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Temor a la extrema derecha junto a la playa de Málaga

Los votantes de izquierda apelan al voto útil mientras los populares temen un batacazo en la capital de la Costa del Sol por la irrupción de Vox

En foto: un grupo de ancianos juega al dominó en la playa de Málaga el 28 de abril de 2019. En vídeo: declaraciones de Juanma Moreno, líder del PP en Andalucía. VÍDEO: EFE

Apenas pasadas las nueve de la mañana, Miguel Segovia, de 74 años, y Manolo Bahos, de 71, buscaban la sombra de una palmera para colocar una mesa y cuatro sillas en el paseo marítimo de El Palo, en la zona Este de Málaga. Esta barriada está conformada por pequeñas y estrechas casas que habitan pescadores y familias humildes. Como estos jubilados, cuya pensión “no da para mucho” y que pasan las horas jugando al dominó en la peña o paseando junto a la playa. Hoy hay elecciones, pero apenas hablan de política. Lo tienen claro. “Mi padre estuvo 14 años condenado a muerte hace no tanto tiempo. Da pánico lo que nos puede venir”, asegura Segovia. “Del partido ese ni me hables”, dice Bahos, que no quiere ni nombrar a Vox, mientras otros jubilados se acoplan a su alrededor para seguir la partida. No se sienten representados por los políticos de hoy, pero no quieren ni mirar al ayer. “Yo no votaría a nadie, pero visto lo visto, lo importante es que no lleguen los que nos devolverán al pasado”, añade otro de los contertulios matutinos.

El PSOE ha ganado tradicionalmente a pie de playa en El Palo, pero hacia el interior, conforme las casas se convierten en chalés con piscina, el color cambia al azul. Quizás ahora lo haga al verde. Las elecciones autonómicas de diciembre pasado dieron un toque de atención al Partido Popular. Ciudadanos les superó en la capital por primera vez y Vox obtuvo ya uno de cada 10 votos. El colegio San Estanislao de Koska es un buen ejemplo para visualizar esos datos. Tiene cinco mesas electorales y si en 2015 el PP obtenía un 51% de los votos, en 2018 la cifra bajó al 37%. La diferencia, 14 puntos, es justo lo que obtuvo Vox.

Parte del ascenso se debió a jóvenes que votaban por primera o segunda vez y quisieron cambiar el sistema. Unos se subieron al caballo de Abascal. Otros buscaron otras alternativas. “Es lo que yo hice, pero mi voto no sirvió de nada. Me muevo mucho por redes sociales y he visto que, ante todo, ahora mi voto debe ser útil”, dice Nacho, de 22 años, que acude a votar a la una de la tarde. A esa hora aparecía por el colegio Pablo Montesinos, número uno del PP al Congreso por Málaga, acompañando a su familia a votar (él lo había hecho temprano en Madrid). Sus nervios eran evidentes. Las encuestas dan al partido de Abascal dos diputados en la provincia malagueña y entre dos y tres al PP. El PSOE estaría entre tres y cuatro. Ciudadanos tendría dos y Unidas Podemos uno.

La playa de Málaga, el domingo 28 de abril. ampliar foto
La playa de Málaga, el domingo 28 de abril.

A cinco kilómetros, la barriada de La Malagueta —junto a la playa del mismo nombre— está pintada con ese “azul oscuro casi negro” al que se refirió Pedro Sánchez en el debate de Atresmedia el martes pasado. Aquí no hay casas, solo torres de 15 plantas y pisos que superan los 200 metros cuadrados y un precio de medio millón de euros. Las banderas de España pueblan sus calles y la parroquia de San Gabriel se llena cada domingo.

Siempre ha sido un feudo de derechas: tres de cada cuatro votos tienen esa dirección. Pero el PP está perdiendo terreno. Si en las autonómicas de 2015 solo 20 personas votaron a Vox en el barrio, en 2018 fueron 310. Entre unas y otras, la formación verde arañó 17 puntos porcentuales de votos al PP. “Por eso hay que votar. Nos jugamos nuestro futuro y, sobre todo, el de nuestros hijos”, subrayaba la malagueña Sonia Gómez mientras saludaba a una de las interventoras populares de las cinco mesas electorales ubicadas en el Hospital Noble. A su lado, colas de hasta media hora. Con la papeleta en la mano, familias enteras han esperado en línea mientras sus hijos se subían a los columpios del jardín del edificio bajo la atenta mirada de una pareja de agentes de la Policía Nacional.

Muy cerca, en el centro —también de electorado eminentemente del PP— votaba el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno. Lo hacía acompañado de un séquito de delegados y concejales de su partido. Cuando la mayor parte de la prensa abandonaba el lugar, hablaban en corrillos con una clara preocupación. No era por una posible victoria del PSOE, que daban por segura, sino por una fuerte irrupción de Vox, incluso mayor de lo que se podría esperar y las encuestas anunciaban. “Eso sería un gran batacazo para nosotros”, decía un cargo popular de peso. Hay miedo de que Málaga pueda pasar del azul al verde más pronto que tarde.

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