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Casi una treintena de inmigrantes vuelve a saltar la valla de Melilla

A pesar de los entradas grupo de este verano, las llegadas irregulares a Ceuta y Melilla han caído este año un 16%

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Un grupo de 27 subsaharianos han conseguido saltar la valla de Melilla.

Un grupo de cerca de 60 jóvenes subsaharianos ha intentado saltar la tarde de este jueves la valla de Melilla. Protegidos con guantes para superar las concertinas y ayudados zapatillas con clavos, apenas 26 de ellos han conseguido entrar en territorio español, tres de ellos menores de edad. Uno de los migrantes ha sido trasladado al hospital por los cortes que le han producido las cuchillas que protegen la frontera, mientras que un guardia civil ha sido atendido por los servicios médicos por contusiones que carecen de gravedad, según ha informado la Delegación del Gobierno en la ciudad autónoma. Un furgón de la Policía Nacional ha escoltado al grupo hasta el Centro de Estancia temporal para Inmigrantes de la ciudad (CETI) donde han sido recibidos con aplausos por los residentes. 

Este es el segundo salto en Melilla de este verano. El pasado 19 de julio, cerca de 200 personas intentaron superar la valla aunque solo 50 de ellas lo consiguieron. El grupo se valió de garfios, además de piedras y otros objetos como armas arrojadiza contra los agentes. Este mes de agosto también se produjo un gran salto en Ceuta con la entrada de 153 subsaharianos. Siete de ellos quedaron encaramados a la alambrada y fueron devueltos a Marruecos mediante las polémicas "devoluciones en caliente".

Las entradas irregulares por tierra en las dos ciudades autónoma han caído este año un 16% respecto a 2018. Entre saltos y entradas clandestinas por la frontera, como polizones o escondidos en vehículos, ambas ciudades habían registrado hasta el 12 de septiembre la llegada de 4.008 personas (967 en Ceuta y 3.041 en Melilla). La presión de las fuerzas de seguridad marroquíes está dificultando cada vez más la salida de pateras hacia costas españolas así como los asentamientos de subsaharianos a la espera de saltar las vallas. Testimonios de migrantes que consiguen alcanzar territorio español dan fe de esos nuevos obstáculos lo que les lleva a intentarlo hasta en siete ocasiones. 

Desde el asalto a la valla de Ceuta por parte de 600 subsaharianos en julio del año pasado, la postura del Gobierno socialista, que mantiene las devoluciones en caliente en la frontera, se ha endurecido. Un mes después de aquel episodio, en un nuevo salto protagonizado por 116 migrantes, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, desempolvó un convenio con Marruecos de hace 26 años que permite la expulsión en menos de 10 días de los ciudadanos de terceros países que entraran ilegalmente en España desde el país vecino. En aquella ocasión, el Ministerio del Interior consiguió expulsar a prácticamente a todo el grupo, pero la fórmula ha ido perdiendo la eficacia deseada por Interior en la medida en que los migrantes que saltan la valla y que antes no pedían asilo porque su solicitud les condenaba a esperar una respuesta que tarda meses en las ciudades autónomas ahora sí lo hacen. Procedentes en muchos casos de países con graves conflictos, se declaran solicitantes de protección internacional y obligan a las autoridades españolas a considerar su vulnerabilidad caso por caso.

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