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¿Existen de verdad las personas altamente sensibles?

Algunas publicaciones respaldan la existencia del rasgo de la alta sensibilidad pero la ciencia todavía no acepta esta denominación que el público ha acogido con entusiasmo.

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Getty Images / Ilustración: Ana Regina García

Un día, cuando tenía 34 años, Alba quedó para comer con su mejor amiga. Esta llegó muy emocionada con un libro en la mano, le dijo que había descubierto que era altamente sensible y que creía que ella también lo era. Le dejó el libro, El don de la sensibilidad (Ediciones Obelisco), de Elaine Aron, lo leyó y concluyó, sin ninguna duda, que ella también era PAS, siglas de “persona altamente sensible”.

Saber esto fue un antes y un después. “Siempre me he sentido un ser erróneo”, explica Alba, que ahora tiene 42 años, por correo electrónico. “Que no hacía, sentía, pensaba o se comportaba como el resto del mundo. Que era inapropiado. Muchas veces me abrumaba o me agotaba ante situaciones que a otras personas no les afectaban ni lo más mínimo”, relata. El libro describía “punto por punto” lo que le pasaba, algo que fue muy importante porque “todo pasó a tener una explicación y un motivo, pude entenderme y dejar de culparme y castigarme por ser como era”.

El libro que le cambió la vida a Alba se publicó en 1996 y era, supuestamente, el resultado de varios años de investigación de una psicóloga llamada Elaine Aron quien estaba explorando la timidez y la introversión, pero se dio cuenta de un rasgo que compartían muchos de los sujetos a los que entrevistaba: parecían responder de forma más intensa a diferentes estímulos. Esta “sensibilidad de procesamiento sensorial”, como se conoce entre algunas comunidades, pasó a ser el objeto de su interés.

Las personas altamente sensibles, explica Angélica Rodríguez García, del Colegio Oficial de Psicólogos de Asturias (COP Asturias), siguiendo la definición de Elaine Aron que la ciencia no ha aceptado, son personas que “procesan la información recibida de manera intensa y profunda, que dan muchas vueltas a lo que les sucede, que se saturan y se sienten sobreestimuladas cuando tienen que procesar mucha información a la vez, que viven la vida con mucha emocionalidad, que poseen altos niveles de empatía, y que son capaces de sensibilizarse de manera extrema con sutilezas mínimas del entorno que los rodea”.

El libro de Elaine Aron fue y es un superventas. En la actualidad, cualquier búsqueda sobre PAS o alta sensibilidad da como resultado una gran cantidad de webs, cursos y libros de autoayuda. En redes sociales, muchas personas se identifican como PAS y explican su día a día con este rasgo de personalidad —no es una patología— que comparte entre el 20% y el 30% de la población (aunque la sensibilidad es un espectro, no un nosotros contra ellos). Como era de esperar, no todas esas webs y cursos y libros tienen el mismo rigor científico. Como resultado de este bum, las personas que se muestran escépticas con la alta sensibilidad son también muchas.

Sin embargo en 2021, la revista Journal of Research in Personality, publicaba un artículo en el que los autores eran radicalmente críticos con todo el tema de la alta sensibilidad. Si bien concedían que los Aron (Elaine Aron ha publicado investigaciones con su marido, Arthur Aron) habían aportado ideas “interesantes”, concluían también que en realidad la sensibilidad de procesamiento sensorial no se podía considerar un rasgo de personalidad específico. En las conclusiones, indicaban que la popularidad del concepto se podía deber, en primer lugar, a que reinterpretaba de forma positiva ciertos rasgos de personalidad que muchas veces se ven como por deseables socialmente. “En contraste con rasgos como ‘neurótico’ o ‘introvertido’, el término ‘altamente sensible’ parece tener connotaciones positivas. Además, el término implica una ventaja en forma de mejores capacidades sensoriales”, decían.

Otras críticas al bum de la alta sensibilidad —estas ya fuera del ámbito de la literatura científica— apuntan que es muy fácil leer las características de las PAS y sentirse identificado. Lo atribuyen al efecto Forer, ese que hace que nos sintamos identificados con, por ejemplo, las descripciones sobre la personalidad de nuestro signo del zodiaco.

Pese a todo este escepticismo que rodea al mundo PAS, lo cierto es que existen algunos estudios —muchos llevados a cabo por el propio equipo de Elaine Aron— que le dan validez científica al rasgo. La psicóloga Manuela Pérez Chacón, presidenta de la Asociación de Profesionales y Psicólogos de Alta Sensibilidad de España (PAS España), explica que su objetivo es precisamente dotar de rigor científico a la alta sensibilidad. Una de las cosas que han hecho es trasladar y validar para la población española el test para saber si se es PAS, a partir del publicado por los Aron. El test resultante, además de haber sido publicado en la revista Psychology Research and Behavior Management, ha sido incluido en el Banco de Instrumentos y Metodologías de Salud Mental del Instituto de Salud Carlos III.

