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Pedro Sánchez intenta tranquilizar a los empresarios sobre las subidas de impuestos

El presidente del Ejecutivo evita hablar del proceso independentista en su visita a Sitges

Pedro Sánchez, en la reunión del Círculo de Economía en Sitges.

Hacía muchos años que un presidente del Gobierno no tenía una cita tan cómoda en la reunión anual del Círculo de Empresarios, el gran lobby del mundo empresarial catalán. Cada año, los jefes del Ejecutivo vienen aquí y se enfrentan a preguntas incómodas, sobre todo en los últimos años de Mariano Rajoy. Pero esta vez, Pedro Sánchez desarrolló un largo discurso optimista sobre las enormes posibilidades de España, trató de contagiar a los empresarios su entusiasmo y prácticamente obvió el asunto que había centrado los tres días de reuniones del Círculo: la crisis independentista en Cataluña.

Sánchez no tenía muchas intenciones de hablar del asunto, ni siquiera contestó a la propuesta que había hecho el día anterior en este mismo foro el vicepresidente de la Generalitat y hombre fuerte de ERC, Pere Aragonés, de retomar el diálogo donde lo dejaron, y el presidente del Círculo, Juan José Brugera, no le trasladó ninguna pregunta sobre el asunto, algo totalmente inusual y que era lo más comentado en los corrillos posteriores a su intervención.

Brugera explicó después que él ya había hablado del asunto en su intervención inicial, pero no trasladó preguntas sobre este tema que sí le habían hecho llegar algunos socios. Desde La Moncloa insisten en que ellos no habían pedido que se evitaran estas preguntas. Sánchez esquivó así el monotema y se centró en hablar de la economía del futuro y sobre todo en tratar de tranquilizar a los empresarios que puedan ver con inquietud un Gobierno del PSOE apoyado por Podemos y los cambios en la fiscalidad y en la reforma laboral que eso pueda suponer.

Brugera sí le preguntó expresamente por impuestos, y Sánchez trató de agradar al auditorio, en el que están los representantes de las principales empresas catalanas. Les garantizó que él apuesta por el equilibrio fiscal, y admitió que habrá reformas en la fiscalidad, pero les pidió que no se asustasen. “La fiscalidad verde en España está a niveles ínfimos. Cuando hablamos de apostar por ciencia, educación, luchar contra la desigualada y consolidar las cuentas públicas, la política fiscal tiene que estar al servicio de esos principios”, señaló. “Pero será una política fiscal alineada con el crecimiento económico y con la idea de crecer para redistribuir. Queremos llegar a la estabilidad fiscal y reducir la deuda pública. Nos podemos entender, nosotros necesitamos a los empresarios, van a tener en el Gobierno de España un aliado”, remató, al día siguiente de que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, hablara en este mismo foro de esas reformas fiscales que pide su grupo, pero también en un tono que no inquietó a los empresarios, según varios de los dirigentes consultados.

Sánchez, como había hecho Iglesias el día anterior, también apuntó hacia un cambio de las leyes laborales, algo que también inquieta a algunos empresarios. Pero lo hizo con cautela, sin concreciones, hablando de un Estatuto de los trabajadores del siglo XXI para evitar situaciones como la del trabajador de Glovo atropellado mortalmente en Barcelona y cuya familia se puede quedar sin cobertura porque trabajaba como autónomo.

El presidente del Ejecutivo tampoco desveló ninguna clave sobre los futuros pactos de Gobierno, y se limitó a lanzar un gran llamamiento por la unidad y por superación de “los problemas del siglo XIX tratados con soluciones del siglo XX”, única referencia velada al independentismo.

El presidente está esperando un posible giro de Ciudadanos o del PP para que se abstengan en su investidura, sobre todo para no necesitar la abstención de los independentistas, pero desde el Gobierno trasladan que no habrá avances de ningún tipo hasta que los partidos tomen las decisiones clave sobre el 15 de junio, el día que se constituyen todos los Ayuntamientos.

Este sábado el presidente prefería evitar estos asuntos de la política diaria y concentrarse en una mirada más a largo plazo y una reivindicación de España. “Es un gran país, el mejor del mundo para nacer, con una de las mayores esperanzas de vida del planeta, con un gran sistema sanitario, una sociedad fuerte que se manifiesta contra la privatización de la sanidad o a favor de la igualdad”. Sánchez apeló al espíritu de los pactos de la transición para que su generación política haga un nuevo salto. “Unidos en nuestra diversidad somos más fuertes”, remató en su tono más zen y sin entrar en ninguna de las polémicas que dirigen la agenda mediática.

El presidente prefería concentrarse en la llamada agenda del cambio, un documento que coordinó la ministra de Economía, Nadia Calviño —que le escuchaba en primera fila—, y que pasó desapercibido porque se presentó el mismo día que se rompieron las negociaciones con los independentistas y se estaba fraguando ya el adelanto electoral, en febrero. Ahora lo retoman con fuerza como su guía durante los próximos cuatro años, ya con mucha más fuerza política después de la clara victoria electoral, aunque con 123 escaños de 350 no podrá desarrollar ninguna de esas medidas que desgranó sin grandes acuerdos con otras fuerzas del hemiciclo.

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