_
_
_
_

Charlotte Le Bon, un rostro con futuro

Modelo, ilustradora y también actriz, Charlotte Le Bon estrena la fábula futurista de ciencia ficción Proyecto Lázaro, de Mateo Gil.

charlotte
Lucía Faraig

Parpadear, abrir los ojos y que allí esté ella: eso es lo que le pasa a Tom Hughes en Proyecto Lázaro; y eso es lo que puede pasarle a la humanidad en los próximos meses con la franco-canadiense Charlotte Le Bon, estrella emergente del cine internacional que, tras la cinta de Mateo Gil, encadenará hasta cinco estrenos más, entre ellos, uno con Idris Elba (Bastille Day) y otro con Christian Bale (The Promise). «Desde abril no ruedo nada, tuve que parar porque estaba realmente agotada», nos cuenta.

Charlotte Le Bon tiene, sin embargo, un extraño sentido de lo que significa descansar: en su página web se acumulan sus ilustraciones de corazones o de yoyós con cuernos, que después imprime y pega en las calles de París o en la prisión de Rikers Island. Este otoño, por fin, inauguró su primera exposición de litografías, titulada One Bedroom Hotel On The Moon (Una habitación de hotel en la Luna). «Soñé que alguien me ofrecía un contrato para montar un hotel en el satélite… Siempre me ha fascinado la cantidad de imágenes que tenemos de la Luna y lo poco que sabemos de ella», reflexiona.

Lo hizo en la Galería Cinéma de París, claro, porque Charlotte tiene ese encanto de las musas de la Nouvelle Vague, como Ana Karina o Jean Seberg, quienes, siendo extranjeras, se convirtieron en la quintaesencia de la sofisticación de la ciudad del Sena. «Me han pasado tantas cosas buenas aquí que se me hace difícil verme en cualquier otro lugar», comenta.

Normal que se la vea tan feliz, por ejemplo, en las imágenes del reciente catálogo de la firma G.Kero, donde tan pronto se sube a un carrusel como le toca el trasero a una de esas estatuas del Jardín de Luxemburgo; parece una adolescente traviesa haciendo novillos del instituto. «Al mundo de la moda, en general, le falta sentido del humor. Es lo que le sobra a Marguerite Bartherotte (la diseñadora) y Alice Moitié (la fotógrafa). Por eso lo hice».

Charlotte sabe de lo que habla, no en vano fue modelo de los 16 a los 24 años. «Nunca me encontré muy a gusto, porque mi peso y mis medidas no eran las que se llevaban en aquella época», nos cuenta. Del sufrimiento la rescataron la televisión (primero) y el cine (después). Aunque con una sorpresa de lo más irónica: «Intentaba huir de mi pasado como modelo, y de repente me ofrecieron interpretar a la maniquí Victoire Doutreleau en la película Yves Saint Laurent (Jalil Lespert, 2014). Era reacia al principio, pero luego comprendí que, en realidad, Victoire fue, como yo, una modelo atípica: era una chica corta de estatura y tenía bastante pecho. Sin embargo, fue capaz de triunfar como musa de YSL. De alguna manera supuso hacer las paces con mi pasado».

Tras El desafío (Robert Zemeckis, 2015), sin embargo, su carrera se ha visto lanzada hacia el Olimpo de Hollywood, a su pesar. «Yo no soy ninguna estrella, ¿eh?», recalca medio en broma y medio en serio. «El trabajo de actriz es muy inestable y efímero, por eso prefiero concentrarme en mi arte».

Dejemos de hablar del presente y hablemos mejor del futuro: si, como en Proyecto Lázaro, usted tuviera la oportunidad de despertar dentro de seis décadas, ¿qué es lo primero que le gustaría ver al abrir los ojos? «La verdad es que no tengo mucha esperanza en el mañana, tal y como está todo hoy en día. Sin duda, lo que más me gustaría es que hubiera una gran cantidad de personas intentando cambiar el mundo».

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_