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Los juegos de los perros policía no siempre son divertidos

Dos docenas de brigadas caninas antidroga se reúnen en Granada para perfeccionar su técnica de trabajo

Perros policia
Perros policía y sus agentes responsables durante una concentración en Granada.

Ver a Lola moverse de aquí para allá por la estación de autobuses es muy entretenido. Corre, va, viene y no se está quieta. Y eso es una suerte. Mientras no se detenga, todo va bien para quienes entran y salen del recinto. Si se para a su lado, malo. Dese por fichado. Lleva o hace poco que ha llevado alguna droga y Lola acaba de pillarle. Lola es una pastora alemana de cinco años de la Policía Local de Girona a la que le gusta jugar. Lo que pasa es que su juego es detectar sustancias estupefacientes y es una campeona jugando. Este jueves, Lola ha jugado en la estación de autobuses de Granada y ha marcado a varios viajeros que no la vieron venir. La diversión de Lola es la pena de más de un viandante.

Lola y 30 perros más especializados en detección de sustancias estupefacientes, pertenecientes a 24 brigadas caninas de toda España, han pasado unos días en Granada en unas jornadas de reciclaje y perfeccionamiento. Y sus prácticas han sido reales y con consecuencias. Óscar del Pino, policía municipal de Granada y responsable de su equipo de perros y de las jornadas, cuenta que “las prácticas operativas han dado como resultado una media de 10 actas por sustancias prohibidas”. Los trabajos de los perros en la estación de autobuses de Granada han sido una mina de oro de la detección. Varias docenas de incautos portadores de, mayoritariamente, pequeñas cantidades que no son delito sino falta administrativa no esperaban que ese perro jacarandoso que se les acercaba jugueteando fuera un agente policial con plenos poderes para detener.

Como en toda técnica policial, la detección de estupefacientes a cargo de los perros avanza y se perfecciona. Lo último, explica del Pino, es “el trabajo dinámico”. Eso significa que ya no es el agente quien detiene a alguien y luego confirma con el perro. Ahora el perro detiene y el agente confirma. El animal se deja suelto, como ha pasado con Lola en la estación de autobuses, y va de acá para allá, según su criterio. El agente guía, en este caso Narcís, de la Policía Local de Girona, solo tiene que acercarse y revisar la mochila, bolsillos o donde marque el can. Los perros, explica otro agente participante, son especialmente cuidadosos y apenas tocan a los sospechosos. Y no fallan. Si marcan a alguien es que, si no ahora, en algún momento hubo contacto con la droga.

También Lucas, Odín, Duque o Ala han estado en las jornadas caninas de Granada. Odín viene de Ceuta y en el barrio del Príncipe es bien conocido. A sus ocho años, le ha hecho más de un roto a los narcos locales. En una ocasión, cogió 17 kilos de estupefacientes de una sentada, nunca mejor dicho, porque Odín se sienta elegantemente delante del portador. El equipo de trabajo de Odín lo compone Antonio José Oliva, su guía y policía local de Ceuta, y un equipo de cinco agentes más. Su olfato es portentoso. Este pastor belga malinois distingue cocaína, heroína, hachís, kifi (preparación de cannabis), marihuana, MDMA y anfetas. Odín y Antonio José fueron campeones de España en un concurso en el que había que detectar cuatro sustancias prohibidas en 10 minutos. A los cuatro, Odín ya estaba reclamando su premio porque había terminado la faena. El sentido del olfato de estos perros, explica un agente policial de Arenas de San Pedro (Ávila), es muy especial: “Se dice que hay hasta 74 olores diferentes pero un perro capaz de detectar ocho o 10 ya es excepcional”. Otro policía granadino detalla la habilidad de estos animales gráficamente: “Los humanos somos capaces de oler un puchero, así, en general. Estos perros son capaces de oler la carne, los garbanzos, el jamón y cada ingrediente por separado”.

Frente a la sensación de que los perros policías son cosa de Guardia Civil y Policía Nacional en fronteras o grandes operaciones, la realidad es que las unidades caninas son cada vez más frecuentes y fundamentales en la lucha contra el menudeo de droga. Antonio José Oliva, el agente de policía local a cargo de Odín, explica que la capacidad de trabajar en contextos variados es mayor en los perros de la Policía Local que en la de la Nacional o la Guardia Civil. “Esos están acostumbrados a trabajar en situaciones similares siempre: en una fila de coches, a la salida de un aeropuerto, etcétera. Los nuestros trabajan donde toque cada vez, en situaciones muy variadas”. Odín, que es capaz de detectar una bola de droga del tamaño de un guisante, trabaja en la calle, en la puerta de un colegio o instituto, en parques o a la a salida de la discoteca.

Alfonso Toribio es subinspector y jefe de la unidad canina de Alcobendas. Toribio va acompañado de Duque, también un pastor belga malinois de seis años de vida, cuatro de ellos dedicados a decirle a Toribio qué paseante lleva droga. Las características de un perro policía son, explica el subinspector, “que sean muy sociables y juguetones y, por supuesto, que tengan un gran olfato”. A partir de ahí, un año de entrenamiento y a jugar, es decir, a buscar droga. “No todas las razas sirven para esto”, dice Toribio, que aclara que “la vida de útil [del animal] es, por lo general, hasta los 9 o 10 años aunque algunos prolongan su carrera contra el delito".

Perros de la Armada

La Armada también tiene sus perros policías antiestupefacientes. Lucas es un perro de aguas andaluz con nueve años que se jubila este año. Su hoja de servicios incluye detecciones de 2.000 kilogramos de hachís y 217 de cocaína. Este último es el alijo que encontró en el buque escuela Juan Sebastián Elcano el 30 de julio de 2014 en una operación muy sonada. Pero Lucas tiene una función relevante dentro del Plan de prevención de drogas de la Armada: oler a los marineros para ver que van limpios. También ahí ha cosechado muchos éxitos y quizá será por eso que no todos los marineros que se cruzan con Lucas se acercan a acariciarlo.

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