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El PSOE se abre a los pactos con Ciudadanos, al que reclama que vete a Vox

Pedro Sánchez reclama a Albert Rivera que el bloqueo de su partido sea a la ultraderecha

Josep Borrell y Pedro Sánchez celebran el resultado de las elecciones.
Josep Borrell y Pedro Sánchez celebran el resultado de las elecciones. REUTERS

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El PSOE consolidó su condición de primera fuerza y su hegemonía en la izquierda a costa de Podemos tres años después de evitar el sorpasso. Lo hizo con un sabor agridulce. Los socialistas repitieron la victoria de las elecciones generales en las europeas, autonómicas y municipales de este domingo y aprovecharon el viento de cola del 28 de abril para mejorar sus resultados en todos los territorios. Sin embargo, el desplome de Podemos y sus variantes locales penaliza la suma de las izquierdas en algunas autonomías y Ayuntamientos. Pedro Sánchez pidió a PP y Cs que no pactasen con la extrema derecha.

Los socialistas afrontaron el superdomingo electoral seguros de incrementar su poder institucional con toda su atención fija en Madrid y Castilla y León, dos comunidades que el PP gobierna desde hace décadas y cuya pérdida sería un desastre para Pablo Casado. El PSOE confiaba en revalidar los cinco gobiernos autonómicos que preside y que se jugaban en estas elecciones con pactos a su izquierda con Podemos e IU o a su derecha con Ciudadanos pese al bloqueo del partido de Albert Rivera a Pedro Sánchez. A pesar del buen resultado, el desastre electoral de Podemos dejó en el aire la continuidad de Ejecutivos autonómicos como el de Javier Lambán en Aragón. O que otro socialista, Luis Tudanca, dé relevo a los gobiernos que el PP encadena en Castilla y León desde 1987. En ambos casos el PSOE dependerá de lo que decida Ciudadanos. Mucho más sencillos resultarán los pactos que permitirán mantener los gobiernos de izquierdas en Asturias y Baleares y que devolverían el poder al PSOE en La Rioja y en Canarias.

La satisfacción de liderar a la socialdemocracia

El triunfo en las elecciones al Parlamento Europeo, en el que no entran en juego las alianzas postelectorales, fue lo más destacable de una noche electoral en la que las expectativas en Madrid, otra vez insatisfechas salvo un giro imprevisto de Ciudadanos, aguaron la noche en Ferraz. La candidatura de Josep Borrell logró 20 eurodiputados, seis más que en 2014.

“Vamos a ser la primera delegación socialdemócrata. Es un orgullo, una oportunidad y la enorme responsabilidad de construir una mayoría progresista, una Europa social en la que vamos a impulsar políticas redistributivas”, subrayó Sánchez. El ministro en funciones de Exteriores resaltó la participación, superior a la de otras ocasiones. “Poco a poco las elecciones son sobre Europa”, celebró.

El temor de convertirse en la primera fuerza como el PP en 2015, cuando las alianzas de izquierdas le hicieron perder numerosos ayuntamientos, cobró anoche toda su dimensión en Ferraz, que se dejó las alcaldías de Córdoba y Granada. La confirmación de que la suma de PP y Ciudadanos con Vox impediría gobiernos progresistas, como el de Manuela Carmena en Madrid, o el de Ángel Gabilondo en la Comunidad llevó a Pedro Sánchez a pedir a Albert Rivera que levantara su bloqueo al PSOE.

