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OPINIÓN

Creámonoslo, hermanas

En casa éramos cuatro hermanos: dos chicas y dos chicos. De aquellos tiempos datan mis primeros berrinches de género

Dia de la Mujer 2017
Protesta este febrero en Montevideo (Uruguay) contra los feminicidios. EFE

En casa éramos cuatro hermanos: dos chicas y dos chicos. De aquellos tiempos datan mis primeros berrinches de género. Mi padre trabajaba fuera, lo que quería decir que era el heteropatriarca, perdón, hombre de la cueva a todos los efectos. Mi madre era ama de casa, lo que quería decir que se deslomaba guisando, fregando y limpiando mocos. Y nosotros, los mocosos propiamente dichos, nos peleábamos a muerte por todo. Sobre todo, por no quitar la mesa. Porque en mi casa los chicos no daban un palo al agua porque eran chicos y porque lo decía mi madre, con la que quien suscribe tenía al respecto unas broncas de campeonato. Luego, bendita sea, crió a mis hijas para que yo pudiera trabajar como un tío hasta el día en que cerró los ojos sin dar un ay más alto que otro.

Desde entonces, en la jungla de la calle, del trabajo y de la casa, he ido sobreviviendo a base de hostias, como tantas. Me he dado cabezazos contra el techo de cemento armado, que no de cristal, que empezaron a agrietar las mayores. He soportado cosas que jamás hubiera tenido que haber soportado intra y extramuros. He dicho que no hasta perder la cuenta. No, a ser jefa. No, a responsabilidades que significaran no atender a la prole. No, que no, ni de coña. Por el heteropatriarcado milenario, por el actual estado de cosas, por todo eso, sí. Pero también por no creérmelo lo suficiente. E igual me he equivocado. Ellos no tienen toda la culpa de todo lo que nos pasa o de lo que deja de pasarnos. Asumamos que algo está en nuestra mano. No toleremos que nos expliquen cosas. Ni que nos las impongan. Ni que nos perdonen la vida, ni nos la den mala, ni nos la quiten, literal o figuradamente. Denunciemos la desigualdad. Redoblemos la guardia. Pero digamos que sí a más retos. Digamos no, que no, ni de coña, en cuanto alguno nos dé una voz más alta que otra. No nos juzguemos las unas a las otras como ellos nos juzgan. Apoyémonos en lo innegociable sin dejar de discrepar en lo accesorio y de reírnos de todo y de todos, las primeras de nosotras mismas. Creámonoslo, hermanas. Y el mundo será nuestro.

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