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Elogio del burro a los pies de Doñana

Sanlúcar acoge el primer festival internacional dedicado a este animal con muestras de razas y actividades formativas

Un grupo de personas acaricia unos asnos en el Festival Internacional del Burro, en Sanlúcar de Barrameda.
Un grupo de personas acaricia unos asnos en el Festival Internacional del Burro, en Sanlúcar de Barrameda.
Sanlúcar de Barrameda

Aitor Magallanes es tozudo y noble. Le pirra comer y las caricias. Aún no ha alcanzado la madurez, pero presume de no perderse ni un sarao. Pronto, incluso participará en una regata para aprender a ir barco. También “es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos”, parafraseando al célebre Juan Ramón Jiménez. O lo que es lo mismo, Aitor es un burro. Tiene dos años, es la mascota V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo y, como no falta a una desde que nació, ahí está recibiendo caricias a diestro y siniestro en la primera edición del Festival Internacional del Burro Donkeys & Birds que, justo en estos días, se celebra en la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda.

Magallanes no está solo en el recinto de las Carreras de Caballos de la localidad gaditana. A pocos pasos de su cercado, está Mágico, la mascota de la afición del Cádiz C.F.; también Mortadelo, protagonista de una actividad de abrazoterapia. En total, son 20 asnos de cinco especies diferentes y algunos cruces los que están presentes en este singular festival que, desde el pasado miércoles, se organiza desde la caída del sol a la medianoche para evitar que los animales sufran las altas temperaturas del día. Hasta la noche de este sábado, la playa sanluqueña de Las Piletas acoge este encuentro internacional en el que participan siete asociaciones y fundaciones que trabajan con burros, tanto en España como en Suiza o Marruecos.

“El burro lleva 5.000 años con nosotros y si ha sobrevivido es porque se siente bien y querido entre los humanos. Hay que darle uso, sin sobreexplotarlo, porque si no se pierde”, resume el comisario del encuentro, Luis Manuel Díaz Bejarano, como motivación clave de la cita. De ahí que el interés máximo de Díaz y su equipo sea hacer presente al asno en la sociedad actual, especialmente entre los niños, menos conectados hoy en día a la raza. “El burro es un gran nexo con la naturaleza. Tenemos muchas actividades con niños por este motivo. Además, es la representación de la bondad y la nobleza y es un animal al que le gusta el contacto con los humanos”, añade el organizador, también presidente de la asociación El Burrito Feliz.

Una mujer acaricia un burro en el festival.
Una mujer acaricia un burro en el festival.

Esa simbiosis entre humano y asno queda presente en los más de 20 puestos que tiene la muestra, en los que se expone una visión de lo histórico a lo religioso de esta vinculación. Es el caso de la presencia de este animal en pasajes bíblicos de la vida de Jesucristo, expuesta en una serie de paneles. O la historia del pollino Duffy y el joven inglés John Simpson, considerados héroes por el rescate que hicieron durante la batalla de Galípoli, en 1915. “Sanlúcar también es un lugar ideal para mostrar este nexo histórico. El burro se utilizaba en la vendimia para transportar la uva o en las salinas para la sal”, reconoce Díaz.

En el festival también se ha dejado hueco para los nuevos usos que el burro puede tener hoy en día. “El uso de la leche de burra se está recuperando para la cosmética natural. Sus propiedades son conocidas de antiguo. También hay quien los está recuperando para la agricultura”, añade el presidente de la asociación. Pero también hay otras iniciativas novedosas como el trekking con asnos. O las Jornadas en Endor con burritos, una idea de dinamización del medioambiente que desarrolla la asociación de Star Wars Maximilian Veers en el que figurantes vestidos de personajes de la serie con burros de apoyo emplean el entorno de Doñana para transmitir valores de la naturaleza a los niños.

Un burro para ser feliz

Un burro, en el festival.
Un burro, en el festival.

La cita acoge además actividades de asnoterapia, para mostrar sus beneficios psicológicos, especialmente en los más jóvenes, como reconoce el presidente de la entidad: “Esa terapia está extendida en países europeos como Suiza, aunque aquí aún es poco común, tiene que desarrollarse más”. Y Díaz, onubense de 55 años, deja claro que funciona: “A mí el burro me hace feliz. Segrego endorfinas y es algo que puede beneficiar a más gente”.

De hecho, al comisario del festival el amor por el asno le viene desde pequeño. “Me preocupaba que estuviese en situación crítica por haberse dejado de usar. Soy utilitarista y la existencia del burro está ligada a su uso”, reconoce. De ahí le surgió la idea de crear la asociación El Burrito Feliz, que ya cuida o se responsabiliza de la atención de 33 animales. Entre ellos, los que participan de la iniciativa Burros bomberos que se encargan de desbrozar la maleza seca en las pistas forestales de Doñana.

Tras recorrer en años pasados Cuba y los Alpes Suizos acompañado de un asno y de probar con una primera edición del festival más modesta en Sevilla, Díaz ha recalado ahora en Sanlúcar con su encuentro. “La acogida ha sido muy buena así que me encantaría repetir y que crezca más la iniciativa”, explica mientras pasea entre los cercados de los burros. A pocos pasos del organizador, Juanma Galante no pierde de vista a Aitor Magallanes. El salmantino está de vacaciones con su familia en la localidad gaditana y no ha desaprovechado la ocasión de hacer una visita: “Cuando lo hemos visto, nos ha parecido una idea divertida y hemos venido”.

Mientras Galante habla, su hijo Nicolás se deshace en atenciones al asno. Con una mano, le da de comer un buen puñado de paja y con la otra le acaricia en la cabeza. Ilusionado, mira al padre con una amplia sonrisa y sigue con sus mimos. “Me encanta”, reconoce el niño divertido. El burro se deja querer, saca la cabeza por el cercado y reclama más atenciones de otros pequeños. Le viene bien descansar, la mascota del V Centenario tiene una agenda apretada.

“Aitor nació en enero de 2017, el mismo mes de nuestra asociación y desde entonces siempre nos acompaña. Le llevamos a todos los actos sociales”, reconoce Alberto Medel, presidente de la entidad 500 años, I Circunnavegación a Vela y encargados de velar por el asno. Tras el festival que concluye este sábado, este otro Magallanes ya tiene otra cita, como avanza Medel: “Se va a embarcar en una regata a vela para aprender a ir en barco. Los animales se adaptan muy bien a la navegación y con ello queremos tener un guiño a esos viajeros de antaño en los que viajaban animales a bordo”.

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