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Sánchez defiende el diálogo para Cataluña porque la mayoría quiere “pasar página” de la independencia

El presidente pide más apoyo en las elecciones para apostar por soluciones y no más enfrentamiento

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a la canciller alemana Angela Merkel. En vídeo, declaraciones de Sánchez.

Pedro Sánchez sabe que Cataluña será uno de los ejes de la campaña electoral y ya tiene construido su discurso para colocarse entre los independentistas, que apuestan por la ruptura, y la oposición de PP y Ciudadanos, que quiere un 155 permanente. Sánchez aprovechó la rueda de prensa en Bruselas, en la que podría ser su última cumbre antes de las elecciones, para reivindicar ese papel central y sobre todo para plantear que él es el único que plantea una solución y no se centra solo en los problemas. En su opinión, esa es la posición mayoritaria. "Hay una amplia mayoría de ciudadanos que quieren pasar página [del independentismo], quieren hablar de convivencia y soluciones, no centrarse en los problemas. Llevamos 10 años hablando de los problemas", clamó.

El pulso del Govern de Quim Torra, que ha llevado al límite el incumplimiento de la orden de la Junta Electoral Central (JEC) de retirar la simbología independentista del Palau de la Generalitat, pone de manifiesto el predominio de las posiciones más duras del independentismo en plena precampaña electoral, según Sánchez. En su opinión, la polémica por los lazos amarillos vuelve a evidenciar el "problema de convivencia" que existe en Cataluña, que provoca que una mayoría quiera buscar una solución alternativa como la que él propone, con un nuevo Estatuto.

Sánchez, quien participó en la cumbre de jefes de Estado y Gobierno de la UE, reivindicó de nuevo su disposición a hallar "soluciones" dentro de la Constitución y recordó que la moción de censura supuso un "cambio en la conversación" con un "Gobierno que no alimenta la confrontación". En este esquema él estaría en el medio de dos frentes que se retroalimentan y plantean un escenario imposible. "La independencia no se va a producir en Cataluña. Lo sabe la derecha y lo sabe el independentismo", afirmó.

Y apuntó Sánchez que las elecciones generales del próximo 28 de abril son una "oportunidad" para que la "amplia mayoría de catalanes y del conjunto de españoles demos un paso al frente y apostemos por la política y las soluciones". El PSOE tiene unas expectativas muy altas en Cataluña, y esta comunidad, la segunda más poblada del país y por tanto la segunda en escaños a repartir, podría ser clave para un buen resultado de los socialistas. El PSC aspira a lograr los votos de independentistas no convencidos y de los que antes apoyaron a los Comunes, ahora en caída libre, y por eso ha elegido a Meritxell Batet como candidata y ha rechazado la intención de Josep Borrell de ser cabeza de lista por Barcelona.

El presidente del Gobierno criticó que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, no haya preservado la "neutralidad" que deben mantener las instituciones en época de campaña. El desafío de Torra, que ha durado 11 días, ha llevado a la Fiscalía General del Estado a dar instrucciones para interponer una querella al president por desobediencia, que no implica penas de prisión pero sí de inhabilitación para ejercer cargos públicos.

Sánchez fue rotundo: "En época electoral, las resoluciones de la Junta Electoral Central son como las normas en democracia, hay que acatarlas". Sin embargo, no quiso ir más allá y eludió comentar el cruce de querellas —de la Fiscalía a Torra y de este a la JEC, a la que acusa de prevaricar—. El presidente afirmó que no tenía "nada que decir" porque la Fiscalía es "independiente" y asimismo señaló que Torra puede adoptar las opciones que valore dentro de un Estado de Derecho. Sánchez ha mantenido un perfil muy bajo en esta polémica, que no interesa en absoluto para la estrategia del PSOE de ofrecer una imagen moderada en Cataluña.

Usar la política para no enquistar los problemas

Más allá de la polémica, Sánchez insistió en que la mitad de los catalanes no se siente "atraída" por una simbología partidista. Y recuperó la máxima que pronunció en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo, cuando el pasado mes de enero varios eurodiputados le preguntaron por la crisis catalana: el problema no es la independencia, sino la convivencia. "Llevamos 10 años con problemas en Cataluña", recordó Sánchez, quien apuntó que los ciudadanos quieren pasar de pantalla y "centrarse en las soluciones y no los problemas". Y reivindicó su posición de tratar de usar la "política" no para "enquistar" los problemas, sino para "resolverlos".

Pero también tuvo reproches para la derecha. "Entendemos la política como un instrumento para resolver conflictos y no para agravarlos y mucho menos enquistarlos, como desgraciadamente hemos vivido en los últimos años", sostuvo Sánchez en una alusión al anterior Ejecutivo de Mariano Rajoy. Sánchez también culpó a "partidos de distinta índole" de querer "seguir justificando sus propuestas políticas mediante la confrontación". "Nosotros no lo vamos a hacer", remató. Desde Bruselas, Sánchez dejó así muy claro cuál es el discurso con el que intentará recuperar en Cataluña, un espacio que el PSOE tuvo históricamente en las generales, pero perdió hace muchos años a manos de los Comunes y de ERC.

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