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Sabina Urraca: «Todo el tiempo que paso leyendo cosas que me gustan, siento que el libro me está intoxicando»

Para su labor como editora invitada de Caballo de Troya, Sabina Urraca ha elegido seis libros con historias en torno a abusos sexuales, imposibilidad de comunicarse, nuevas masculinidades o familias asfixiantes. Narrativas como puñetazos escritas desde la más absoluta de las libertades.

De izquierda a derecha, Luis Díaz lleva chaqueta y camiseta de UNIQLO; Aida González Rossi, con gabardina de MARINA RINALDI y camiseta de UNIQLO; Sabina Urraca viste camiseta de UNIQLO y chaqueta de LONGCHAMP; María José Hasta, con top de LONGCHAMP y americana de ROBERTO VERINO, y Leticia G. Domínguez lleva top y falda, ambos de KARL LAGERFELD.
De izquierda a derecha, Luis Díaz lleva chaqueta y camiseta de UNIQLO; Aida González Rossi, con gabardina de MARINA RINALDI y camiseta de UNIQLO; Sabina Urraca viste camiseta de UNIQLO y chaqueta de LONGCHAMP; María José Hasta, con top de LONGCHAMP y americana de ROBERTO VERINO, y Leticia G. Domínguez lleva top y falda, ambos de KARL LAGERFELD.Antártica

«Editar es encontrar tesoros. Frotarlos y mejorarlos como si fuesen una pieza de arte con la que te topas por la calle e intentas arreglar para que brille muchísimo, sin estropearla, manteniendo su encanto. Pero apretando un poquito las tuercas para que luzca más”. En esto consiste para Sabina Urraca (San Sebastián, 39 años), editora invitada de Caballo de Troya en 2023-2024, la labor de edición. Una labor que en España ha estado tradicionalmente desdibujada, cuando no directamente ignorada. “En general no hay una conciencia de lo que es el trabajo de editor. Parece que se reduce a publicar una novela que te mandan. Yo me encuentro constantemente con gente que me felicita por cosas como la portada o el diseño del libro. Y no es eso en absoluto. Es una labor de acompañamiento muy cercana que lleva mucho tiempo y trabajo”.

Y ahí se ubica Caballo de Troya: en esta necesidad de darle cierta visibilidad a una figura tan importante como la del editor (recordemos sin ir más lejos a Gordon Lish, editor de Raymond Carver, y parece que verdadero artífice del luego tan imitado estilo Carver). Desde 2015, la editorial —una rara avis en el panorama editorial habida cuenta su carácter independiente dentro del gigante que es Penguin Random House— ha convidado editores como Jonás Trueba o Luna Miguel y alumbrando autores de la talla de Aixa de la Cruz o Elizabeth Duval. En su caso, Sabina se ha tomado al pie de la letra lo de ‘caballo de Troya’ y ha decidido hacer de esta oportunidad, militancia. “Como editora me interesa respetar la oralidad, los localismos, los leísmos, los laísmos, pero no ya de los personajes, sino de las voces narradoras. Claro, los correctores ortotipográficos están totalmente desconcertados…. No soy RAElista. Hay que respetar la voz propia de cada escritor y olvidarnos un poco de la ortografía y del falso lenguaje neutro. Es algo que en la literatura latinoamericana ya se ha hecho. Ellos son más libres que nosotros. Aquí estamos muy atenazados con el lenguaje. Voy contra todos esos racismos entre acentos y regiones que son una especie de fascismo del lenguaje”.

Se publican ahora seis libros (Leche condensada de Aida González Rossi, La puta y el hurón de Martha Luisa Hernández Cadenas, Los bloques naranjas de Luis Díaz, Se te oscurece el pelo de María José Hasta, Siete rostros en el fondo de una guitarra de Manuela Espinal Solano y Papá nos quiere de Leticia G. Domínguez) y el año que viene otros tantos. Libros que no existían, escritoras que no sabían que lo eran, narrativas rebosantes de periferia, textos que hacen trizas cualquier formato establecido, pero, sobre todo, historias que arañan. “Me gusta el arte que me hurga, que me daña, que me sienta mal. Yo me enveneno leyendo. Katherine Mansfield decía: ‘Todo el tiempo que pasé leyendo, sentí que el libro me estaba alimentando’. Yo, todo el tiempo que paso leyendo cosas que me gustan, siento que el libro me está intoxicando. Eso es lo que me interesa. Y estos libros son muy tóxicos. Hay gran cantidad de veneno en ellos. Con veneno me refiero a dolores narrados de forma muy descarnada”.

Para Sabina, esta inmersión en la edición no es nueva. Si bien ya era ampliamente conocida por sus artículos periodísticos cuando publicó su deslumbrante y punzante debut Las niñas prodigio (Fulgencio Pimentel, 2017) al que siguió Soñó con la chica que robaba un caballo (Lengua de Trapo, 2021), su desembarco en la edición fue, aunque deteste la expresión, un verdadero fenómeno. Panza de burro, la novela de la autora canaria Andrea Abreu, publicada en 2020 por la editorial Barrett lleva ya 12 ediciones y más de 30.000 ejemplares vendidos. Sabina puntualiza: “No me gusta mucho esta idea de ‘el gran éxito literario’ y de ‘esta colección va a vender muchísimo’. Me da un poco de terror. Ojalá estos libros se lean mucho, pero me importa más que se entiendan realmente los millones de capas que tienen. No me gustaría que entraran en esa especie de rueda de hámster loca del mundo de la industria literaria”.

