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En busca del crecepelo perfecto

¿Al peluquero se le ha ido la mano con la tijera? Fuera agobios: hay distintas soluciones para hacer que el pelo crezca más rápido (y no todas son recomendables).

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¿Tendría éxito un producto que, en un abrir y cerrar de ojos, te dejara un melenón digno de Rapunzel? Probablemente, sí. Y ya existe. El milagro cosmético se llama Fortified Amino Scalp Therapy  (F.A.S.T.) de los laboratorios canadienses Nisim International: un champú y un acondicionador que prometen hasta duplicar el ritmo de crecimiento normal del cabello. ¿Cómo lo hacen? Según el prospecto “alimentando el cabello con nutrientes esenciales, aminoácidos y proteínas que no se encuentran en los champús convencionales”. Entre sus ingredientes hay cistina, inositol y biotina, fundamentalmente. Eso sí, hay que usarlo a diario.

La comunidad científica acoge este advenimiento con cautela, cuando no con abierto rechazo. “La velocidad de crecimiento del cabello viene determinada por los genes. No hay fórmulas mágicas externas para acelerarlo”, explica María Castán, experta científica global de Wella. Apunta que “de media el pelo crece un centímetro al mes, puede que a unos algo más y a otros menos”. Sin embargo, desde Nisim reconocen que “después de usar F.A.S.T. algunas voluntarias llegaron a ver cómo su melena crecía hasta 2,2 centímetros al mes”. Pero, ¿y qué pasa si el producto cae accidentalmente sobre las cejas o rueda suavemente por las mejillas? ¿Puedo amanecer cual mujer barbuda? El fabricante lanza un mensaje tranquilizador: “El producto carece de efectos sobre el vello facial y corporal”.

Aún así, Castán no lo ve claro. “Los genes controlan incluso la longitud del cabello: hay a quienes les puede crecer hasta la cintura mientras a otros no les pasa de los hombros. Así que lo único que se puede hacer es tratar el cabello con productos capilares o mejorar la alimentación. Pero solo tendrá efectos exteriores, crecerá más bonito, sano y fuerte, pero no más rápido”. El doctor Luis Berrocal, director médico del Instituto del Pelo Vila-Rovira, en cambio, le concede el beneficio de la duda. “Aunque afirmar que podemos favorecer el crecimiento del cabello únicamente utilizando un champú rico en aminoácidos es muy categórico y seguramente excede de las propiedades y limitaciones que tiene un champú, no es menos cierto que sí que puede ayudar en algunos aspectos”. Para Berrocal “champús que en su composición incluyen ciertos aminoácidos azufrados, zinc, vitaminas del complejo B y la vitamina C, ayudan a mejorar la calidad del cabello (textura, brillo…) y estimulan su crecimiento. En este sentido cabe destacar la cistina (principal aminoácido de nuestro cabello), la arginina (con efecto vasodilatador como precursor del óxido nítrico que favorece la apertura de los canales de potasio con lo que mejora el riego sanguíneo del folículo piloso) y los azufrados en general (favorecen la síntesis de queratina, que es la proteína que da estructura al cabello, y regulan la actividad del folículo pilo-sebáceo con lo que se reduce la grasa del cabello)”.

Si los científicos no se ponen de acuerdo con el champú crecepelo, frente a los remedios cuasimilagrosos de Internet la unanimidad es total. Una de estas soluciones es disolver píldoras anticonceptivas y aplicar el mejunje sobre el cuero cabelludo. La base científica sobre la que se sustenta es que los estrógenos de la antibaby harán crecer el cabello a toda velocidad contrarrestando cualquier posible injerencia de los andrógenos. ¿Y qué tienen que ver ambas hormonas? Los andrógenos son responsables de muchas alopecias, así que para estos nuevos alquimistas cibernéticos, neutralizar los andrógenos supondrá no solo que no quedarse calvas, sino lucir largos y bellos bucles. “No sirve de nada, porque los folículos pilosos no tienen la capacidad de absorber esas hormonas. El cabello recibe su aporte hormonal a través de los vasos sanguíneos que lo nutren, nunca por vía externa”, apunta la dermatóloga Cristina de Hoyos, de Clínica Ceta.

Pero hay más. La leyenda urbana que, desde tiempos inmemoriales, ha concedido a la cebolla cualidades milagrosas como crecepelo, navega con fuerza por la Red. “Se dice que mezclando una cucharada de jugo de cebolla con otra de miel de abeja se ataja la alopecia. Incluso, que potencia el crecimiento capilar. Ambas teorías, sin fundamento”, sentencia Ana Menéndez, de Instituto Médico Dermatológico. “La cebolla contiene muchos componentes azufrados, pero el cuero cabelludo no es capaz de absorberlos”, advierte Dorian González, especialista en cabello y cirugía capilar de Clínica Planas. “Tampoco es que el cabello vaya a estar más lustroso ya que no logra asimilar esos nutrientes”, apuntala Carlos de Hoyos, director artístico de Tacha. Por no hablar del intenso perfume que queda sobre la cabeza…

Pero hay remedios que más allá de atufar, son una temeridad. Es el caso de la creolina, un producto industrial para lavar perros y desinfectar suelos, y que algunos visionarios relatan como un estupendo acelerador del crecimiento del cabello. “La creolina es un derivado del alquitrán y no está desarrollado para su uso en las personas”, advierte González. Los efectos, en cambio, pueden ser peligrosamente tóxicos. “La piel y el pelo humano tienen una estructura distinta a la de otras especies animales y es extremadamente sensible. Estos ‘inventos’ están provocando un aumento en el número de casos de dermatitis irritativas de contacto, no solo en el cuero cabelludo, sino también en otras zonas de la superficie cutánea”, advierte Hoyos. “Y lo que es peor, muchas personas que lo han usado, han descrito el efecto totalmente contrario: en vez de acelerar el crecimiento ha repercutido en una caída más acelerada”.

Ante tantas locuras por ganar centímetros de pelo a contrarreloj, el peluquero Eduardo Sánchez aconseja pensárselo dos veces antes de meter tijera. “Cuando una mujer me pregunta que cuánto tardará en volver a tener melena, sé que no está preparada para un corte muy radical y prefiero sugerir algo intermedio. Aunque yo crea que le va a quedar bien, si ella lo va a vivir angustiada no merece la pena”.

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