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INVESTIDURA
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

A la conquista de los antiEspaña

Los líderes del PP y de Vox establecen una competición de dureza en sus ataques a Pedro Sánchez que pronostica el duelo en la derecha de esta legislatura

Javier Casqueiro
Pablo Casado, durante su intervención en el debate.
Pablo Casado, durante su intervención en el debate. uly martín

Pudo parecer, por momentos, un debate de otro siglo. Al menos por el origen de ciertas citas literarias, cargadas de significación política. Tan solo en clave nacional, algunos oradores resucitaron menciones del ahora homenajeado Benito Pérez Galdos (del que se celebraba justo este sábado el centenario de su fallecimiento), pero también, varias veces, de Marcelino Menéndez y Pelayo, y con maliciosas intenciones. El retomado tono catastrofista de Pablo Casado en su análisis de la situación del país, en lo desmesurado de sus conclusiones y en el afán tremendista de sus adjetivos, que parecían competir con Santiago Abascal por quién llegaba más lejos en las hipérboles, hizo resonar en las Cortes aquellos antiguos reproches sobre los antiEspaña y los antiespañoles, acuñados a finales del siglo XIX, y de los que se abusó más tarde en la Guerra Civil y durante el franquismo para despachar a todos los que no estaban en comunión con el régimen.

Casado llegó a tildar este sábado al candidato ganador de las últimas elecciones y las anteriores, el socialista Pedro Sánchez, de antipatriota. Y fue una de las invectivas más suaves que le propinó. El líder del PP retrató un panorama apocalíptico de la España actual, casi pregolpista y hasta alertó: “Quiero que los españoles sepan que nos enfrentamos a una operación de derribo constitucional”. Le reprochó haber perdido la dignidad para dirigir el PSOE y la decencia por no parar de mentir sobre sus intenciones en el bestiario de sus pactos de poder. Y en las mismas frases logró enlazar conceptos sobre dictadores bananeros y comunistas bolivarianos o narcodictaduras, cuestionó que fuera el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba el que acabó con ETA y catalogó los ERE de Andalucía como “el caso de mayor latrocinio de Europa”.

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Sánchez le agradeció con sorna esa moderación, pero está claro que tiene otro concepto de España y del patriotismo. Se declaró patriota “de amparar por igual a todos los ciudadanos” y, por lo que manifiesta, su visión de cómo manejar el país es otra: “España tal y cómo es”. No cómo le gustaría. Es decir, cómo la que han votado la mayoría de los electores en hasta cinco comparecencias con las urnas en 2019. Una España que componen hasta el 60% de los diputados acusados por la derecha de antiespañolidad y que están representados ahora mayoritariamente en la Cámara baja, como recordó el cálculo de votos Alberto Garzón. Sánchez le aconsejó ahí a Casado, como si fuera un tratamiento de alcohólicos anónimos, que le vendría bien reconocer ya que lleva cinco procesos electorales perdiendo para empezar a aprender a ganar algún día. Sabe de lo que habla.

Todas esos pronósticos derrotistas del PP, Vox y Ciudadanos sobre el hundimiento de España como la conocíamos y de irresponsables advertencias de golpismo fueron replicadas reiteradamente por Sánchez: “Aquí no se va a romper España, ni la Constitución, solo el bloqueo frente a un gobierno progresista”. Un lema que tiene visos de esculpirse en esta convulsa XIV legislatura que no acaba de arrancar con normalidad. Nada es ya normal en vísperas de la Epifanía. Todo parece anómalo en el Congreso.

Tanto que cuando llegó Abascal, de Vox, pareció más medido que Casado. Y eso que le soltó epítetos de mentiroso, estafador, fraude, villano de cómic, tirano banderas, indigno, testaferro de comunistas y separatistas y profanador de tumbas. Abascal acudió al atril con un libro de Iván Vélez, La Conquista de México, sobre las hazañas de Hernán Cortés, del que se cumplió en 2019 el quinto centenario de su llegada a México. Sánchez no se amilanó y le citó a la cara. Luego no se mordió la lengua. El líder socialista alude todo lo que puede a las derechas conjuntamente. Lo hará más. Entiende que le reporta votos y legitimidad a sus maniobras políticas más complejas destacar que la visión de España de PP, Vox y Cs es “tenebrosa, anticuada, cerrada, perdedora, oscura, insegura y replegada en sí”.

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Sobre la firma

Javier Casqueiro
Es corresponsal político de EL PAÍS, donde lleva más de 30 años especializado en este tipo de información con distintas responsabilidades. Fue corresponsal diplomático, vivió en Washington y Rabat, se encargó del área Nacional en Cuatro y CNN+. Y en la prehistoria trabajó seis años en La Voz de Galicia. Colabora en tertulias de radio y televisión.

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