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¿Ha llegado el fin de la era de los cupcakes?

El cierre de Crumbs, la icónica empresa estadounidense, pone de manifiesto la decadencia de una moda gastronómica que comenzó hace más de una década.

cupcakes
Cordon Press

¿Ha estallado la burbuja de los cupcakes? Según Business Insider el cierre de la cadena norteamericana Crumbs Bake Shop, especializada en estos coloridos dulces, podría ser un inicio del fin de una fiebre que ya dura más de una década. La empresa, que tiene 48 tiendas repartidas por 10 estados de Estados Unidos, es conocida especialmente por el tamaño de sus cupcakes, que pueden llegar a costar hasta casi 5 dólares por pieza.

El caso de Crumbs ejemplifica perfectamente cómo ha sido la evolución de la burbuja gastronómica generada alrededor de los famosos pastelitos. La primera tienda de la cadena abrió sus puertas en el año 2003 en el Upper West Side de Manhattan, poco después de que Carrie Bradshaw apareciese comiéndose un cupcake en Sexo en Nueva York (lo mismo podría haber sido un bolso, pero resultó ser una magdalena decorada). Aunque el del personaje televisivo llevaba la firma de Magnolia Bakery, la aparición en la pequeña pantalla fue el pistoletazo de salida para la fiebre de los cupcakes.

Poco a poco empezaron a invadir las redes sociales, los estampados, el menaje del hogar, las fundas para los móviles y casi cualquier objeto que pudiera decorarse. Los cupcakes trascendieron al sector de la pastelería: se convirtieron en el icono de una moda preciosista, en la que la ingenuidad y la dulzura eran los valores dominantes representados a través de colores pastel y vestidos vaporosos. Zooey Deschanel es una de las representantes más conocidas de esta tendencia, aunque en su momento álgido fueron legión.

Cuando Crumbs salió a bolsa, el pico de la tendencia había alcanzado su punto más alto. Fue en 2011 y aunque en un principio parecía buena idea, pronto empezaron a perder dinero. El sector se había saturado y el “pastel” no era lo suficientemente grande para todos. Baked by Melissa, Sprinkles y la mencionada Magnolia supusieron una competencia lo suficientemente fuerte como para debilitar su fortaleza económica y poco a poco fue hundiéndose. El pasado 1 de julio dejó de cotizar en bolsa y días después anunció “el cese de sus operaciones”.

La quiebra de un gran nombre del sector ha disparado las elucubraciones acerca del futuro de los negocios creados en torno a la devoción por los cupcakes. Y todo apunta a que el tiempo acabará dando la razón a aquellos que los etiquetaron de moda y que predijeron su decadencia.

El cupcake nacional no es una magdalena

Los cupcakes llegaron a España poco después de que en Estados Unidos su éxito fuese masivo. Poco a poco las ciudades empezaron a llenarse de tiendas de cupcakes y se popularizaron los cursillos para aprender a hacerlos en casa o los programas de televisión como Cupcake Maniacs de Alma Obregón.

Precisamente Alma, una de las embajadoras del cupcake más conocida en el país (además del programa televisivo tiene un blog con miles de seguidores y varios libros como “Objetivo: cupcake perfecto”) opina que su éxito sigue manteniéndose en España: “Creo que continúa el interés. No sé cuánto tiempo será así pero lo que me parece más significativo es que gracias al auge de los cupcakes ha habido también un renacer de la repostería en general y de la repostería casera en concreto”.

Para Anabel Lope, directora de la feria BCN & Cake, la tendencia llegó en el momento adecuado: “Que mucha gente estuviera sin empleo y viera que es una satisfacción que con poco dinero y con poca experiencia podía hacer unos cupcakes y poder regalarlos o incluso venderlos fue un factor importante. Al final se genera una economía alternativa y mucha ilusión”. Sin embargo, las predicciones sobre el futuro de estos pastelitos en nuestro país van un poco encaminados a lo visto en su país de origen: “Muchas tiendas abrieron con la idea de tener un mercado potencial pero ahora hay demasiadas y se ha colapsado. Acabarán quedando las que mejor trabajen”.

En la pasada edición de BCN & Cake la presencia de reposteros dedicados a los cupcakes no fue masiva: de 150 expositores, 20 estaban especializados en este tipo de pasteles. Según la opinión de Anabel, el sector se está diversificando y el chocolate se perfila como nuevo producto a potenciar: “La gente ha visto que se puede trabajar con chocolate y hacer cosas creativas. En la próxima edición contaremos, por ejemplo, con gente como Oriol Balaguer”. Alma también apunta hacia la apertura de la atención del público por otros productos de repostería: “Creo que siguen reinando los cupcakes, pero es cierto que dulces como los macarons o los cronuts llaman también mucho la atención, lo cual me parece genial, ya que ceñirse a los cupcakes es perderse mil maravillas más”. Queda dulce para rato.

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