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A ESMORGA OPINIÓN i

Terapia para olvidar a tu ‘ex’

Ciudadanos corre el riesgo de convertirse en el verdadero partido de los indignados: indignados porque les quitaron la silla

Desde la izquierda: Albert Rivera, Ángel Aguado y Ángel Garrido en el desayuno de Forum Economía, este miércoles.
Desde la izquierda: Albert Rivera, Ángel Aguado y Ángel Garrido en el desayuno de Forum Economía, este miércoles.

Hace unos meses, preparando un artículo sobre la renovación de candidatos del PP en Madrid, apunté de varias personas una frase que me insistieron dejara reflejada en la pieza: el exquisito encaje con que Ángel Garrido, presidente interino de la Comunidad, había asumido que no sería el candidato pese a su ambición de serlo. “Lo aceptó con muchísima elegancia”, contaban. 

La elegancia en política no se entiende salvo como preámbulo de la traición. En general, aceptar con muchísima elegancia las malas noticias es algo despiadado. Prueba de ello es el momento en que Ciudadanos hace público el fichaje de Ángel Garrido: a cuatro días de las elecciones generales y dos horas después de que la candidata a la Comunidad, el puesto que ansiaba Garrido en el PP, dijese en un desayuno con Vanity Fair que Madrid ya no es lo que era porque no se encuentra ni un atasco. Como echar de menos aquellos momentos en el bar en el que un señor te estampaba el humo del pitillo en la cara de tal forma que te dejaba marca. Bien: hay gente que le encuentra belleza a la cosa más inesperada. Defensor de los atascos en la M-30, con el café, la música y la relajación total durante su media hora libre como padre de familia, era David Gistau, pero en lo suyo había un placer casi de flaneur en automóvil, no el fetichismo de “qué orgullo de ciudad”.

Garrido ha elegido, de todas las traiciones, la que peor le deja a él, que atacaba sin piedad a Ciudadanos y defendía hace unos días a Casado como el mejor presidente del Gobierno posible (si lo sigue defendiendo, entonces mis respetos) y peor deja a C's, su nuevo partido, que anda con los aparejos de la pesca de arrastre por las puertas de las sedes corriendo el riesgo de ser el verdadero partido de los indignados: indignados porque les quitaron la silla. Como si la salvamización de Albert Rivera expuesta en los debates tuviera un recorrido estratégico cuyas disposiciones ampliadas recogiesen también la posibilidad de establecer alianzas insospechadas con quien antes te ponía a caer de un burro. Como Gustavo González y María Lapiedra, nunca sabes qué te vas a encontrar en el plató.

Puede presumir Ciudadanos, eso sí, de tener ya un expresidente de la Comunidad de Madrid, saltándose el desgaste del gobierno. Como los ex suelen ser una buena cantera de resentimiento, quizá C's consiga con el tiempo formar listas con tantos que parezca que, bajo su mando, en el imperio nunca se ponía el sol, como esos partidos de fútbol de Amigos de Zidane contra Amigos de Ronaldo.

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