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El PSOE consolida su hegemonía pero la derecha se hace fuerte en Madrid

El PP confirmó su caída pero evitó el 'sorpasso' de Ciudadanos

Isabel Díaz Ayuso, Pablo Casado y José Luis Martínez-Almeida, este domingo. En vídeo, la celebración de Almeida.

Victoria agridulce. El PSOE consolidó este domingo por la noche en las europeas, municipales y autonómicas el dominio de la política española que logró en las generales de abril, pero la izquierda perdió la joya de la corona: el Ayuntamiento de la capital, gobernado hasta ahora por Manuela Carmena. Y por si fuera poco tampoco logró arrebatar a la derecha la Comunidad de Madrid. PP y Ciudadanos, con apoyo de Vox, podrán así hacerse fuertes en Madrid. La división de la izquierda y el mal resultado de Podemos fue clave para este fiasco, lo que debilita mucho la posición negociadora de Pablo Iglesias. El PP confirmó su caída pero evitó el sorpasso de Ciudadanos, que pinchó en el intento de hacerse con el liderazgo de la oposición. Pedro Sánchez pidió a Albert Rivera que levante el veto a pactar con el PSOE.

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Eran las elecciones definitivas, las que, sumadas a las generales de hace un mes, repartían prácticamente todo el poder en España para los próximos cuatro años, en los que no habrá ningún comicio nacional. Y las urnas cambiaron la situación más de lo esperado.

Los comicios consolidaron la hegemonía del PSOE, el gran vencedor de la noche, pero dejaron al PP mejor de lo que entró. No solo porque, por sorpresa, podrá gobernar en Madrid capital y en la Comunidad. Sobre todo porque podrá reclamar el liderazgo de la oposición frente a Ciudadanos (Cs), que ha fracasado con claridad en su intento por hacerse con la cabeza del bloque de la derecha. Pablo Casado aprovecha así la división de la izquierda en Madrid para salvar los muebles y frenar las críticas. La apuesta personal de Casado, Isabel Díaz Ayuso, pese a las críticas que ha recibido durante la campaña, será con toda probabilidad la nueva presidenta de la Comunidad de Madrid.

Casado compareció eufórico. Su resultado en números es malo, pero gobernará Madrid y puede salvar plazas clave como Castilla y León o Murcia. Y desde ahí tratará de reconstruir el partido. Desde Madrid, una plaza con una enorme influencia mediática, podrá reforzar su ofensiva contra Sánchez. “PP solo hay uno, los españoles han decidido votar al original. Nuestros compatriotas han decidido que lideremos la oposición y seamos una alternativa para volver al Gobierno cuanto antes. Somos el gran partido de España. Hay PP para muchas décadas”, clamó Casado en un ambiente muy diferente del de la funesta noche de las generales.

El giro más importante de la noche no se produjo en la cabeza, que es claramente para el PSOE en casi toda España, sino en la cola. Podemos sufrió un varapalo por encima de las expectativas y Pablo Iglesias queda expuesto a las críticas por el fiasco tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad. Y eso debilita claramente su posición a la hora de reclamar la entrada en el Gobierno de Pedro Sánchez, su gran objetivo. Aun así, los 42 escaños de Podemos en el Congreso de los Diputados siguen siendo imprescindibles para la investidura, e Iglesias se aferrará a la idea de que, pese a su mal resultado, sus escaños serán necesarios para gobernar en Baleares, Asturias y La Rioja y pueden serlo en Aragón. Podemos, gran perdedor de la noche por su caída generalizada, superior a la de las generales, tendrá también votos clave en decenas de ayuntamientos.

La derrota de Manuela Carmena en Madrid se agravó por la caída del otro gran referente de los Ayuntamientos del cambio, Ada Colau, que perdió por la mínima en Barcelona frente a ERC. El bloque de la derecha logró la mayoría en otra ciudad simbólica, Zaragoza, mientras la izquierda conservó la primacía en Valencia. Los socialistas mantienen sus plazas clave en las autonómicas —Castilla-La Mancha, Extremadura, Baleares— y aumentan su ventaja en todas ellas. Además, logran un nuevo Gobierno, el de La Rioja, donde tambíén necesitarán a Podemos. Pero no tienen claro aún si gobernarán en Aragón.

