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Asalto al último feudo del PP

El PSOE roza por primera vez en 32 años la victoria en Castilla y León, una comunidad marcada por la pérdida de población y el envejecimiento

elecciones autonomicas
La alcaldesa de San Pelayo, Virginia Hernández, en el nuevo parque del pueblo.

“Aquí somos del PP”. Desde su despacho en el Ayuntamiento de Castillejo de Mesleón (Segovia), Ricardo Díez desafía a las encuestas. Este alcalde de 89 años que empezó a mandar con Franco y aspira a una legislatura más no cree que el PSOE vaya a ganar mañana las elecciones autonómicas de Castilla y León. Acostumbrado a recibir periodistas, que buscan la entrevista con el alcalde más longevo de España tras 56 años en el cargo, Díez califica de “bache gordo” la victoria socialista en la región en las pasadas generales, pero le quita hierro. “Tenemos bastantes apoyos. Ganaremos”.

Castilla y León es al PP lo que Andalucía era al PSOE. En la comunidad autónoma más extensa de España, con más de 94.000 kilómetros cuadrados de territorio y nueve provincias, los populares han ostentado el poder durante los últimos 32 años. Con holgadas mayorías populares, el PSOE nunca se había acercado a la victoria tanto como ahora. Tras superar al PP en votos el pasado 28 de abril, los socialistas acarician por primera vez la presidencia en tres décadas. Un asalto al último feudo popular que, de producirse, le obligará a buscar pactos con otros partidos.

A la alcaldía de Castillejo de Mesleón le pasa un poco como a la Junta. La oposición acecha por primera vez al alcalde del PP, que siempre había ganado “por goleada”. El optimismo que tiene para la Junta se ensombrece un poco cuando habla de su pueblo, en el que los 82 habitantes con derecho a voto tendrán que elegir entre cuatro candidaturas, una de ellas la encabezada por la sobrina del actual regidor. “Lo voy a tener difícil”, reconoce con cierta pena. En las últimas cinco décadas, a Ricardo Díez, de 89 años, solo se le pasó por la cabeza un día dejar el cargo. Entonces se le humedecieron los ojos y desechó la idea para siempre.

A 167 kilómetros de Castillejo, en San Pelayo (Valladolid) también eran “del PP de siempre”, dice la alcaldesa Virginia Hernández. Hasta que dejaron de serlo. Fue un día del verano de 2014 en el que Hernández —”la chica de Milagros y Carlos, la nieta de Jacinto y Rosa”— paseaba por las calles de su pueblo y vio a una madre construyendo un arenero para los niños con un cajón de plástico de Ikea, de esos que se meten debajo de la cama. “Ni parque tenemos”, pensó esta joven de 30 años. Y decidió presentarse como alcaldesa por la confluencia de izquierdas de Valladolid, Toma la Palabra. Ganó. Y cuatro años después hay parque.

Pese a las diferencias obvias entre Díez y Hernández, hay algo que une al alcalde eterno del PP con la joven alcaldesa de izquierdas. Una preocupación que teje a la mayoría de los 2.248 municipios de la región, sean del color que sean. El dolor que atraviesa a la comunidad más extensa de España y que se ve en la escuela cerrada desde los años setenta en la plaza del Ayuntamiento de Castillejo y en el parque reluciente de San Pelayo, que pasa el invierno esperando a los veraneantes. De Zamora a Soria y de León a Ávila, aquí lo que faltan son niños.

En más de 230 pueblos ya no hay ninguno. Aunque San Pelayo está a punto de salir de esa lista negra. Este mes de junio, cuando acabe el colegio, la teniente de alcalde se trasladará al pueblo con sus dos hijos y seguirán sumando vecinos a un lugar en el que al inicio de la legislatura había 43 vecinos y hoy son 51. El éxito de un proyecto político que Hernández resume en “dar razones a la gente para que quiera estar en el pueblo”.

Asalto al último feudo del PP

La comunidad más extensa de España tiene actualmente 2,4 millones de habitantes y una densidad de población de 26 personas por kilómetro cuadrado. En los últimos diez años ha perdido más de 150.000 personas y, si nada lo remedia, las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) apuntan a que será la región que más habitantes pierda hasta 2033 (con 207.000 habitantes menos).

El éxodo del mundo rural a las ciudades lleva décadas alertando de un problema que no había entrado en la agenda política de los partidos hasta ahora. De izquierda a derecha, los cuatro candidatos a la Junta de los partidos mayoritarios entrevistados por este periódico reconocieron que la despoblación es el principal problema y el primer objetivo de la región que aspiran a liderar. El escritor Julio Llamazares (Vegamián, León), desconfía de tanto compromiso. “No sé si hay o no voluntad política, lo que sí está claro es que no hay ninguna intención de resolver un problema que afecta a todos, incluso los que no vivimos en la España despoblada”.

De vuelta a Castillejos, el eterno Díez mira por la ventana del Ayuntamiento a dos operarios que arreglan la farola de la plaza y, sin recetas mágicas, resuelve con una sencilla ecuación un problema complejo: “En el pueblo hay siete solteros, si hubiesen encontrado pareja, hoy tendrían niños”. 

Los candidatos

Con las urnas a punto de abrirse, el líder del PP en Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, comparte optimismo —al menos en público— con el alcalde de Castillejo. A comienzos de la campaña aseguraba por teléfono que, a pesar de las encuestas electorales, el ambiente que se percibe sobre el terreno es “distinto”. Mañueco aspira a que el peso de la tradición se imponga a la ola socialista que, según los sondeos, le daría al PSOE la victoria en todas las autonomías salvo en Cantabria y Navarra. El encargado de defender un último feudo popular, que ha permanecido inalterable desde la llegada a la presidencia de la Junta de José María Aznar en 1987, sentencia: “El PP es el partido de la tierra de Castilla y León”.

Las tres décadas de gobiernos del PP encadenando mayorías absolutas tardaron en pasarle factura a los populares castellanos. Pero algo empezó a cambiar tras la última victoria de Juan Vicente Herrera en 2015. Herrera, que presumía de que Castilla y León era un oasis sin corrupción, ha tenido que enfrentar el acecho de varios procesos abiertos en los alrededores de un poder tejido a lo largo de tantos años. Decidido a no presentarse a una quinta legislatura, Mañueco —exalcalde de Salamanca— se hizo con el liderazgo del partido en marzo de 2017. De todas las batallas que se juegan mañana, la de Castilla y León es, junto a Madrid, la que más preocupa en Génova.

El candidato socialista, Luis Tudanca, asume lo difícil que es torcer una inercia tan enraizada: “Hemos tratado en estos cuatro años no solo de que la gente deje de votar al PP, si no que nos vean como una alternativa real de Gobierno”. Gane el que gane, el lunes se abre un nuevo frente. Con victorias por la mínima, PP y PSOE se verán obligados a buscar otros apoyos. La pregunta está en el aire. ¿Con quién pactará Ciudadanos?

El cuarto en la contienda, el candidato de Podemos, Pablo Fernández, está convencido de la derrota del PP pero niega que “el cambio” pase por un acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos. “Hace falta un gobierno progresista”, sostiene.

A la espera de lo que digan los votos, se abre un horizonte complejo para una región muy acostumbrada a las mayorías absolutas y muy poco a los acuerdos. 

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