Como personas que llevan varios años investigando el tema, son muy conscientes de las críticas que todavía hay, fruto también de toda la información que hay desperdigada por la red. Hacen hincapié, por ejemplo, en que desde la publicación del libro de Elaine Aron en 1996 y el primer estudio en 1997, ha habido muchos cambios fruto de las nuevas investigaciones. Como ejemplo, Antonio Chacón (hermano de la presidenta de la asociación y también investigador) habla de que en los primeros textos se hablaba de un “sistema neurosensorial”, pero que cuando empezaron a estudiar el tema y centrar los conceptos para su publicación académica, vieron que en realidad eso no existía, solo el sistema nervioso central.

Pasa lo mismo con expresiones que se pueden ver en muchas páginas o publicaciones en redes sobre lo que es ser PAS, como que son personas con un sistema nervioso “más desarrollado”. Manuela Pérez Chacón explica al respecto que esto muchas veces se debe a que hay mucha información traducida del inglés y no siempre bien. “Yo diría más bien sistema nervioso que procesa la información de una forma diferente, más intensa; no más desarrollado”, aclara.

Con todo el éxito de la alta sensibilidad en redes sociales, hay gente que tiene la sensación de que algunas personas utilizan la etiqueta PAS como forma de excusar ciertos comportamientos. “Una de las cosas que estamos intentando los profesionales que trabajamos con alta sensibilidad es que no te agarres a la etiqueta PAS para justificarte», señala Ana Belén Vidal Ramos, psicóloga especialista en alta sensibilidad y miembro del COP Galicia. «Es una información para ti, para que te entiendas, te respetes y te aceptes. No es una justificación para que el mundo cambie por ti”,

Oihane, de 25 años, también ha pensado mucho sobre lo que significa la alta sensibilidad. A ella le habló de todo esto su psicóloga a los 19 años (no dijo «PAS» porque no le gustan las etiquetas), pero no le dio mayor importancia. Más tarde, explica en una nota de voz, debió de ver algo sobre PAS en redes sociales y lo identificó como lo que le había dicho la terapeuta, pero no buscó más. “Ser PAS no es una enfermedad, no es lo mismo que un trastorno, pero muchas veces la nomenclatura de muchas cosas hace que tú te generes una actuación sugestionada”, explica. “Soy igual que una persona ‘normal’, creo que ese tampoco es el término, con la diferencia que yo irradio más. Es decir, es como si tienes un teléfono móvil en vibración a potencia 1 y yo lo tengo a potencia 10. Ambos móviles vibran, solo que a mí a 10, pero esas emociones siguen estando ahí”, explica.

Inés Aguilar, de la firma de ropa La Casita de Wendy, asegura que también es altamente sensible. Tras leer sobre el tema, se lo comentó a su terapeuta, hicieron el test y vieron que encajaba. Para ella encajarse a sí misma en esa categoría fue liberador. “Cambió mucho mi actitud y en vez de luchar por encajar, me di espacio para cuidarme y cuidar mi sensibilidad”, recuerda por correo electrónico.

Saber si lo eres, supuestamente, es fácil. Cualquier búsqueda rápida en internet lleva a múltiples páginas con descripciones de la alta sensibilidad y, en muchas, se incluirá también un test. Algunos son traducciones del desarrollado originalmente por los Aron (que tiene más de dos décadas y ha quedado algo obsoleto, ya están trabajando en uno nuevo con la nueva ciencia), otros serán creaciones originales de dudosa validez científica y que a veces hasta que cobran para dar a conocer los resultados. En la web de PAS España (.org y no .com, puntualizan; no son los mismos pese a compartir dominio), se puede hacer su test, el único publicado en una revista científica. Sin embargo, Manuela Pérez explica que esta prueba, aunque es un buen primer paso, es solo orientativa. “Después, hay que buscar información rigurosamente científica, que no siempre es fácil”, añade. Y, si se quiere algo más definitivo, acudir a un profesional que haga una valoración más completa.

Si se siente que se tiene algún problema, entonces sí es recomendable ir a consulta. La psicóloga Mercedes Bermejo, miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COP Madrid), señala que la valoración de un profesional es aquí siempre lo más adecuado. “Tiene que ser un psicólogo especializado quien haga ese tipo de evaluaciones”, asegura. Además, hay también que descartar posibles trastornos.

Ser altamente sensible, en definitiva, no es algo ni de por sí malo ni bueno. Ni siquiera es algo que la ciencia avale ahora mismo como existente.

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