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El modelo vasco como solución

Varios catedráticos coinciden en que la comisión territorial del Congreso puede ser “el campamento base del diálogo”

referendum cataluña
Un hombre con ikurriñas y esteladas, en un acto por el desarme de ETA en Bayona en agosto.

El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, dijo el domingo que el modelo vasco de autogobierno podía servir de referencia para encauzar la crisis catalana. También lo apuntan las encuestas en Cataluña. Expertos constitucionalistas vascos consultados mantienen posiciones antagónicas: desde quienes lo creen posible a quienes lo rechazan y abogan por una reforma del sistema autonómico. Pero coinciden en que la huida hacia adelante del Govern y el inmovilismo del Ejecutivo del PP convergerán en un diálogo tras el 1-O. La anunciada comisión del Congreso puede ser el campamento base. Opinan Juanjo Álvarez, catedrático de Derecho Internacional, muy influyente en Ajuria Enea; Alberto López Basaguren, catedrático de Derecho Constitucional y asesor del PSE, y Gregorio Monreal, exrector de la UPV, catedrático de Historia del Derecho y legislador en la Constitución de 1978.

Álvarez cree que la experiencia vasca puede servir para encauzar la crisis catalana, pese a la diferencia de modelos. “Cataluña y Euskadi solo comparten la alusión como nacionalidades en el artículo 2 de la Constitución. Sus modelos difieren porque la singularidad vasca está reconocida por una disposición adicional de la Constitución, lo que no sucede con Cataluña”. Sin embargo, Álvarez cree que Euskadi puede aportar a Cataluña metodología política. “El modelo de renovación del Estatuto propuesto por el lehendakari puede servir: un acuerdo transversal entre los partidos vascos, con amplio apoyo social, a través de un desarrollo bilateral del autogobierno; pacto en las Cortes y referéndum legal. El proceso catalán superaría la unilateralidad y pondría el contador a cero”, mantiene.

Pero la clave para resolver la crisis es, según el catedrático, el reconocimiento de Cataluña —también de Euskadi— como naciones en España, traducido en una relación bilateral con el Estado. “Habría que ir a un Pacto de La Moncloa bis. No se trata tanto de un debate de competencias como de garantizar su ejercicio. Tampoco de que Cataluña tenga el concierto económico porque, además del riesgo de desequilibrar las cuentas del Estado, podría incurrir en déficit. Es una cuestión de reconocimiento que tendría la virtud de fortalecer al Estado. Iñigo Urkullu lo intentó con Artur Mas para convencer al presidente Rajoy. Pero Mas lo rechazó porque estaba por la unilateralidad. Habría que retomar aquel intento”. La comisión de autogobierno del Congreso puede ser un cauce. Según Álvarez, “rompería el tabú del debate sobre el modelo de Estado. Puede servir de campamento base”.

Gregorio Monreal cree que el modelo vasco podría servir para Cataluña. Pero cree necesario, previamente, hacer pedagogía y que se entienda que el País Vasco está incorporado a España a través del pacto, “singularidad del sistema foral que, con Navarra, es el único que ha sobrevivido a la historia”, afirma. “La Constitución de 1978 lo salvaguardó con su disposición adicional primera, que implicó que el Estatuto recuperara el Concierto Económico y con ello la singularidad vasca”. Monreal opina que, 40 años después, el Estatuto necesita una renovación que reconozca a Euskadi como nación “y refuerce las garantías del cumplimiento estatutario, muy vulnerado en su ejercicio”. Cree que Cataluña necesita una disposición singular como la vasca en una reforma constitucional y desconfía de la comisión de reforma del Congreso: “No creo en soluciones genéricas. El café para todos no ha funcionado”.

Alberto López Basaguren no cree que la solución pase por asumir el modelo vasco sino por una reforma profunda del sistema autonómico. “Lo más fácil es pensar para Cataluña una solución a la vasca. Pero el reto del sistema autonómico es que la profundización del autogobierno en los territorios no lo desequilibre; que por dar una solución a corto plazo para un territorio, hagamos inviable el sistema a largo plazo”, sostiene. El experto no se opone a reconocer singularidades en algunos territorios, pero se muestra “precavido”. “Hay sistemas constitucionales que aceptan singularidades difícilmente digeribles. Pero tienen que saber gestionar esa singularidad. No veo problema en reconocer a Euskadi o Cataluña como naciones culturales sin consecuencias políticas”, dice. López Basaguren es crítico con la gestión que se ha hecho del Concierto Económico, la singularidad vasca sustentada en la disposición adicional primera de la Constitución. “Se ha convertido en una bomba de relojería”, asegura. “A los Gobiernos centrales negociar el Cupo no les presenta un problema cuantitativo porque Euskadi sólo representa el 5% del PIB frente al 20% de Cataluña. Pero genera un problema cualitativo porque las comunidades lo ponen en entredicho. Euskadi puede mantener esa singularidad, pero sin generar privilegios”.

No cree que el modelo vasco sirva como referente para salir de la crisis catalana. Pero cree “indispensable e ineludible” una reforma que “corrija distorsiones de la Constitución que se introdujeron para eludir el modelo federal” como la confusión en el reparto competencial, “origen de las tensiones del sistema autonómico”. López Basaguren considera que el procés ha empeorado por la actuación del Gobierno de Rajoy que ha dejado pasar el tiempo y lo ha ceñido todo al cumplimiento de la legalidad: “Ha engrosado el independentismo con mucha gente que no lo era”. El catedrático considera clave que “una profunda reforma de la Constitución, de orientación federal, tenga eco en ese amplio sector de catalanes que está en el independentismo por ausencia de alternativa política. La solución no es un pacto entre élites partidarias a corto plazo”. Y opina que la comisión del Congreso puede desempeñar ese papel, pero “el Gobierno del PP tiene que comprometerse en serio con la reforma”.

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