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Así fue la negociación ‘sprint’ del artículo 155

Todos los detalles del despliegue se cerraron en poco más de 10 días y el peso de la negociación lo llevaron dos personas

Mariano Rajoy con Pedro Sánchez en el complejo de la Moncloa, en julio de 2017.

La negociación del artículo 155 entre el Gobierno y el PSOE fue un sprint. Al margen de conversaciones entre el presidente, Mariano Rajoy, y Pedro Sánchez, la primera reunión donde el 155 empezó a tomar forma fue en la semana del 2 de octubre. El referéndum del día 1 no se iba a celebrar, pero acabó ocurriendo. La Generalitat iba por tanto a seguir con su hoja de ruta. Durante aquella semana hubo al menos una reunión de cinco personas, según fuentes socialistas: la catedrática de Derecho Constitucional y miembro de la Ejecutiva del PSOE Carmen Calvo, los diputados socialistas Meritxell Batet y José Enrique Serrano, que además fue jefe de gabinete de los presidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero y, por parte del PP, el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón, y el asesor del partido Pedro Arriola.

Esos días hubo distintas reuniones. Los participantes no se ponen de acuerdo en el número de citas que hubo. El primer encuentro, estaba destinado a “considerar escenarios y anclajes legales para una respuesta” al referéndum, según una de las fuentes, o a “ver dónde estábamos y reflexionar sobre la situación tremenda sin concretar nada”, según otra. En lo que coinciden tres fuentes es en que no habían empezado las negociaciones sobre los detalles del 155. Al final de aquella semana las deliberaciones descartaron la Ley de Seguridad Nacional, que no permitiría todo lo que iba a ser necesario. También se prescindió del artículo 116 de la Constitución, que regula el Estado de alarma, excepción y sitio. La aplicación de ese artículo implicaría la suspensión de derechos básicos. “Se tantearon todos los terrenos”, dice una de las fuentes. Al final se impuso el artículo 155: era vago y permitía negociar sus límites.

El día 10 de octubre, el presidente Carles Puigdemont hizo su discurso en el Parlament. Aquella noche se reunieron Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Durante el encuentro, Sánchez llamó al primer secretario del PSC, Miquel Iceta, para contarle cómo iba a ser el requerimiento a Puigdemont. Allí quedó claro que la petición legal del Gobierno debía incluir la exigencia de una aclaración sobre si se había declarado o no la independencia.

El Gobierno y el principal partido de la oposición no podían sentarse a esperar la respuesta de la Generalitat. Si el requerimiento salía mal, el desarrollo del 155 debía estar preparado. A partir de ahí, Carmen Calvo y José Luis Ayllón se quedaron solos al mando de las negociaciones. Ninguna fuente consultada sabe con certeza el porqué de la reducción de los equipos, pero la agilidad y la discreción son los dos motivos más citados. Quedaban escasos 10 días para redactar las medidas que iba a incluir el 155 y las deliberaciones no podían alargarse. Empezó entonces el sprint agotador de reuniones, llamadas, emails entre los dos negociadores, punteado por las obligadas consultas internas con sus líderes. En alguna de las últimas reuniones estuvo también la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría.

Una de las primeras exigencias fue definir el final: ¿cómo iba a terminar la aplicación del 155? El PSOE tenía claro que solo había un camino: elecciones y cuanto antes mejor. El PP tenía alguna duda más: la ejecución del 155 depende solo del Gobierno, como ya pasó el 1 de octubre, y tener más plazo daría más opciones. “El 155 será un millón de veces más complicado que el 1 de octubre”, dice una fuente del partido.

Estaba todo por hablar. El PSOE pidió por ejemplo al Gobierno que no hubiera una Administración nueva que sustituyera al president y los consellers y que quedara encargada de aplicar el 155 en Cataluña: “No nos parecía bien un gobierno en paralelo o sustituto. El perfil más eficiente y más bajo era que las competencias las asumieran los ministros”, dice una fuente de Ferraz.

También se calculó el margen que habría para que Puigdemont pueda convocar las elecciones: tiene solo hasta el martes. Si lo hiciera entre miércoles y viernes, los comicios caerían el día de Nochebuena. Después del pleno del Senado del viernes, si todo sigue el guion previsto, ya solo podrá ser el Gobierno quien disuelva el Parlament y convoque elecciones. Aún así, el president de la Generalitat tiene margen hasta el viernes para intentar detener el despliegue del 155 con la convocatoria anticipada de elecciones autonómicas. "A partir de ahí veríamos qué hacer", dicen fuentes de Ferraz. Si Puigdemont no lo evita, el Gobierno no habrá tenido mucho más tiempo para concretar cada paso de la ejecución del 155. Y eso ya no se negocia con ningún partido: depende solo del Ejecutivo.

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