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Xuxa, la ‘reina de los bajitos’ que enamoró a Pelé y Ayrton Senna, se reconvierte en el azote de Bolsonaro

La presentadora construyó todo un imperio en los noventa con sus programas infantiles hipercoloridos. En sus memorias reveló que su propia niñez fue mucho más sórdida, ya que sufrió abusos sexuales desde los cuatro años.

Xuxa, en una actuación en Copacabana en 2006.
Xuxa, en una actuación en Copacabana en 2006.Getty (Getty Images)

Blanca, rubia, rica. De entrada, Xuxa Meneghel, a quien nunca le ha hecho falta apellido, parecería la votante bolsonarista ideal, pero no. La semana pasada, poco antes de que Brasil se dirigiera a votar para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, la expresentadora, conocida en su país como “a rainha dos baixinhos” (la reina de los bajitos) colgó en su Instagram, donde tiene 12 millones de seguidores, un vídeo haciendo la L de Lula y pidiendo el voto para el candidato del Partido de los Trabajadores usando la lengua de signos.

Su decisión de colocarse del lado de Luiz Inácio Lula da Silva cuando, según las encuestas, este acariciaba la victoria en primera vuelta, podría parecer oportunista, pero hace ya tiempo que la antigua estrella de la televisión expresa su profundo malestar con el todavía presidente Jair Bolsonaro. El detonante fue la pandemia, el desprecio y el negacionismo con que el mandatario gestionó la crisis sanitaria del coronavirus. Hace un año, cuando Brasil superó los 600.000 muertos y Bolsonaro era vetado de un estadio de fútbol por no haberse vacunado, Xuxa escribió: “Quien no sigue las reglas mundiales es un genocida”. Nada menos. Y añadió una petición: “Si apoya a Bolsonaro, deje de seguirme” en redes. Ya en 2014, la presentadora apoyó a la entonces presidenta Dilma Roussef, también del Partido de los Trabajadores (PT), cuando esta promovió la llamada ley de la bofetada, que prohibía el castigo físico a los niños.

Semirretirada y disfrutando de una fortuna, que en 2019 se cifraba en unos 160 millones de dólares (cifra similar en euros), Xuxa ha cumplido los 59 años convertida en una especie de símbolo nostálgico para varias generaciones de brasileños. Pero también de españoles, argentinos, colombianos, chilenos y uruguayos, que podrían cantar sin mucha dificultad la letra de Ilarie, el hit con el que siempre acababa su famosísimo programa, El show de Xuxa.

Xuxa con Topo Gigio durante un ‘show’ televisivo en España.
Xuxa con Topo Gigio durante un ‘show’ televisivo en España.Getty (Getty Images)

Con una paleta cromática que recuerda a los fotogramas de la nueva película de Barbie (nunca había suficiente fucsia y pistacho en aquellos decorados) y una combinación de actuaciones musicales y pruebas de concurso, el show, la versión en español del xou que ya la había hecho famosa en Brasil, se emitía en 17 países, incluido Estados Unidos, donde tenía un importante seguimiento del público hispano a través de Telefé. En 1992, la cantante grabó otro programa, de diseño muy similar, solo para España, el Xuxa Park. Se rodaba en Barcelona, en un plató gigante que simulaba un parque de atracciones y, a pesar de la huella que ha dejado en la memoria —“quipo gggosa y quipo vegggde»: en aquellos años la naciente televisión privada descubrió las ventajas de tener un presentador carismático con un acento peculiar—, duró solo cuatro meses, pero fue un éxito innegable. Algunas emisiones alcanzaron una cuota de pantalla del 45%. En aquel año, tan cargado de simbología, las tardes de los domingos fueron de Xuxa.

La propia presentadora y empresaria se encargó de reescribir ese relato, que había congelado su imagen como la de una mujer de sonrisa permanente, cuando publicó sus memorias en 2020. El capítulo más duro del libro está dedicado a los abusos que sufrió en su infancia, desde los 4 hasta los 13 años. “Recuerdo una noche que estaba acostada sobre el edredón y respiré un olor a alcohol de alguien que no puedo identificar, una barba que me lastimó la cara y algo que pusieron en la boca. Me desperté diciendo que alguien había orinado en mi boca y mis hermanos dijeron que había soñado. Este fue el primer abuso sexual que sufrí», escribió, detallando lo que ocurrió con un amigo de sus padres. Más adelante, fue otro amigo de la familia y un profesor al que llama “Maestro Monstruo” y quien, según cuenta, se masturbaba cuando la hacía salir a la pizarra.

