más separados hasta que prácticamente puedes ver cada poro. Triste, pero no irremediable. En vista de que hay que considerar la posibilidad, seré práctica y empezaré a pensar en crecepelos, pelucas, extensiones e injertos.

Después de mirar un poco en Internet descubro que la "posticería" (de postizos y derivados) es todo un mundo. Las pelucas vienen de la antigüedad y, aunque en principio eran un privilegio reservado a reyes y nobles, ya se popularizaron y eran lo más en el nuevo Imperio Romano. El catolicismo las prohibió durante un tiempo por ser un complemento demoníaco... Desde ahí al revival de los sesenta, cuando pelucas y postizos se convirtieron en un complemento ideal para llevar peinados voluminosos y hasta imposibles. Así que, en caso de necesidad, ¿por qué no volver a popularizarlas? Las extensiones no son, ni más ni menos, que cierta forma de peluca. En una ocasión, antes de saber que iba a tener en mis manos mi futuro capilar, ya me puse pelo ajeno, todo un éxito hasta que quise quitármelo, que con las extensiones me arrancaron una buena parte de mi pelo enredado y prácticamente convertido en rasta...

Aparte de la posticería, hay algunos productos químicos, útiles si el problema no está muy avanzado. Aquí hay que tener cuidado con los timos de todo tipo. Desde "crecepelo Amador", con muchos más ataques que elogios en la web, a críticas a todo tipo de clínicas. No sé, supongo que el problema es demasiado complejo y que, aparte de los timos descarados, tampoco habrá soluciones milagrosas. En cualquier caso, voy a seguir investigando a ver qué otras posibilidades hay...¡Sólo quedan 16 días!

1. La prueba

¿Soy una calva en potencia? ¿Me queda poco de lucir el pelo? Eso de que los hombres son los únicos que sufren alopecia, desgraciadamente para nosotras, es mentira. La mitad de ellos son calvos a los 50, ¡y el 40% de nosotras! Por eso, ayer fui a hacerme el primer test genético que se realiza en España para confirmar si en el futuro me esperan pocas sesiones de peluquería. Y de paso, hablar un poco de pelos, de cómo su ausencia nos afecta a las mujeres, y de los remedios, que los hay.

La calvicie común, o alopecia androgenética como se llama técnicamente, empieza mucho antes de que nos demos cuenta, especialmente somos las mujeres las que sólo le vemos las orejas al lobo cuando ya es demasiado tarde... Los médicos de Svenson, que comercializa el test, han llevado a la presentación a Jorge, de unos 20 años y sin aparentes problemas, y a su padre, Carlos, con la cabeza como una bola de billar. Los resultados se los han dado en directo, recién llegados de Estados Unidos (aún no hay laboratorios de este tipo en España). ¿Ha heredado Jorge el gen del receptor androgenético gracias al cual tendrá más del 70% de posibilidades de ser calvo? Y la respuesta es... ¡No! El chico respira algo más que aliviado, su padre le mira divertido y yo no quiero esperar más para que tomen las muestras.

Pero antes de la prueba, la doctora Aurora Guerra, dermatóloga experta, nos muestra cuadros que a lo largo de la historia han identificado la calvicie con la fealdad o la vejez. Por si aún no estaba del todo nerviosa, sus explicaciones a tenor de Las tres edades del hombre de Giorgione vienen a confirmarnos: 1. la asociación calvo-viejo. 2. Los problemas psicológicos que se pueden derivar. Y 3. Que un diagnóstico precoz es la única manera de combatir el problema con eficacia. Que la perdonen los calvos.

Por ahora nada de soluciones, sólo hablamos de calvos conocidos, de famosos que se han implantado pelo (¿vieron las fotos del antes y el después de José Bono? Los injertos se multiplicaron por tres en los meses siguientes) y de tratamientos en fase de experimentación. Aquí otro dato: las mujeres son las peor paradas a la hora de desarrollar nuevos fármacos porque les afectan más ciertas hormonas y encima se prestan menos a ensayos clínicos, por lo que la investigación va más despacio. Ya saben, hagan algo por el género...

Por fin llega la hora de la verdad. Por 300 euros, aunque ayer lo hacían gratis a los periodistas. Una chica muy sonriente me frota con dos bastoncillos la parte interna de la mejilla durante 30 segundos, se nota que no es ella la que se va a enterar si será una futura calva... Me hace firmar un sinfín de papeles que mete con los tubitos de mi saliva en un sobre. La suerte está echada. Serán 21 largos días. Al salir del Colegio de Médicos no puedo pensar en otra cosa...

A la izquierda, José Bono en noviembre de 2006; en el centro, en julio de 2008 y, a la derecha, en septiembre del mismo año tras su injerto de pelo.
A la izquierda, José Bono en noviembre de 2006; en el centro, en julio de 2008 y, a la derecha, en septiembre del mismo año tras su injerto de pelo.ULY MARTIN / M.ESCALERA
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS