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Abascal desentierra la “antiEspaña” para descalificar a la izquierda

Vox augura el inicio de una "segunda transición" en su mitin de fin de campaña

Desde la izquierda: Santiago Abascal, José Antonio Ortega Lara, Rocío Monasterio y Javier Ortega Smith, en el mitin de cierre de campaña de Vox en la plaza de Colón de Madrid. En vídeo, así ha sido el acto de cierre de campaña de Vox.

"¡A por ellos, oeeee! ¡A por ellos, oeeeee!" , han coreado los asistentes al mitin de fin de campaña de Vox, rememorando el polémico lema con el que se despidió a los guardias civiles que partían hacia Cataluña para evitar el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017. "Tengo que daros una buena noticia: a la dictadura progre le quedan 48 horas", ha proclamado la candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio.

Setenta y cinco días después de la foto de Colón, en la que los líderes del PP, Pablo Casado, Ciudadanos, Albert Rivera, y Vox, Santiago Abascal, compartieron tribuna (a pesar de que el segundo huía como de la peste del tercero), el partido ultranacionalista ha recuperado este viernes la céntrica plaza madrileña. Varios miles de personas (más de 20.000, según los organizadores) han llenado los Jardines del Descubrimiento, que ocupan la zona central, y las vías laterales, aunque no la totalidad de la plaza.

Vox ha elegido este lugar emblemático para hacer una exhibición de músculo y echar un pulso al presidente del PP, Pablo Casado, que a menos de dos kilómetros reunía a sus fieles en el Wizink Center, el antiguo Palacio de los Deportes.

El responsable de Relaciones Exteriores, Iván Espinosa de los Monteros, ha presumido del éxito de público conseguido en esta campaña por Vox, que ha colgado el papel de completo en numerosos mítines, y se ha burlado del "pánico progre" ante la movilización de sus seguidores.

Una hora antes del comienzo del mitin, tres activistas de Femen, con el torso desnudo, ha irrumpido en el escenario. Dos han sido retenidas por la policía y una tercera ha logrado llegar a la tribuna, con el lema "No es patriotismo, es fascismo", escrito en el pecho, pero ha sido inmediatamente retirada por personal de la organización. A la espera de la llegada de Abascal, el presentador ha ido mencionando uno a uno los nombres de los principales medios de comunicación, provocando los abucheos del público.

El secretario general del partido, Javier Ortega Smith, ha proclamado que el domingo se iniciará "una segunda transición", en la que se producirá una "recuperación auténtica de la soberanía del pueblo español", resucitando así un término que fue utilizado en sus inicios por Podemos.

Sin embargo, quien ha desenterrado un epíteto que no se escuchaba en España desde la Transición ha sido Santiago Abascal. El líder de Vox ha asegurado que en estas elecciones hay que elegir entre "la España viva", que representa su partido, y "la antiEspaña", de la que forman parte el PSOE, Podemos y los independentistas. El término antiEspaña, acuñado por el nacionalismo español más fanático y excluyente, fue utilizado por el bando sublevado contra la II República y por la dictadura franquista contra la oposición democrática, tratando de convertir a sus miembros en parias.

Abascal no ha hecho ninguna alusión a la posibilidad de pactos poselectorales con el PP y Ciudadanos y se ha limitado a señalar que su partido es "el único instrumento capaz de garantizar la unidad nacional y las libertades" y de "espantar" de La Moncloa al Gobierno de Pedro Sánchez, a quien ha tachado de "traidor sin escrúpulos".

El líder de Vox ha acusado a las "feminazis supremacistas" de no defender a las mujeres (su partido quiere derogar la ley de violencia de género) por permitir que salgan de la cárcel los violadores múltiples; a los "profesores progres" de "adoctrinar" a los alumnos con valores morales que no son los de los padres; y a los "burócratas de Bruselas" de fomentar la inmigración masiva y el multiculturalismo. "La libertad y la vida son sagradas, pero también la propiedad privada", ha dicho, tras cargar contra los okupas. El acto ha concluido con el himno nacional, pero también con fuegos artificiales, al estilo americano.

La plaza de Colón es un lugar fetiche para Abascal que, como presidente de la fundación En Defensa de la Nación Española (Denaes), convocó aquí su primera gran concentración en 2012. El 28 de octubre de 2017, al día siguiente de aplicarse el artículo 155 en Cataluña, promovió en esta plaza una concentración para protestar contra la "blandura" del Gobierno de Rajoy. También fue el escenario de las grandes concentraciones contra el Gobierno de Zapatero, por el matrimonio gay (2005) o las conversaciones con ETA (2007). Por eso, Vox la escogió para inaugurar su campaña, el pasado 12 de abril, bajo la estatua de Blas de Lezo (el defensor de Cartagena de Indias frente a la flota inglesa), y para cerrarla este viernes.

Entremedio, Abascal ha recorrido España con mítines multitudinarios: Barcelona (7.000 personas), Leganés (8.500) Córdoba (1.300), Oviedo (2,500), Granada (2.000), Mérida (2.000), Albacete (1.500), Alicante (2.500), Murcia (4.500), Las Rozas (5.000), Sevilla (3.500) o Valencia (6.000) han sido algunos de los hitos de una movilización sin precedentes en la derecha española. Unos atraídos por la novedad y otros contagiados de su fervor nacionalista, decenas de miles de personas han asistido en toda España a los mítines de Vox, mientras los candidatos de los demás partidos limitaban sus actos masivos por temor a las sillas vacías. Incluso en Sevilla (3.500), feudo tradicional del PSOE, o La Coruña (2.000), coto del PP, Vox ha llenado aforos.

Aunque las exigiera junto al PP y Ciudadanos el 10 de febrero en Colón, Vox no quería estas elecciones. Según reconocen sus dirigentes, el plan del partido pasaba por obtener un buen resultado en las elecciones europeas (que les beneficiaban por ser circunscripción única y no pesar tanto el voto útil) para utilizarlas como trampolín de cara a las generales, autonómicas y locales. Esta convocatoria le ha pillado con el pie cambiado. Vox carecía de estructura territorial y cuadros para presentar miles de listas y se ha visto obligado a repetir candidatos (el secretario general, Javier Ortega, es número dos al Congreso por Madrid y número uno al Ayuntamiento) e improvisar actos: el mitin de Abascal en La Coruña se organizó tras conocer su exclusión del debate de Atresmedia.

Pese a quejarse en público, responsables de Vox reconocían en privado que quedarse fuera del debate televisivo les beneficiaba: no solo por la escasa experiencia de Abascal en este formato y su desconocimiento de muchas de las materias a tratar (reconocido por él mismo), sino porque aparece como la alternativa para muchos telespectadores a los que "no les gustó ninguno de los cuatro".

 

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