Carmena, que tuvo un duro enfrentamiento con Iglesias y vio como el líder de Podemos apoyaba a última hora a Carlos Sánchez Mato, el candidato de IU en la capital, que no obtuvo representación —aunque ni siquiera con todos sus votos se habría evitado que la alcaldía volviera a manos de la derecha—, se resignó a última hora. “Hemos ganado, pero no vamos a poder gobernar. No es el resultado que esperábamos. Pero esta ciudad seguirá siendo progresista, solidaria”, clamó entre miradas desoladas de sus seguidores. Iglesias fue el único de los grandes líderes que no compareció a analizar los resultados.

La batalla personal entre el líder de Podemos e Íñigo Errejón, el que fuera su amigo íntimo y cofundador de esta formación, terminó con victoria clara de este último —20 escaños frente a los 7 de Isabel Serra, la candidata de Iglesias— pero fue una contienda inútil y suicida porque en el camino se perdió Madrid y Errejón se quedará únicamente como líder del segundo partido de la oposición en la Comunidad de Madrid.

Sánchez, consciente de esos datos malos de Podemos, se apresuró a hacer un llamamiento al otro lado de la Cámara, a Ciudadanos, la formación con la que sumaría 180 diputados y tendría con claridad la mayoría absoluta. Ese acuerdo parece inviable en este momento porque Albert Rivera ha prometido por activa y por pasiva que nunca apoyará al PSOE. Pero Sánchez le pidió que aproveche este momento para “romper el cordón sanitario” y acercarse de nuevo al PSOE.

Es un gesto muy evidente, tal vez sin consecuencias reales —Ciudadanos se apresuró a anunciar que gobernará en Madrid con el PP y Vox— pero que marca un giro claro en el discurso de Sánchez y podría abrir una nueva ola de presión sobre Ciudadanos para que se replantee esa decisión de cerrarse a cualquier acuerdo con los socialistas.

Sánchez apeló directamente a Ciudadanos: “El PSOE es de largo la primera fuerza política del país. Los españoles comparten las recetas que estamos planteando desde el Gobierno de España. Donde el PSOE no pueda gobernar será porque la derecha pacta con la ultraderecha. Será una responsabilidad de PP y Ciudadanos. No va a ser entendida en Europa por partidos liberales y conservadores. Apelo a su responsabilidad. Es hora de que se levante el cordón sanitario al PSOE. Debemos aislar a la ultraderecha”, clamó el presidente. Rivera no se dio por aludido, pero la presión arreciará en los próximos días.

El PSOE logró un resultado impensable hace solo un año, cuando aún no se había votado la moción de censura y estaba cuarto en todas las encuestas. Ganó con claridad las elecciones europeas, con un 32%, una cifra superior incluso a la de las generales, y 12 puntos de ventaja sobre el PP (20%) que también aquí mantuvo el segundo puesto sobre Ciudadanos, que se quedó nada menos que a ocho puntos de los populares (12%), un golpe durísimo para la formación de Rivera. Podemos también se desplomó hasta el 10%, muy por debajo del 14,3% que logró en las generales del 28 de abril.

Vox aumenta su poder

En las autonómicas el dominio del PSOE fue clarísimo, aunque no habrá un vuelco de poder significativo si Ciudadanos se mantiene en el bloque de la derecha. Los socialistas lograron ser el primer partido en todas las autonomías que tenían elecciones este domingo menos en Cantabria y Navarra. Esto quiere decir que ganó incluso en plazas emblemáticas de la derecha como Castilla y León y Murcia. Pero eso puede no bastarle para gobernar allí.

Vox tuvo un resultado difícil de analizar. Sus datos son mediocres, perdió la mitad de sus votos sobre las generales en plazas clave y pinchó en las europeas, pero seguirá aumentando su poder si PP y Ciudadanos deciden pactar con ellos como hicieron en Andalucía. La derecha no puede gobernar sin Vox ni en Madrid ni en muchos municipios importantes, lo que dará un poder inédito a la formación de extrema derecha. Mientras, los nacionalistas e independentistas han logrado excelentes resultados en las europeas y en las municipales, otra de las tendencias que se vio en las generales del pasado 28 de abril.

La España que deja el 26-M se parece bastante a la que dejó el 28-A, pero la resistencia de la derecha en Madrid cambió el ambiente de una noche que podría haber sido histórica para la izquierda y no lo fue.

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