Y es que para Sabina la edición tiene un carácter eminentemente personal. “No soy una persona nada práctica. Eso se traduce en que mi vida tampoco lo es y hace posible un proceso de edición muy íntimo. Una verdadera labor de seguimiento y acompañamiento literario y emocional. Para mí es muy importante la relación que se establece con las personas a las que edito y que acaba forjando una especie de amistad”. Como editora, Sabina se sabe “intrusiva hasta donde me dejan” y, sobre todo, una control freak que necesita revisar y estar encima de cada parte del proceso. En este caso, el hecho de que el precioso diseño de la colección lo haya hecho su pareja, Choche Hurtado, ha facilitado no poco esa necesidad de supervisión.

Un involucrarse tantísimo que a veces hace difícil volver a su faceta de escritora: “Llevo bastante mal salirme constantemente de mi libro para entrar en otros. Además siento que soy mejor editora que escritora. Me encanta escribir y nunca voy a dejar de hacerlo, pero no me sé editar a mí misma. ¡Necesito una figura como yo que no sea yo! Encuentro una satisfacción en editar que me compensa, aunque hay momentos en los que siento que la parte editora se come a la parte escritora, que no tengo tiempo para escribir y me preocupo. Lo que sí ha sucedido es que al animar a mis autoras a romper formatos he aprendido mucha libertad a la hora de escribir yo”.

Retrato de Luis Díaz y Leticia G. Domínguez.
Retrato de Luis Díaz y Leticia G. Domínguez.Antártica

Luis Díaz y Leticia G. Domínguez
Dinamitando estructuras

En 2022, Luis Díaz (Alcalá de Henares, 28 años) publicaba el poemario Hombres con un diente de leche, un libro que encandiló a Sabina y que tocaba la que, de momento, es la constante en la obra de este autor: lo dificultoso de las relaciones entre hombres. En Los bloques naranjas, Luis se centra en el opaco universo de las amistades masculinas. Y lo hace con un dominio tal del ritmo interno de su prosa que le permite prescindir de cualquier signo de puntuación a lo largo del texto. Un experimento en el que ha sentido una libertad absoluta. “Ojalá todos los editores fuesen así de atentos. Sabina me ha ayudando a ordenar mis ideas”. También Leticia G. Domínguez (Madrid, 35 años), una física que se gana la vida como programadora “aunque hace 10 años empecé con talleres de escritura” habla de relaciones en Papá nos quiere, su primera novela. Y se atreve con la sacrosanta familia: “La institución que más identidad nos da y que más identidad nos roba. Se habla mucho de la lucha del individuo con la sociedad, pero la familia es una lupa: coge todos los trastornos de la sociedad y te los echa encima”. ¿Y la labor de Sabina? “Mi novela estaba muy terminada, pero deseaba una editora con la que conectase y que hiciese una lectura paralela a la mía. Y así ha sido”.  

Retrato de María José Hasta y Aida González Rossi.
Retrato de María José Hasta y Aida González Rossi.Antártica

Foto: Antártica

María José Hasta y Aida González Rossi
Desde las periferias

María José Hasta (Huesca, 34 años) no había escrito nunca. Hasta que fue a uno de los talleres de escritura de Sabina, que descubrió a una escritora que no sabía que lo era con una mirada única sobre el mundo. Por su parte, María José, licenciada en Bellas Artes, atravesaba una crisis creativa. “Escribir fue dar con el medio idóneo para que mi flujo creativo tuviese un curso natural. Me di cuenta de que podía escribir y que me había apuntado a este taller para desbloquearme”. De hecho, el grueso de los textos que componen los relatos de Se te oscurece el pelo nació ahí. Para la periodista y escritora Aida González Rossi (Tenerife, 27 años) esta era la oportunidad de su vida. “Escribir es mi oficio. Siempre me he movido en el mundo precario de la escritura intentando hacerme un sitio. Una ocasión así hace que todo se sostenga”. Su recién publicada Leche condensada va por la segunda edición. Una historia protagonizada por Aida (“me gustaba la idea de jugar con que la diferencia entre ficción y realidad fuera una tilde”) sobre abusos y no saber decir las cosas empapada de una oralidad salvaje. “La cuestión del lenguaje es muy importante para mí. Sabina lo entendió. El hecho de que se haya criado en Tenerife y tenga una sensibilidad hacia los dialectos es fundamental”. 

Estilismo: Paula Delgado. Maquillaje y peluquería: Cynthia de León (COOL) para Elizabeth Arden y GHD. Asistente de maquillaje y peluquería: David Peláez (COOL) para NARS y GHD. Agradecimientos: Fundación José Ortega y Gasset – Gregorio Marañón, Calle Fortuny 53, Madrid

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