“En aquellas administraciones donde el PSOE ha ganado las elecciones y no pueda gobernar será porque el PP y Ciudadanos pactan con la extrema derecha. Es hora de que se levante el cordón sanitario al PSOE, que ha ganado rotundamente las elecciones y apuesta por la estabilidad y la transparencia. Es hora de apartar a la extrema derecha”, afirmó el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE en una comparecencia sin preguntas poco después de la medianoche en la que estuvo acompañado de la vicepresidenta Carmen Calvo; el secretario de Organización y ministro de Fomento José Luis Ábalos; Santos Cerdán, secretario de Coordinación Territorial; Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, vicepresidente segundo de la Mesa del Congreso; y varios ministros encabezados por el candidato europeo, Josep Borrell. “El mensaje de la mayoría de españoles de avanzar, de no involucionar y no sostener la estabilidad de los gobiernos en la extrema derecha es una responsabilidad que le incumbe a PP y Ciudadanos. Es más, no va a ser entendida en Europa por los partidos liberales”, remarcó en alusión al espacio ideológico en el que se sitúa Rivera. El veto de la formación de Rivera a todos aquellos socialistas que no considere "disidentes" de Sánchez dificulta sobremanera los cambios de gobierno en los territorios donde el PSOE necesita cerrar pactos a su derecha.

Los mismos interrogantes que dificultaban los acuerdos postelectorales del PSOE con sus potenciales socios por la izquierda se complicaban aún más en el caso de los ayuntamientos. Tanto en La Moncloa como en Ferraz contemplaban durante la campaña la posibilidad de perder algunas alcaldías, sobre todo en ciudades de entre 50.000 y 200.000 habitantes, donde gobiernan desde la legislatura pasada pese a la paradoja de que habrían mejorado sus resultados. La razón sería que la suma de las fuerzas de izquierda no sería suficiente por la fragmentación del voto progresista, afectado por el desplome de las variantes locales de Podemos. En la dirección del PSOE lamentaban anoche haberse quedado a un edil de recuperar Zaragoza aunque a cambio acababan con el dominio de las mareas en Galicia.

El PSOE obtuvo en 2015 más de 2.800 alcaldías y gobierna en coalición con otros partidos políticos progresistas aproximadamente en otros 400 ayuntamientos de localidades en las que residen 19,5 millones de personas. "Con más ediles podemos poder ciertas alcaldías, pero sería algo anecdótico si revalidamos nuestros Ejecutivos autonómicos y, sobre todo, si la Comunidad de Madrid vuelve a tener un gobierno socialista", sentenciaban este domingo en Ferraz. Pasadas las doce y media de anoche, ese escenario cobró forma.

La decepción en la Comunidad, con gobiernos del PP desde 1995 y que al cierre de esta edición no era posible con el 75% de voto escrutado por la división del voto de izquierdas, resaltó todavía más el mal resultado de Pepu Hernández en la capital. El exseleccionador de baloncesto, una apuesta personalísima de Sánchez, empeoró los registros de Antonio Miguel Carmona en 2015 y obtuvo un edil menos pese al apoyo que tuvo durante toda la campaña.

El consuelo de los extraordinarios resultados en comunidades como Castilla-La Mancha y Extremadura, ambas con mayoría absoluta, no bastó para consolar a los socialistas por la caída en barrena de Podemos y que indirectamente les golpeó de lleno. Las dudas se cernían sobre los líderes territoriales que dependían de Rivera. “Es importante que todos los partidos políticos reflexionen. Tenemos que otorgar un horizonte de estabilidad. Claramente, los españoles han dicho que el PSOE tiene que gobernar”, reiteró Sánchez. Consciente de lo mucho que se juega el partido en el Gobierno, no esperó al recuento final para trasladar toda la presión a Ciudadanos para que el partido vetado sea Vox.

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El gobierno de coalición de Castilla-La Mancha no se repetirá

El Gobierno de coalición entre el PSOE y Podemos en Castilla-La Mancha, la principal comunidad en la que ambos partidos comparten Ejecutivo y modelo, que la dirección de Pablo Iglesias ponía como ejemplo para un Gobierno mixto presidido por Pedro Sánchez, no se repetirá la próxima legislatura.

El vaticinio que los sectores errejonista y anticapitalista hicieron en el verano de 2017, cuando advirtieron de que el presidente autonómico, Emiliano García-Page, les haría el “abrazo del oso” debido a su debilidad —Podemos solo tenía en el Parlamento regional dos diputados, además enfrentados entre sí— se cumplió. Podemos ha pasado a ser extraparlamentario mientras el PSOE ha logrado la mayoría absoluta. El Ejecutivo ha resultado tan efímero que no cumplirá ni dos años.

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