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“Sortu tiene aún los deberes por hacer”

"Volver a ver aquellas escenas me resulta insoportable", afirma el alcalde de Ermua

Karlos Totorika, alcalde de Ermua, con una de las fotos de la exposición sobre Miguel Angel Blanco, en la casa de la Cultura del municipio.
Karlos Totorika, alcalde de Ermua, con una de las fotos de la exposición sobre Miguel Angel Blanco, en la casa de la Cultura del municipio.

Carlos Totorika (Ermua, 1956) no va a encender el televisor estos días. “He tragado mucho. Revivir el drama de Miguel Ángel Blanco, volver a ver aquellas escenas, me resulta insoportable”, afirma el alcalde socialista de Ermua que hace 20 años se puso al frente de la resistencia ciudadana frente a ETA. Cuando los terroristas comunicaron que habían capturado al edil del PP y le iban a matar dos días después, “las calles del pueblo se llenaron de gente con una carga de tensión brutal”. “Fue un clamor, una explosión, como una bomba atómica de emociones que había que gestionar”, recuerda quien entonces ya era regidor de la localidad vizcaína.

Totorika mira de frente al busto del edil asesinado por la banda, el rostro que reproduce la figura de un joven que tenía “mucha marcha” y que “en el primer debate sobre ETA en el Ayuntamiento les llamó asesinos con una rotundidad y una frescura completamente atípica”. Repasa aquellos episodios con la misma entereza con que actuó entonces: “Me tocó una responsabilidad muy complicada. Ermua vivía aquellos días un auténtico drama. Yo tenía la sensación de que había muchas probabilidades de que le mataran. Llamamos a todo el mundo y quisimos dar una respuesta activa. No se podía vivir aquello desde el silencio, la pena o la renuncia a plantarles cara”.

El 10 de julio de 1997 el alcalde iba camino de Madrid porque unos días antes se había derrumbado el techo del polideportivo municipal y quería reclamar a la constructora los daños ocasionados. “Recibí la llamada del delegado del Gobierno, Enrique Villar, y me dijo: ‘ETA ha secuestrado a Miguel Ángel Blanco’. Volví a Ermua y ahí empezó todo el dramatismo”. “Había que dar una respuesta firme, movilizarse contra ETA y terminar con el silencio que hasta entonces seguía a cada atentado”. “Hoy podemos decir que ser de Ermua ha sido un orgullo, porque todo ello facilitó que ETA haya sido derrotada”, sentencia.

La corporación que preside volverá a reunirse hoy ante la escultura de Ibarrola que homenajea a las víctimas de ETA. El año pasado acudió una representación de EH Bildu al acto de recuerdo que se celebra anualmente. Solo acudieron su portavoz municipal, Paúl Yarza, y su compañera Mireia Arginzoniz. El primero es de EA y la segunda, de un grupo anticapitalista. No asistió Hiart Redondo, de la izquierda abertzale. “Todos están invitados, no sé si vendrán este año. Ojalá vengan, pero Sortu tiene aún los deberes por hacer. Me parece que ellos no van a cambiar el relato y eso es muy grave. Tienen que ser capaces de desenterrar el odio que han sembrado durante muchos años en la sociedad. Hace unos días ha dicho Kubati [exrecluso de ETA y asesino de Yoyes] que ellos no van a condenar ni a arrepentirse. Pues yo le digo que van a acabar condenando y arrepintiéndose. Lo veremos”.

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