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¿Un hombre cantando la canción principal de ‘Frozen 2’? Bisbal y el posible fin del sueño feminista de Disney

La historia de amor verdadero entre dos hermanas que protagonizan Elsa y Anna cuenta en su secuela con más protagonismo masculino y un tema central (‘Mucho más allá’) que en España promociona el cantante almeriense.

Fotograma del videoclip 'Mucho más allá', que canta David Bisbal en los créditos de 'Frozen 2'.
Fotograma del videoclip 'Mucho más allá', que canta David Bisbal en los créditos de 'Frozen 2'.Disney

El estreno de Frozen 2 se podrá ver en España a partir del 29 de noviembre. Seis años después de una primera parte que se ganó por votación popular y mediática el título de ‘la película más feminista de Disney hasta la fecha’. En internet ya se puede ver el tráiler, se han destripado algunas escenas y se puede escuchar la banda sonora, incluido el tema que la propia compañía presenta como nuevo himno de la película: Into the Unknow (Mucho más allá). Una canción que dentro del filme canta su protagonista Elsa (en la versión en castellano vuelve a ponerle voz Gisela), pero que en la versión que acompaña a los créditos y con la que estos días Disney hace la promoción, canta David Bisbal –la versión anglosajona corre por cuenta de Panic! at the disco–. Más guitarras aportando el tono épico, incluso testosterónico, y un videoclip con el almeriense interpretándose a sí mismo como protagonista que han resultado chirriantes para parte del fandom, dificultando reconectar con la esencia del himno liberador en que se convirtió Let it go (Suéltalo) y que lleva a plantearse la pregunta: ¿dónde están Elsa y Anna?

Frozen hablaba de amor verdadero entre dos hermanas, que vuelven a acercarse después de un tiempo en el que han sido obligadas a distanciarse y ocultarse la verdad. El apoyo mutuo y el amor fraternal se anteponían en esta historia a los dictámenes del amor romántico, deshaciéndose de la idea imperante en tantos otros cuentos en los que las princesas (y la mujeres en general) necesitan a un hombre que las salve; aquí se salvan la vida la una a la otra. Un planteamiento sin precedentes para Disney que puso en el centro de la conversación en su lanzamiento en 2013, mucho antes del estallido de conciencia feminista que se asentaría con el #MeToo, la necesidad de más historias de protagonistas femeninas y de ampliar las miras de la representación en la industria.

Lo hacía además con el apoyo del público, batiendo el récord de musicales en taquilla y consagrando a Elsa como un icono de la aceptación propia que se libera de miedos e imposiciones para soltarse como ella misma. El listón quedó alto a pesar de que posteriormente se ha demostrado que a esa percepción generalizada de que en Frozen mandaban las chicas bajo sus propios términos, no le acompañaban los datos. Un algoritmo de inteligencia artificial desarrollado en Hollywood que analiza lingüísticamente los guiones para medir la representación de género, colectivos y minorías (el GD-IQ: Spellcheck for bias, traducible como corrector de discriminación), señaló que en la película las protagonistas femeninas tienen un tiempo en pantalla del 51% frente a sus co-protagonistas masculinos, según apuntaban en EL PAÍS Retina.

Esto no frenó las expectativas sobre la posibilidad de que en la segunda entrega de este reino helado, Elsa se erigiera definitivamente como icono LGTBI. La iniciativa en internet #GiveElsaAGirlfriend (#UnaNoviaParaElsa) se ha reactivado varias veces con fuerza a lo largo de estos seis años pidiendo en redes sociales a la primera princesa lesbiana de la historia de Disney. Jennifer Lee, coautora de la película junto a Chris Buck, no se cerró en banda a la idea. Pero aunque precisamente uno de los valores del personaje de Elsa es el hecho de que su historia e identidad no giren en torno a la búsqueda del amor romántico, muchos fans quisieron localizar a su posible amor, rescatando un fotograma del tráiler con una chica castaña que se les antojaba candidata.

Una posibilidad que sus creadores ya han desmentido pero que supondría un incuestionable hito para el colectivo, infrarrepresentado en el cine –un estudio de 900 películas populares estadounidenses realizado entre 2007 y 2016 apuntaba a que el porcentaje de personajes LGTBI con diálogos en estas cintas es del 1,1%-. Y que además tiene que encarar comentarios y actitudes homófobas como las que la diputada de Vox Alicia Rubio -la misma que defiende lo que empodera coser un botón– soltó en 2018 durante una mesa redonda de nombre ‘Ideología de Género y Educación’ en Madrid: «Si Frozen es lesbiana, la niña va a querer el vestidito y va a querer la amiguita», decía atacando con que en la industria del entretenimiento «se están normalizando determinados modelos y comportamientos”.

Frozen 2 no es Frozen, ni parece pretenderlo. Los críticos que ya la han visto afirman que en efecto no hay princesa lesbiana y que Elsa y Anna ya no son las protagonistas absolutas –aunque se mantienen premisas como la del amor romántico lejos de la trama principal y la representación de una masculinidad y de lo femenino desmarcadas de lo canónico–. En la secuela, de personajes “más maduros” y “más oscura” ganan terreno el personaje del novio de Anna, Kristoff, y el muñeco de nieve Olaf. Y se apunta ya a que el segundo gran tema llamado a representar a la película por detrás del Mucho más allá que aquí protagoniza Bisbal, es la balada ochentera en sintonía con las de Roxette que interpreta en solitario el personaje de Kristoff (Lost in the Woods, un tema original de la mítica banda californiana Weezer al que pone voz Jonathan Groff). En una entrevista al actor junto a Josh Gad (la voz anglosajona de Olaf) que rescata Fotogramas, este último bromeaba: “He estado tratando desesperadamente de asegurarme que Jonathan no tuviera una canción porque sabía que pasaría, que se haría con el protagonismo de la película si lo hiciera. Y no voy a mentir, es exactamente mi peor pesadilla hecha realidad”. Una afirmación que parece llevarnos de nuevo -y a superar a la fuerza- la pregunta inicial: ¿pero dónde están Elsa y Anna?

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