También cuenta este episodio con un novio de su abuela: «Fui a su apartamento a ver la tele y el futuro abuelo estaba cerca y me acariciaba. Cuando mi abuela se iba a coser, me pedía que me sentara en su regazo. Una vez, dejó un dedo debajo de mí y luego lo olió. Recuerdo su rostro, cerrando los ojos”. A pesar de eso, en el libro evita culpar a sus padres por lo que le sucedió y asegura que su madre defendía “como una leona” a sus cinco hijos.

En el libro, también aborda la relación que la hizo estratosféricamente famosa en Brasil. En 1981, cuando tenía solo 17 años, empezó a salir con Pelé. Él tenía 40. Se conocieron en una sesión de fotos para una revista. La versión que dio el exfutbolista en sus propias memorias fue esta: “Cuando la conocí, ella era virgen y se había peleado con un noviecito. El padre de Xuxa me dio permiso y, entonces, empezamos a salir. A mí no me gustaban las vírgenes, así que le dije que resolviera ese problema con el noviecito. Después de eso, salimos con frecuencia”.

Pelé y Xuxa, en el Festival de Cannes en 1983.
Pelé y Xuxa, en el Festival de Cannes en 1983.Getty (AFP via Getty Images)

Estuvieron seis años juntos, durante los cuales fueron una de las parejas más populares de Brasil y siguen teniendo una relación cordial, a pesar de que Xuxa ha explicado que sufría con las continuas infidelidades de él. El futbolista decía que la suya era una relación abierta, pero, según la presentadora, solo estaba abierta por un lado. En sus propias memorias, Pelé se refiere a ella no como una novia, sino como una “amistad colorida”, la expresión brasileña para un amigo con derecho a roce. No fue el único romance de Xuxa con una figura conocida. A finales de los ochenta, mantuvo una relación también muy fotografiada con el piloto de F1 Ayrton Senna, del que siempre ha dicho que era su “alma gemela”. A pesar de que ya no estaban juntos cuando este falleció en plena carrera en el Gran Premio de San Marino de 1994, los medios brasileños le concedieron el estatus de viuda popular. Dos años después inició una relación con el empresario y galán de telenovelas brasileño Luciano Szafir, con el que tuvo a su única hija, Sasha. Ambos se separaron antes de que naciera la niña, pero han mantenido una buena relación.

Quizá la ruptura más importante en la carrera de Xuxa no fue con ninguna de sus parejas amorosas, sino con su mano derecha en los negocios, la productora Marlene Mattos, que fue con quien construyó su imperio. Ambas se separaron tras un fuerte desencuentro en 2002. Como consecuencia de eso, dejó de emitirse el programa que hacían en ese momento para O Globo, Planeta Xuxa y empezó de alguna manera la etapa menos visible de la carrera de la presentadora. Pasaron 19 años sin hablarse hasta que se reencontraron frente a las cámaras para otro programa de televisión. Durante años, Xuxa dio a entender en varias entrevistas que Mattos manejaba cómo quería su fortuna y su carrera y se había llevado más de lo que le correspondía. En 2018 declaró en la revista Caras: “Nunca supe lo que ganaba ni lo mucho que generaban mis shows. He sido tan inocente que me han robado mucho. He trabajado en Argentina, en Estados Unidos y en España y luego de un tiempo con lo único que me encontré fue con deudas”.

Ayrton Senna y Xuxa ,en Mónaco en 1989.
Ayrton Senna y Xuxa ,en Mónaco en 1989.Getty (Gamma-Rapho via Getty Images)

Para los brasileños más jóvenes, que no vivieron su esplendor televisivo, Xuxa es una señora que sale a veces en los medios —durante la pandemia protagonizó su propia polémica al sugerir que se utilizase a los presos de las cárceles como cobayas para vacunas y medicamentos con el argumento de que al menos así “servirían para algo”— y como un meme. Hay uno muy famoso en el que aparece ella en uno de sus antiguos programas rodeada de niños que la miran embelesados. Hasta que le espeta a una niña con un deje de hartazgo: “Ajá, siéntate ahí, Claudia”. Es la frase comodín con la que en Brasil callas la boca a quien te molesta con una impertinencia. Queda por ver si volverá a implicarse en la campaña presidencial, que celebra su segunda vuelta el 30 de octubre. Su apoyo probablemente no mueva tantos votos como los de otras celebridades que se han metido en la campaña —el futbolista Neymar, pro-Bolsonaro, la cantante Anitta, actual superestrella que ha logrado el éxito crossover en Estados Unidos, con Lula—, pero su nombre, sin apellido, siempre significará algo para quienes crecieron con ella brincando en el televisor.

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